El documento
de los obispos uruguayos ante las elecciones nacionales.

Católicos, sociedad, política.

UNA GUÍA PARA REFLEXIONAR

Esta "guía de reflexión quiere inspirar respuestas cristianas en este año electoral". La Fe abarca toda la vida y las actividades del cristiano; no hay "de un lado Dios y del otro los negocios, por un lado la Fe y por el otro la política". Y recordando a san Pablo (1Cor 10,31) podemos afirmar: "ya sea trabajando, o votando, o rezando, lo importante es hacerlo todo por el Señor". Es oportuno "analizar, debatir y rezar en las reuniones periódicas de la comunidad cristiana para descubrir los caminos de Dios (‘venga a nosotros Tu Reino’), aunque en ella participen cristianos pertenecientes a diversos partidos". Los obispos piden a todos "ejercitar activamente la participación ciudadana, que fortalece y da contenido real a la democracia".

LA OPCIÓN POR LOS POBRES

Desde hace años en nuestra América Latina la Iglesia Católica en su conjunto ha hecho una opción prioritaria y preferencial por los pobres, opción que debe orientarnos también en estas elecciones. Por eso los obispos recuerdan el discurso programático de Jesús en Nazaret (Lc 4,18): "El Espíritu del Señor me ha enviado para dar buenas noticias a los pobres, liberar a los oprimidos..." y el canto de María (Lc 1,52-53): "Derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes, colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías".

Según los obispos: "Existe una preferencia y una misteriosa presencia de Jesús en el pobre. Inspirada en las palabras de Jesús: ‘Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’ (Mt 25,40), la Iglesia latinoamericana ha indicado algunos rostros detrás de los cuales se esconde el rostro de Jesús".

LOS ROSTROS DE LOS POBRES HOY

El documento de la Iglesia latinoamericana en Santo Domingo (n. 178) describe los rostros desfigurados de Cristo hoy. A esos rostros los obispos uruguayos añaden "los que encontramos en nuestro camino, los que hacen cola buscando un trabajo, los que en los semáforos limpian parabrisas o hacen piruetas por una moneda, los hambrientos que meten las manos en la basura, los tristes que quieren y no pueden modificar conductas compulsivas o adicciones que los van matando, los niños huérfanos con padres vivos, los que aguantan sentados en la vereda, los rostros endurecidos por la violencia, que cierran las puertas a un futuro mejor. La lista de pobrezas, marginados o excluidos que esperan salvación, en la que tendríamos que incluir nuestro propio rostro, hoy no tiene fin..."

¿POR QUÉ LA IGLESIA INTERVIENE EN POLÍTICA?

Es una pregunta que muchos se hacen "cuando los pastores (obispos y curas) hablan o intervienen en cuestiones sociales, políticas y económicas, como si entraran en un terreno ajeno". Pero, preguntan los obispos: "¿Puede considerarse ‘ajeno’ lo que aflige a personas de carne y hueso, a familias o sectores de la sociedad? ¿Hace política la madre que llora a su pequeño hijo que murió en un centro asistencial por falta de medicamentos?". Y se responden a sí mismos afirmando que "reclamar un derecho, señalar omisiones y colaborar en la medida de sus posibilidades es deber de todo ciudadano honesto (y por lo tanto también de obispos y curas) y es una contribución necesaria a la democracia"; así como también "reclamar una atención digna para los pobres y poner al descubierto la injusta distribución de los recursos del país". Evidentemente corresponderá a los cristianos laicos y a los profesionales de la política traducirlo todo en el plano operativo que les compete.

LA DOCTRINA SOCIAL ES PRIORIDAD PASTORAL

Los obispos, respetando las legítimas opciones partidarias de los fieles, "proponen orientaciones y criterios de juicio" a la luz de la doctrina social de la Iglesia, cuya difusión según Juan Pablo II debe ser "una verdadera prioridad pastoral" (Ecclesia in America, n. 54). A pesar de que algunos quieran relegar la Iglesia a la sacristía, "es su deber exponer los principios cristianos y morales sobre el orden económico y social y sobre toda la realidad humana" cuando está en juego la defensa de la dignidad humana. En este sentido, todo lo que se refiere a la vida en sociedad es "política" (del griego "polis", o sea todo lo que se refiere a la ciudad) e interesa a los pastores de la Iglesia, los cuales sin embargo no entrarán a luchar por un determinado partido político o en la búsqueda y ejercicio del poder, campos reservados a los fieles laicos.

