90 AÑOS DEL OBISPO MARCELO MENDIHARAT

Dando gracias a Dios

Se cumplieron el domingo 2 de mayo los 90 años de vida de un vasco francés que hizo de su vida una sola coherencia, con su Fe al Evangelio liberador de Cristo y por lo tanto fiel a su pueblo. Nació en una zona rural del País Vasco, Ostabat, cercano a Villa Aguerría, en Francia, un 2 de mayo de 1914. Decía el obispo Angelelli, antes que la dictadura argentina lo hiciera desaparecer físicamente, que había que vivir con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra, simbolizando que una y otra cosa van unidas en la vida del pastor.

Marcelo Mendiharat es consagrado obispo auxiliar de Salto (Uruguay) en 1959; luego, con la muerte del obispo Alfredo Viola, asumirá la titularidad de la Diócesis del litoral norteño hasta sus 75 años. En estos días Don Marcelo, como lo llaman en Salto, al ser obispo emérito, disfruta de la consagración de dos sacerdotes a quienes alentó en sus comienzos, Heriberto (Beto) Bodeant, Obispo Auxiliar de Salto y Francisco (Pancho) Barboza, Obispo de Minas.

Hace poco lo estuvimos visitando en Salto. Superaba una convalecencia por fracturas. Creímos que lo encontraríamos en reposo y por el contrario, nos atendió en medio de una ajetreada agenda. Tenía reunión con Operación Techo, una organización social de apoyo a la construcción de viviendas por ayuda mutua en el barrio La Tablada, luego tenía otra reunión con un equipo que edita el periódico de la Diócesis "Algo nuevo". Su vida fue siempre una continua entrega a sus hermanos.

En la rica década del 60 participa en el Concilio Vaticano II, donde aporta y recibe de sus hermanos pastores como él, en todo el mundo. Fue un Concilio histórico que marcó un antes y un después en la Iglesia, que reivindicó su condición de servidora de la humanidad. Un Concilio que impulsó la participación de los creyentes -laicos y laicas- en la construcción de la sociedad, siendo sal y fermento, junto a los demás, mujeres y hombres de buena voluntad.

La fértil vida de este hombre de paz no se caracteriza porque haya realizado grandes obras materiales, si bien realizó y realiza esas tareas, sino por vivir esa Fe de compromiso con Cristo, liberador de todas las formas de opresión y con su sufrido pueblo del litoral norteño, con sus historias, con sus luchas, con sus esperanzas. No se conocen libros escritos por Don Marcelo, quizás algunas reflexiones y escritos para retiros, y algunos reportajes; su mejor testimonio es su vida. Don Marcelo se caracterizó por educar en la fe y en el compromiso dentro y fuera de la Iglesia.

Promotor de las pequeñas comunidades, que se llamarán grupos de reflexión, o comunidades eclesiales de base, donde los creyentes, confrontan su vida con el Evangelio, se alimentan de la Palabra y retoman su compromiso con el mundo, con la sociedad, donde realmente se producen los cambios, con o sin los cristianos. La Asamblea Diocesana de 1968 pautó un compromiso de la Iglesia litoraleña con el desarrollo de esas comunidades de oración y compromiso.

Hay un texto de Juan (13,37) que dice: "Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas donde querías, pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos, otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras". Pero el obispo de Salto, joven aún, no tuvo que esperar para que otros lo llevaran donde no quería. La dictadura lo obligó a exiliarse en el exterior durante doce años por su coherencia con ese Evangelio que tiene que anunciar y vivir en medio de las tensiones de una sociedad empobrecida y violenta. Fue un obispo a distancia en ese período, acompañando desde las fronteras a su comunidad, impedido de participar de cerca. Aprovechó ese nuevo tiempo para desarrollar comunidades y vivir esa Fe en Brasil primero y en Argentina después, en la comunidad de Hurlinghant. Cuando en 1983 la dictadura está en decadencia vuelve a su tierra; le ponen como exigencia que no realicen manifestaciones masivas, como se habían producido con otros uruguayos que regresaban del exilio. Pero igualmente es recibido plenamente en su comunidad salteña y en su país.

Retoma su actividad pastoral como obispo y al tiempo recibe en su casa, en Salto, la visita del Papa Juan Pablo II. Todo Salto participa en aquella capilla de la costanera sur, al estilo de nuestro pueblo rural -de paja y palo- la celebración de la misa del Papa, quien recibe de manos del Obispo a esa comunidad que se ha mantenido fiel. El Papa respalda a ese pueblo de Dios sufrido y esperanzado y a su Pastor.

A comienzos de la década del 70, mientras otros buscaban un edificio para constituir una Universidad del Norte para competir con la Universidad de la República, porque la consideraban flechada, el obispo de Salto establece un convenio con la Universidad de la República, para fundar en el antiguo local del Seminario lo que será la Casa de la Universidad de Salto y luego la Regional Norte de la Universidad estatal. El entonces Rector de la Universidad Oscar Maggiolo, Domingo Carlevaro, Enrique Cesio, Gustavo Olveyra serán junto a Don Marcelo los artífices de este histórico acuerdo que tanto ha aportado a la educación de esa región.

Al cumplir 90 años, Don Marcelo envió esta invitación: "Dando gracias a Dios, con mucha alegría los invito a celebrar conmigo 90 años de vida. Celebraremos la Eucaristía en la Parroquia de la Santa Cruz el domingo 2 de mayo a las 19.30 horas. Se encomiendan sus oraciones".

Esa juventud acumulada, esa primavera en medio de los otoños, convoca, invita a vivir la coherencia, los valores que ha vivido y vive ese hombre que concurría a caballo a su escuela rural, allá, cerca de Mercedes. Una invitación a no ser espectadores, sino protagonistas de esa coherencia.

Ángel Rocha.