VATICANO

El documento sobre la liturgia

Salió el 23 de abril pasado un documento del Vaticano sobre los abusos litúrgicos, tal como fue pedido por el Papa en su última encíclica "Ecclesia de Eucaristia" (n. 52). Se trata de una "instrucción" elaborada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cuyo título es "Redemptionis Sacramentum" (= El sacramento de la Redención).

El documento habla de disposiciones concretas con un lenguaje normativo "sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía". Una de las preocupaciones es no clericalizar a los laicos. Para la celebración de la Eucaristía es indispensable la presidencia de un sacerdote. Nunca la homilía debe ser pronunciada por un laico; ocasionalmente lo puede hacer el conce-lebrante o el diácono. No está permitido que un laico o un religioso proclame el Evangelio en la Misa ni en otros casos, en los cuales no esté explícitamente previsto por las normas. Se acepta como positiva la costumbre de los niños monaguillos; pueden ser admitidas al servicio del altar monaguillas. Está expresamente prohibido como "práctica reprobable" cambiar o variar los textos litúrgicos que se proclaman. Es un abuso hacer que algunas partes de la Plegaria Eucarística sean pronunciadas por el diácono, por un ministro laico, o bien por uno solo o todos los fieles juntos, salvo las aclamaciones previstas del pueblo. No se permite al comulgante tomar por sí mismo la hostia para mojarla en el cáliz.

Éstas son algunas de las normas más llamativas; no pueden introducirse además ritos tomados de otras religiones, ni celebrar la Eucaristía en un templo o lugar sagrado de religiones no cristianas.

Tal como lo afirmó el card. Francis Arinze al presentar el documento, el mismo ha sido precedido por 12 borradores.

La nueva Instrucción ha suscitado perplejidades en muchos ámbitos de la Iglesia por su estilo a veces duro, jurídico y escaso de inspiración conciliar, sin muchas novedades y un rubricismo por momentos agobiante. "Nadie niega los abusos que son reales pero que no deben oscurecer los más numerosos y consistentes logros positivos de la reforma litúrgica del Concilio", escribe el liturgista Silvano Sirboni y recuerda lo que expresa Juan Pablo II en la carta apostólica por los 40 años de "Sacrosantum Concilium" (sobre la Liturgia). Aún relevando los abusos, el Papa hace votos para que se profundice y avance en la misma línea de la reforma litúrgica e invita a aprovechar las riquezas y potencialidades que los nuevos libros litúrgicos encierran. Por su parte, el p. José María Arnaiz sugería que "el necesario llamado a respetar las normas se hiciera con una actitud propositiva.

La vida litúrgica de la Iglesia necesita hoy participación, creatividad, inculturación, un rol más claro de la mujer y que la vida esté presente en las celebraciones.

Hay que ayudar al sacerdote a celebrar en sintonía con los feligreses para que no sea un espectáculo, sino una celebración gozosa, participativa y no un acto de paciencia y escucha pasiva".