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La Responsabilidad En el número anterior reflexionamos sobre la libertad humana. Una libertad que no es omnipotencia (el hombre no puede hacer todo lo que quiere) ni arbitrariedad (hacer lo que se quiere sin más). La libertad es ante todo responsabilidad. Libertad y responsabilidad constituyen la esencia de la existencia del ser humano. Responsabilidad es capacidad de responder y desde nuestra espiritualidad esto siempre es posible. ¿Y ante quién es responsable el Hombre?. Al ser-en-el mundo responde en tres niveles: ante sí mismo al hacerse cargo de su historia y de la construcción de la misma. En segundo lugar es responsable ante los demás; y en este nivel su responsabilidad se traduce en compromiso por la humanización de sus vínculos y quehaceres típicamente humanos. En tercer lugar, es responsable ante Dios. Es decir, con su vida responde al Creador. Hace unos pocos días un colega que trabaja en cuidados intensivos me contaba que se encontraba asistiendo a tres jóvenes en situaciones muy similares. Como consecuencia de accidentes automovilísticos los tres se encontraban con altos grados de parálisis. Lo que le llamaba la atención era que ante tres cuadros muy similares las respuestas eran absolutamente distintas. Uno estaba tomado por el rencor: insultaba e intentaba agredir a todos los que se le acercaban. El segundo estaba sumido en una profunda depresión. El tercero sólo pensaba en recuperarse. La diferencia la determinaba la respuesta personal ante el suceso, es decir su capacidad de responder. El ser humano puede elegir qué respuestas se va dando a sí mismo, a los demás y a Dios. Por sus decisiones deberá responder siempre. Podemos conocer a alguien por sus respuestas, por sus actos, por lo que le da al mundo ("por sus frutos los conocerán"). La responsabilidad es esa capacidad de responder libremente ante las preguntas que formula la vida en cada situación y en cada momento. Y es esa capacidad la que nos hace capaces de asumir las consecuencias de nuestras elecciones. Frankl llegó a definir al ser humano como "el ser que siempre decide lo que es". En ocasiones escuchamos quejas y reclamos ante Dios, la vida o el destino. "¿Por qué a mí?". Y esa pregunta no tiene respuesta. Es que el hombre más que preguntar, debe responder. Ante lo que le sucede más que preguntar, debe actuar. "¿Por qué no a mí?", podríamos pensar. La vida, Dios o el destino están esperando una respuesta ante lo que me sucede. Y esa respuesta incondicionada es la que habla de mí. No es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa, lo que nos define como personas. Ps. Leonardo Buero
Mi respuesta responsable: Aquí estoy ¿Cómo podrá la gente recibir la Buena Noticia de la ternura de nuestro Dios si ninguno de nosotros se la anuncia? ¿Y cómo podremos anunciársela si antes no la recibimos y aceptamos como la gran propuesta, que nos compromete y nos libera? ¿Y cómo podrá alguien dar una respuesta sincera si nadie antes supo responder con coraje a la invitación del Maestro?
¿Cómo podrá la gente maravillarse de la extraordinaria bondad del Padre Dios si nadie realiza en su nombre maravillas de amor, de paz, de generosidad?
¿Cómo podrá la gente, cada uno personalmente, reconocer lo que es si antes no es reconocido y amado más allá de todas sus limitaciones?
Las respuestas a estas preguntas pasan por nuestra respuesta, por nuestra responsabilidad ante el otro y ante nosotros mismos. Porque el mismo Maestro nos sugirió la respuesta cuando dijo «Aquí estoy, para hacer tu voluntad».
Aquí estamos, Señor para ser «pescadores» responsables de tanta gente que necesita una respuesta para vivir.
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