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El Testimonio que perdura 91. Optar por la vida que ha de nacer
Se casó con el ingeniero Pietro Molla y tuvo tres hijos: Pierluigi, Mariolina y Laura. En el cuarto embarazo se le presentó un considerable fibroma en el útero y a los dos meses se hizo indispensable una operación quirúrgica. "Si hay que decidir entre mi vida y la de la criatura, no duden; elijan la suya", le dejó dicho a los familiares y al cirujano. El 21 de abril de 1962 dio a luz y nació Gianna Emanuela. Pero a los pocos días sobrevinieron graves complicaciones y el 28 de abril, entre fuertes dolores, murió susurrando: "Jesús te amo, Jesús te amo..." Ella misma había escrito y enseñado a las chicas de Acción Católica: "No se puede amar sin sufrir ni sufrir sin amar... No son las grandes penitencias las que santifican a las personas; el verdadero sacrificio agradable a Dios es aceptar la cruz diaria con amor y gozo. Amemos la cruz y recordémonos que no estamos solos para llevarla; es Jesús quien nos ayuda y en Él que nos alienta, todo lo podemos..." Gianna fue beatificada en abril de 1994, en el Año Internacional de la Familia. El milagro que hizo posible su canonización fue el de una mujer que al tercer mes de embarazo había perdido el líquido amniótico, quedando el feto destinado a una muerte inevitable. La mujer se encomendó a Gianna y sin explicación científica alguna, nació una niña hermosa. Gianna
Beretta, médica 92. Hacia una era atómica feliz
Takashi
Nagai, médico 93. Incentivar el Voluntariado
Margarita
Barrientos, voluntaria 94. Rescatar el papel del anciano
Paulo
Evaristo Arns, cardenal 95. Caminos de consagración temporal
Luego está la cuestión del compromiso. Un joven busca un compromiso más temporal. De hecho, nos estamos planteando la apertura de la vida religiosa para que los jóvenes tengan experiencias de consagración temporal, tan válidas como las que tiene una consagración de por vida, o cómo lograr que en ese proceso de acompañamiento y diálogo el joven vaya descubriendo la capacidad de compromisos más estables". Carmen
Margarita Fagot, ex Presidenta
de la CLAR 96. Acrecentar el espíritu misionero
Si me preguntan qué fui a hacer a África, digo simplemente que fui a vivir con la gente, a aprender a vivir en medio de ellos. Contemplar al hermano con sus límites, con sus cosas tan diferentes a las nuestras y, en esa presencia, en ese caminar y vivir con ellos, uno va descubriendo la presencia de Jesús. La misión te ayuda a clarificar tu fe, en la medida que la entregás a otros, la clarificás y la fortificás. En la medida en que crece como persona y se siente amado por Dios, el misionero es un servidor que ayuda a mejorar la ‘calidad de vida’ para que todos vivan una vida más digna". Mercedes
Plá, misionera franciscana
Dorothy Day (+1980) fue una mujer de fe extraordinaria y de un singular compromiso por las causas sociales más importantes de su tiempo. "Hay varias familias con nosotros, familias tan pobres que viven en una miseria de magnitud increíble, y no se puede hacer nada más que amar. Lo que nos gustaría hacer es cambiar el mundo, hacer un poco más simple que la gente se alimente, se vista, y tenga un techo... Vemos el escándalo de sacerdotes que imitan el estilo de actuar de los ejecutivos, el escándalo de la riqueza colectiva de la Iglesia, su falta de sentido de responsabilidad por los pobres y los obreros... Había suficiente caridad pero demasiada poca justicia". Dorothy
Day, activista social 98. La pobreza no es una fatalidad
"La utopía tiene que ser construida. Sin eso, el futuro no llega; llegan, simplemente, las fechas... La pobreza no es sólo producto de una injusticia económica. Es por eso que empezamos a hablar de los pobres no ya como ‘insignificantes’, sino como ‘significantes’ socialmente. Una persona puede ser insignificante por razones económicas, porque no tiene un centavo en el bolsillo, por razones sociales, culturales o de género... La pobreza, en última instancia, significa muerte; muerte prematura, muerte injusta. Es lo que estamos constatando en el mundo de hoy. Otro elemento importante que nuestra reflexión busca desmitificar es que la pobreza no es una fatalidad; es una construcción humana. No es un destino; se trata de condicionamientos y, como tales, pueden cambiar". Gustavo
Gutiérrez, teólogo 99. Solidaridad para vencer al Sida
"He optado por no ocultar a nadie mi condición de seropositivo. Todos saben que soy médico y sacerdote y como tal soy aceptado y estimado por todos. Jamás uso mi prestigio de médico para presionar religiosamente. El Evangelio que yo predico es que Dios ama a todos independientemente de su religión; cada enfermo vale como persona y como tal Dios lo ama y lo ayuda. Por mi parte, trato de ser como Él y de esta manera pienso que lo estoy anunciando a Él en tierra de misión. Como médico, muchas veces había tenido que comunicar a mis pacientes la noticia de que eran seropo-sitivos; era un deber delicado para mí y hasta me imaginaba a veces estar en su situación. Y ahora me daba cuenta que era yo el paciente. Sin embargo, no sentí angustia, ni rebelión, ni miedo; pero en mi interior se iba dando lentamente un desplazamiento. Tuve la sensación de ser el vagón de un tren que hasta aquel momento había viajado sobre los mismos rieles que los demás y que de repente se desviaba. Todo quedaba igual pero todo había cambiado, y para siempre. Ahora todos saben que el ‘padre’, el cirujano del hospital está haciendo el tratamiento contra el virus del Sida, que está bien y sigue trabajando como siempre. Ahora todos saben que la terapia es disponible para todos, es eficaz y por lo tanto no hay motivo para esconderse o no querer hacerse el test por miedo a conocer la verdad. Y aquí termina mi testimonio. La aventura interior continúa, pero me siento ahora en compañía de una multitud de otros seropositivos africanos... No me queda otra cosa que agradecer a Dios por haberme introducido en el medio de esta muchedumbre y haber dispuesto las cosas de manera que la semilla de la esperanza pudiera, en tan breve tiempo, transformarse en un gran árbol, un árbol que ofrece sus frutos a todos los que los necesitan." Aldo
Marchesini, misionero 100. Seguir con umbrales Cada número de UMBRALES que editamos es un gran esfuerzo, pero también una gran alegría, más aún cuando sentimos la cercanía y el apoyo de tantos amigos y amigas. Entre ellos don Marcelo, que los representa con esta carta que nos llegó al cierre de la edición. Con humildad la ponemos como una buena idea número 100.
p. Marcelo Mendiharat, obispo. |
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