POLITIQUERÍA

Debe haber para los fieles laicos que trabajan en la política partidaria y para todos los que van a votar, unos puntos claros de referencia a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. Porque muchas veces hoy se cae en la "politiquería" que sirve para "ingresar a una red de influencias y de clientelismo de la cual pueden obtenerse ventajas o entrar en un sector privilegiado cercano a las esferas del gobierno... y dar lugar a un manejo poco transparente de la cosa pública". Los obispos afirman que "a lo largo de la historia han habido muchos hombres y mujeres que ejercieron cargos de gobierno y brillaron por sus virtudes; también los hubo en nuestro país". Recuerdan el ejemplo de santo Tomás Moro, patrono de los políticos y gobernantes, que siendo ministro del rey de Inglaterra "afirmó con su vida y con su martirio que el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Trabajar en política puede exigir gestos heroicos a un cristiano para no traicionar la conciencia".

¿ES CONFIABLE LA POLÍTICA?

Los obispos hacen un análisis de la realidad del país, partiendo de los resultados de la encuesta de Factum, que pone de manifiesto que "el parlamento es una de las instituciones con baja o regular estima. La acción política en nuestro país ha perdido centralidad, creatividad y representatividad. Los partidos necesitan renovarse para que la acción política vuelva a situarse en su justo y necesario lugar". Y se preguntan: "¿Es un problema de estructuras o de personas? Según encuestas recientes sólo el 10% de los encuestados manifiesta que hay bastantes políticos confiables, mientras que para el 56% son pocos". A continuación los obispos vuelven a repetir lo dicho muchas veces, o sea que "la Iglesia valora la política (también la partidaria) y su importante lugar en la sociedad. Los fieles laicos de ninguna manera pueden abdicar de la participación en la política, es decir en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover institu-cionalmente el bien común".

LEVADURA EN LA MASA

En el presente documento los obispos presentan algunas "pautas como marco inspirador y criterios acerca de la presencia y acción de los cristianos en la sociedad". La primera pauta es la lealtad que debe el cristiano a Jesucristo y a su Iglesia; ésta es la fuente de nuestro compromiso. "Si no empezamos desde aquí, las opciones políticas e ideológicas podrán tener la coherencia circunstancial de un partido, de una doctrina política, de un programa de gobierno… pero no el espesor ético que se desprende de la fe en Cristo y de la enseñanza social de la Iglesia". Los fieles laicos tienen la vocación específica de ser levadura en la masa, es decir, "dentro del entramado social de la historia cotidiana (trabajo, familia, sindicato, parlamento, comité barrial, etc.) hablando o en silencio o trabajando… pero siempre con los ojos, las manos y el corazón de Cristo", desde una mentalidad impregnada de Evangelio. El cristiano sabrá "denunciar lo que se opone al proyecto de humanización que emana del Evangelio, con la palabra pero sobre todo con la coherencia diaria; es anunciar y promover lo que es anticipo de la nueva humanidad".

JUSTICIA SOCIAL Y DERECHOS HUMANOS

"Existe un conocido dicho de que la democracia es el menos malo de los regímenes políticos conocidos". Pero los obispos enseguida citan una frase del Papa Juan Pablo II: "No hay democracia verdadera y estable sin justicia social. Para eso es necesario que la Iglesia preste mayor atención a la formación de la conciencia, prepare dirigentes sociales para la vida pública en todos los niveles, promueva la educación ética, la observancia de la ley y de los derechos humanos". Sobre este último punto enseñan los obispos que los Derechos Humanos "no son otorgados por nadie, sino que son inherentes a la misma persona humana y a su dignidad; son universales e indivisibles". Además, hay que defender "todos" los derechos; esto no sucede cuando hay una legislación permisiva en materia de aborto, de manipulación genética, de eutanasia… Se habla, por otra parte, de pretendidos (falsos) derechos, por ejemplo, a la libre elección de la orientación sexual, a la libertad de expresión sin limitación alguna. Se limita la libertad religiosa a la esfera privada. Los derechos de la familia son desconocidos y descuidados hasta impugnar la misma noción de familia fundada sobre el matrimonio".

¿CUÁLES FUNDAMENTOS PARA LOS VALORES ÉTICOS?

Frente a este panorama, hablar de ética (o moral) no es simplemente una moda, hoy muy difundida, sino una necesidad. Los obispos constatan como se están difundiendo hoy los "comités de ética", los "códigos de ética" "para reglamentar las normas de conducta en la función pública y también en las instituciones de gestión privada (cuerpo médico, por ejemplo)". Y se preguntan cómo llevar a la práctica estas normas, frenar la corrupción en todos sus niveles y hacer efectivo el control ético en la sociedad. Hablan de fenómenos que están en crecimiento, como "la comercialización y el uso de drogas, la propagación de pornografía infantil a través de internet, el alcoholismo, la escalada de violencia… También ética y política se encuentran a menudo enemistadas.

¿Cómo poner bases sólidas a los valores éticos en una sociedad laicizada? Por otra parte, en nuestro país muchos aprecian la acción solidaria de la Iglesia pero no la aceptan como guía (que ofrece una fundamentación trascendente) en el ámbito ético". Los obispos piensan que hay un debilitamiento de la conciencia individual y por ende colectiva, debido a que los fundamentos éticos son débiles y así se cae a menudo en el subjetivismo o en la instrumentalización de los mismos para fines de poder.

