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Liturgia 21. Redescubrir los signos litúrgicos
Hay que volver entonces a redescubrir primeramente el valor original de los signos litúrgicos cristianos, para comenzar también una auténtica reforma celebrativa. Jesús eligió unas realidades naturales, porque ellas poseían en sí mismas un significado análogo al que Él quería se realizara en un plan sobrenatural. Muy elocuente es el ejemplo de la institución de la Eucaristía. Jesús tomó el pan y el vino, dos elementos fundamentales para la vida del ser humano: ‘fruto’ no sólo de la ‘tierra’, sino también del ‘trabajo del hombre’. Estos dos elementos Jesús los ha dado a sus apóstoles en un preciso contexto: el banquete, realidad cargada de sentimientos que caracterizan la relación de familia o de amistad, un banquete además no ocasional ni habitual, sino ritual y solemne; en el contexto de la celebración profética de la Pascua antigua. La celebración Eucarística, considerada en toda la profundidad de sus signos, más que la ‘presencia real’ de Cristo, busca subrayar la grandeza del don que es el Cuerpo y la Sangre (= la Vida entregada) del Redentor (Mt 26,26). Este ejemplo nos hace comprender mejor que, para realizar una verdadera reforma litúrgica, es necesario clarificar la identidad de los elementos celebrativos. Todos los elementos que componen el contexto celebrativo están involucrados en el rito y reciben de él una fuerte carga semántica y una consecuente función expresiva; además cada uno de ellos tiene un cuadro propio iconográfico bien preciso, que necesita ser manifestado". Vincenzo Gatti,
liturgista 22. Saciar la sed de Dios "En nuestras Iglesias no se enseña a orar; orar de una manera práctica, ordenada, metódica. Hay mucho trabajo, pero pocos encuentros de oración. Hay mucha reflexión, varias técnicas pastorales, dinámicas de grupos, doctrina, pero no se enseña a tener un encuentro personal con el Señor, a tener una experiencia de Dios. Las Misas y los sacramentos como se celebran hoy, a muchos les dicen poco y no sacian la sed de Dios". Ignacio Larrañaga, sacerdote 23. Celebrar con alegría "Las celebraciones litúrgicas en nuestro continente poseen cada vez más un carácter comunitario, comunicativo, alegre y festivo. Es importante, más allá de la palabra, el lenguaje del cuerpo, de los gestos, de la música, de los símbolos. Pero más importante aún es la proximidad de nuestra liturgia a la realidad social y su relación con la vida concreta del pueblo". Marcelo Barros, monje 24. Sacerdotes pastores "Sería un error si debido a la escasez creciente de sacerdotes, se confiara cada vez más a los laicos el ministerio de la Palabra y la animación de las comunidades, reservando los sacramentos a los sacerdotes. Un sacerdote, por más que sea hoy itinerante y formador de animadores laicos, debe tener una comunidad cristiana a su cargo y estar como pastor en contacto directo con sus ovejas". Bernard Sesboué, teólogo 25. Participación y creatividad
Hay que ayudar al sacerdote a celebrar en sintonía con los feligreses para que no sea un espectáculo, sino una celebración gozosa, participativa y no un acto de paciencia y escucha pasiva". José María Arnaiz, sacerdote 26. Acólitos adultos "No se descarta la presencia de niños al lado del sacerdote en las Misas. La presencia de chicos en el presbiterio ha sido considerada durante siglos un terreno favorable para cultivar vocaciones sacerdo-tales (monaguillos = pequeños monjes); y esto explicaría la exclusión de las niñas durante tanto tiempo. Hoy muchos piden revalorizar el ministerio del Acólito adulto, como servidor del altar y de la liturgia". Ricardo Falsini, liturgista
"El lenguaje eclesiástico, a veces también el de los diáconos y de los laicos es muy doctrinero, alejado del estilo de Jesús que siempre partía de la vida, abstracto, con el uso constante de palabras clave de tipo bíblico o teológico que nadie entiende. Decía San Agustín: Prefiero que me entienda un pescador a que me alabe un profesor". J. Bestard, pastoralista 28. "Proclamar" la Palabra "Muchas veces la Palabra de Dios no es ‘proclamada’ sino murmurada, estropeada, maltratada. Es evidente la falta de preparación y capacitación de los lectores. Es un ministerio que no se improvisa. El mismo ha sido propuesto por Pablo VI pero no ha sido recogido ni valorizado como corresponde. La homilía, sin reducirse a exégesis, debería fundamentalmente explicar y actualizar la Palabra de Dios. Hay que dar más lugar a los silencios, prepararlos, explicarlos y orientarlos para la reflexión personal sobre la Palabra, la revisión de vida y el encuentro personal con Dios". Giorgio Campanini, periodista 29. Mujeres en el altar "Al servicio del altar se pueden admitir muchachas o mujeres a juicio del obispo diocesano y en el respeto de las normas establecidas". Congregación para el
Culto Divino 30. Liturgia de la vida
Hacemos cuatro talleres al año en los que tratamos temas que conciernen a nuestra edad. Han tenido mucho éxito, creo que más que nada porque hay mucha necesidad, por la soledad en que se encuentran muchos adultos mayores". Ana María Algorta,
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