DURAZNO Y CONVENCIÓN

La calle Durazno, nace a la intemperie
telón ceniciento, palmeras al viento,
abierta a las olas, marrones y blancas
de la playa chica que muere en el gas.

La calle Durazno, muere sin saberlo.
Cuando se ilumina toda de lila
en pleno diciembre, a la hora más lenta,
la siesta obligada del Jacarandá.

La vida, la vida como siempre dura,
la noche como siempre oscura,
por la calle Convención;
el mismo, el mismo taconeo absorto
los yiros del paseo corto,
por la calle Convención.

La vida, la vida tironeando el cobre,
la tienda del judío pobre,
por la calle Convención.

La calle Durazno, atraviesa dos barrios,
de chata figura, de amarga dulzura,
son Sur y Palermo, rivales y hermanos,
que cruzan Durazno, camino del mar.

Candombe, candombe, murga y batucada,
paseándose por la bajada
de la calle Convención.

Canilla, canilla, Acción, El Plata, Diario;
paquete bajo el brazo largo,
por la calle Convención.

Los lentes, los lentes de los relojeros,
los ojos de los bagayeros,
por la calle Convención.

Y un día, un día te veré contento,
el día que te lleve el viento
de la calle Convención.

Los perros, los perros de los bichicomes,
durmiéndose por los rincones,
de la Calle Convención.

Y un día, un día te veré contento,
El día que te abrace el viento
de Durazno y Convención.



Letra y música: Jaime Ross.

 

Jaime nació en la calle Durazno y Convención. Ésa fue la esquina en donde transcurrió gran parte de su infancia.
Jaime elige una tonada melódica y distante, como nostálgica, para la calle Durazno.
Cuando escuchamos la música y la voz de Jaime evocándola, parece que vemos la rambla, el gas, los jacarandaes, que derraman sus flores lilas en la vereda de la calle. Todo montevideano conoce este paisaje.
Convención en cambio es una calle que salta al ritmo de un candombe, la música se hace más rítmica y ligera.
Convención nos describe la vida, que se caracteriza por el movimiento y el ritmo de los tambores, que el Jaime niño escuchaba embelesado en la puerta de su casa, los perros, los niños que corrían tras los tambores, los "bichicomes" (cirujas), los yiros, el taconeo absorto de las prostitutas que se pasean buscando clientes.
La tienda del judío pobre.... como el mismo Jaime explica: "Cerca del apartamento donde nací, y donde vivía con mis padres, no había negros, los negros venían tamborileando por la calle Convención. Había más que nada criollos y judíos. En el apartamento de arriba vivían unos judíos húngaros, que habían escapado de un campo de concentración. Yo escuchaba el llanto de la señora, que tenía ataques de pánico por la noche. Había una gran mezcla cultural."
Jaime nos describe la vida, y lo hace en forma nostálgica. Es la calle Durazno y Convención en la década de los 60, una pintura de la vida de la gente humilde que se divertía con el candombe, la batucada, pero luchaba para sobrevivir "tironeando el cobre".
Mucha gente cantaba esta canción de Jaime, cuando la dictadura uruguaya, intentó cambiarle el nombre a la calle Convención.
El gobierno militar, trató de ponerle "Lorenzo Latorre" a la calle, como una especie de homenaje a un militar que impuso un gobierno dictatorial a fines del siglo XIX. La canción pasó a expresar el deseo del pueblo uruguayo de que la calle siguiera llamándose de esa manera, de no aceptar ese símbolo de la dictadura. La gente cantaba entusiasmada esta canción, cuando ya en democracia, se le volvió a poner Convención a la calle.

Eduardo Ojeda