DEBERES DEL ESTADO

Nadie duda, como dicen los obispos, que hay "una renovada conciencia ciudadana. La población exige sus derechos. Se habla de exceso de burocracia, a pesar de los esfuerzos que se vienen haciendo para achicar el estado (lo que no quiere decir desmantelarlo) y hacerlo más eficiente". Es imprescindible por lo tanto "la participación democrática, desde la ‘base’. Aquí está en juego el principio de subsidiariedad. El estado cumple tareas de enorme importancia, como algunos servicios públicos, seguridad, educación, etc., y vela por aquellos que ningún sector privado atiende. También el estado debe vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos en el sector económico, promoviendo reglas que defiendan el derecho al trabajo, etc., sin caer en los defectos del estado bienhechor o asistencial con su exagerada burocracia. El principio de subsidiariedad hará que la junta vecinal o el comité barrial perciban más fácilmente la necesidad de abrir una calle por donde los niños puedan pasar para ir a la escuela en un barrio periférico, que un técnico de la oficina central". Finalmente los obispos, en el marco de una mayor participación ciudadana invitan a los organismos de la Iglesia "a trabajar y colaborar ‘en red’ con las organizaciones comunitarias a favor de los más olvidados (ancianos, enfermos, niños sin familia, drogadictos, hambrientos, desocupados...), inspirados en el amor del Buen Samaritano".

EL PRIMER DERECHO ES EL DERECHO A LA VIDA

Los obispos parten de una afirmación fundamental: "La auténtica y duradera paz social depende del reconocimiento activo de todos los derechos humanos". Y el primer derecho, base de todos los demás, es el derecho a la vida. Por eso el documento se refiere a los legisladores que promueven leyes de despenalización del aborto y así "están transmitiendo un mensaje mortal a la población. Se dice sin palabras que se tiene derecho a eliminar al que se considera molesto e inoportuno. Se aprueba sin palabras la ley del más fuerte; se mata a un feto a quién las leyes y las convenciones internacionales han declarado ‘sujeto de derechos’. Se llama ‘interrupción’ lo que es un brutal atropello contra el más indefenso. Todo esto alimenta la violencia social". La Ley de Dios manda "no matar" y prohíbe por lo tanto el suicidio, el homicidio, el aborto, la eutanasia y también las guerras, la pena de muerte, etc.. Pero también -recuerdan los obispos- para los que no comparten nuestra fundamentación en la ley natural y en la Ley de Dios, hay que defender la vida desde su concepción a raíz del Pacto de San José de Costa Rica ratificado por nuestro país el 8 de marzo de 1985".

TOLERANCIA Y PLURALISMO

"El cristiano hoy encuentra en su trabajo al ateo, al budista, pentecostal, mormón, umbandista, etc..

Las situaciones de cercanía con lo diferente se hacen cada vez más frecuentes; así ocurre en el conjunto de la sociedad. ¿Cómo deben portarse los católicos que actúan en política y se encuentran con frecuencia ante complejas situaciones éticas como los proyectos de ley a favor de la despenalización del aborto, los proyectos de legalización de uniones homosexuales, etc.? El cristiano tiene un deber de coherencia con su fe y de estudio de estas pautas de reflexión con las que la Iglesia no quiere ejercer un poder político, ni entrometerse en lo que no le corresponde ni eliminar la libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes". El criterio, por lo tanto, debe ser "vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia" iluminada por la luz de la fe; y en un clima de tolerancia y pluralismo democrático medirse con los que piensan distinto "a través de experiencias dialogales de encuentro y mediante una positiva confrontación sin atropellar a nadie".

FORTALECER LA FAMILIA

El primero de los temas esenciales y más urgentes para nuestro país es la familia. Los obispos empiezan recordando el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948): "La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del estado". Y al mismo tiempo denuncian "la desviación del sentido de la palabra ‘familia’ promovida por la misma ONU que desde la conferencia de Pekín (1995) se las ingenia para designar con ese término todo tipo de uniones consensuales: homosexuales, lesbianas, familias ‘recompuestas’, familias ‘monoparentales’ masculina o femenina". Los obispos explican después que para los cristianos la familia "es una comunidad de amor y de vida fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, abierta a la vida". El matrimonio a su vez es un pacto de amor y de recíproca pertenencia por siempre, libremente asumido y declarado públicamente, que para los cristianos se convierte en sacramento, signo del Amor de Dios".

LA REALIDAD DE LA FAMILIA

"Los uruguayos se casan menos que antes, optando por las uniones de hecho, sin proyecto de largo aliento que incluya los hijos, su educación e inserción social. Es altísimo el porcentaje de divorcios. La desestabilización familiar hace aumentar la violencia doméstica con sus secuelas de divorcios, huidas del hogar y desamparo de los hijos. Lo volvemos a decir: una sociedad que descuida la familia es una sociedad enferma que se desangra lentamente". Por otra parte, la baja demografía y la posible legalización del aborto no ayudan a la vida. "Optar por la vida -siguen los obispos- comporta el rechazo de toda forma de violencia (no sólo doméstica): la violencia de la pobreza y del hambre, la de los conflictos armados, la de la difusión criminal de las drogas, la de los daños insensatos al ambiente natural". En cuanto a la familia, "el estado se esfuerza por atender y elevar el bienestar de los individuos, pero no siempre el de las familias… No podemos hablar de la existencia de políticas públicas pensadas en función de las familias, salvo el caso de las asignaciones familiares que no están llegando a muchos sectores de menores recursos; menos aún contamos con políticas de estado con continuidad más allá de un período de gobierno y sin depender del partido mayoritario".

LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN

Antes que nada se constata que "educar hoy es tarea ardua. Los jóvenes muchas veces carecen de constancia y espíritu de sacrificio y no encuentran, comenzando por el propio hogar, modelos válidos y estables a los cuales referirse". Flaquean además los genuinos educadores y padres. Pero es sobre todo en la educación pública donde los obispos notan escasa calidad en la educación. "Se olvida que la educación presupone e implica siempre una determinada concepción de la persona y de la vida. A la pretendida neutralidad o laicidad de la enseñanza que ofrece el estado uruguayo, corresponde por lo general la represión o exclusión de toda referencia religiosa".

Estamos condenados a la ignorancia religiosa obligatoria en un mundo donde el factor religioso es cada vez más importante. "La verdadera cultura comprende la formación moral, la educación para las virtudes individuales y cívicas. El Papa mismo enseña que el hecho cultural primero y fundamental es la sana moralidad y el hombre espiritualmente maduro, capaz de educarse y de educar".

PRODUCIR TRABAJO

"La calidad de vida de muchos uruguayos ha decaído como consecuencia del desempleo; la creciente precariedad laboral obliga a pactar condiciones de trabajo cada vez más desfavorables para el obrero que lo llevan a un simple sobrevivir o a abandonar el país... El desempleo es un problema humano y ético antes que económico" por sus consecuencias en la vida del trabajador y de su familia, por la escasa posibilidad de gremializarse, por el exceso de tiempo de trabajo cuando se consigue, etc.. "Contrariamente a los sueños de desarrollo para todos, han crecido la marginación y la exclusión, los contrastes entre ricos y pobres", afirman los obispos. Elemento de esperanza es "el esfuerzo de muchísimos hombres y mujeres que no se resignan y se esfuerzan por crear y fortalecer redes solidarias y emprendimientos a todos los niveles". Los obispos recuerdan las obligaciones del estado y de los empresarios en cuanto a las fuentes de trabajo, pero además sugieren "que se les enseñe a niños, adolescentes y jóvenes no sólo a buscar un salario digno sino a capacitarse para realizar con creatividad nuevos emprendimientos, sobre todo en las zonas rurales que no tienen el respaldo de claras políticas".

INTEGRACIÓN, NO ANEXIÓN

"Un reto importante para América Latina es acercarse al sueño bolivariano de la integración latinoamericana, de la ‘Patria Grande’ ya que ninguna nación puede vivir y desarrollarse con solidez de manera aislada… En 1991 recibimos con unanimidad y esperanzas la creación del MERCOSUR…

La Iglesia en nuestro continente ha sido firme impulsora de esta integración. Uruguay, desde el punto de vista de nuestra economía y de nuestras dimensiones geográficas, necesariamente tiene que favorecer la integración regional. Por otra parte, el proyecto norteamericano del ALCA tiene un aire neocolonialista, que privilegia la ‘anexión’ comercial por encima de una ‘integración’…

Hay una evidente desigualdad entre las economías; si los 33 países del sur juntan sus economías, sólo llegan a sumar un tercio del producto bruto interno de los Estados Unidos. Es necesario no sólo un análisis técnico-económico de este tema, sino también un estudio desde el punto de vista ético-social, y además la participación de la sociedad civil" en este debate.

UNIDAD, LIBERTAD, CARIDAD

Los obispos finalizan el documento invitando a los cristianos comprometidos en la acción política a "mantener la unidad en las cuestiones esenciales (primero la fe cristiana y después la política, primero el bien común del país y después el partido), a defender la libertad de opinión en los casos dudosos y en todo a practicar el respeto y el diálogo, sabiendo descubrir los puntos de coincidencia antes que lo antagónico que separa".

Y recuerdan la frase de san Agustín: "En los asuntos necesarios, unidad; en los asuntos opinables, libertad y en todas las cosas, caridad".