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La presencia de la mujer 11. El don de sí, sin esperar resultados
"El don más extraordinario del que agradeceré a Dios eternamente es el que me han hecho mis nómadas del desierto. Musulmanes, me han enseñado la fe: el abandono incondicional a Dios, una confianza más fuerte que las rocas de las montañas... Yo les explico que han contribuido a aumentar mi fe. Ellos me han enseñado a hacerlo todo, empezarlo todo, concluirlo todo en el nombre de Dios. Uno se levanta en el nombre de Dios, se lava, limpia la casa, trabaja, come, habla, hace mil cosas durante el día y al final del día se duerme; todo en el nombre de Dios. Es maravilloso pero Cristo me enseña que la fe sin el amor es inútil y su único mandamiento es el amor, cuya prueba sigue dando Él mismo a través de la Eucaristía". Para acercarse más a los somalíes había abierto en su centro una escuela del Corán, una de alfabetización y otra de idioma inglés. "Quien me conoce, dice y repite que yo soy somalí como ellos y soy madre auténtica de todos los pobres y enfermos. A quien me pregunta por qué hago todo esto para ellos, les explico que lo hago por Jesucristo que nos pide dar la vida por nuestros amigos. El amor llevaba a Annalena a vivir en una pobreza extrema; no toleraba lo superfluo. Decía: "He asumido hasta donde me resultó posible el estilo de vida de los somalíes; una vida muy austera en cuanto a vivienda, comida, medios de transporte, vestimenta. Renuncié a todas las costumbres occidentales". Cuando mucha gente se iba del país a causa de la guerra, ella decía: "Comprendo que muchos se escapen del país por los horrores de la guerra, pero lo mío es diferente. Mi vida es para ellos, para los más pobres y abandonados. Yo debo estar con ellos, vivir y morir por ellos. Los que no tienen voz y no cuentan nada, cuentan mucho a los ojos de Dios, son sus predilectos y no importa nada que nuestra acción sea tan solo una gota de agua en el océano. Cristo nunca habló de resultados". Respondía a los ataques personales con la no violencia y la mansedumbre: "Llevo toda una vida luchando conmigo misma como Gandhi que es junto con Vinoba mi gran maestro después de Jesucristo, para ser no violenta en los pensamientos, palabras y acciones". Annalena
Tonelli, médica 12. La palabra a la mujer "A lo largo de los siglos se ha ido produciendo una apropiación de la palabra por parte de la mitad masculina de la Iglesia, mientras se decidía que lo propio de las mujeres era el silencio, la callada pasividad, el eco obediente de palabras pronunciadas por otros. Pero en la Iglesia de Jesús la palabra no es propiedad privada de nadie y debe circular como un pan en la reunión de los hermanos. No se trata de reivindicaciones o luchas por el poder; simplemente de una reciprocidad dialogal al servicio del único Maestro". Ma. Dolores Aleixandre, teóloga 13. La denuncia profética
Edith
Stein, filósofa, religiosa 14. Líderes indígenas "El movimiento indígena se ha organizado y ha caminado mucho en estos años aunque no se sienta representado en el parlamento y por los políticos. Estamos creando nuestros propios instrumentos y cuadros de participación política. Para las elecciones de 2008 queremos llevar al Congreso a nuestros líderes que son muchos y muy capaces, como se ha visto en el gobierno de una cantidad extraordinaria de alcaldías y municipalidades". Rigoberta
Menchú, líder indígena, Premio
Nobel de la Paz
15. Romper el silencio "Aumentan las mujeres que intentan romper los condicionamientos de estructuras injustas, que las reducen a una ‘cultura del silencio’. La opción para el pobre en América Latina se concreta en la opción por la mujer pobre, que hoy es la más pobre entre los pobres. Esta opción significa ayudar para que ella acumule resistencia para sobrevivir, creatividad para abrirse paso en la sociedad con el apoyo de la Fe". Ana María Tepedino, teóloga 16. Enderezar a la mujer encorvada "No le es fácil a la palabra de la mujer abrirse camino en la Iglesia. Históricamente lo masculino ha sido lo dominante, lo normal. Ahora estamos comenzando una etapa en la que la tarea de suplencia de expresar unos lo que sienten otras, ha dejado de tener justi-ficación. No queremos convertirnos en feministas avinagradas o entrar en el terreno de la competitividad; sólo queremos enderezar a la mujer encorvada (Lc 13,10-17) para que también ella alabe a Dios y transmita a toda la Iglesia su mirada positiva y esperanzadora". Ma. Dolores Aleixandre, teóloga 17. Liturgia y vida
María
Skobtsova, religiosa y mártir
18. Más allá del Día de la Mujer Para que el Día Internacional de la Mujer no sea un día más ni una simple enunciación, ni una celebración vacía de contenido y pérdida de tiempo: - busquemos en nuestra propia historia las presencias y ausencias de la mujer, y reflexionemos acerca de sus causas y consecuencias; - revisemos situaciones "corrientes" en las que se puedan detectar actitudes de violencia, marginación y desvalorización de la mujer; - pensemos en los modelos de mujer impuestos (mujer - objeto sexual; mujer - tonta descerebrada; mujer - hombre con polleras) y analicemos como nos ubicamos frente a ellos. - hagamos un perfil de mujer de acuerdo a nuestra situación, nuestra experiencia y nuestras aspiraciones y busquemos conjugarlo con nuestros roles (esposa, madre, trabajadora, militante, miembro de una Iglesia, etc.); - creemos espacios donde se hable de la temática de la mujer sin fanatismos, ni enfrentamientos con el varón. Lo que buscamos es sumar, no dividir ni restar. La estrategia es la resistencia; ésa que nace de la esperanza (la Buena Noticia del Reino es posible aquí y ahora) y la certeza de nuestra propia identidad: mujeres plenas, íntegras, singulares). Mercedes
Salto Lastra, periodista
19. Nuevas relaciones de reciprocidad Pienso que en la Iglesia se da una situación de verdadera desigualdad e injusticia en relación a las mujeres. Aunque está integrada por una abrumadora mayoría de ellas, sin embargo, la estructura de la Iglesia es piramidal y jerárquica y está basada en relaciones no igualitarias. Las mujeres trabajan activamente pero siempre quedan en una situación de sumisión y excluidas de las decisiones. Desde mi trabajo que está orientado a lograr relaciones de reciprocidad entre ambos géneros, trato de cambiar esta situación y también trato de hacerlo en mi familia intentando crear relaciones simétricas entre varones y mujeres (mis dos hijos y mis dos hijas). Espero también que la Iglesia muy pronto reconocerá la necesidad de retomar el espíritu de las primeras comunidades y podrá ser fermento en el mundo y transmitir la Buena Nueva creando en su seno relaciones interpersonales de reciprocidad, de igualdad en las diferencias, de solidaridad. Graciela
Pujol, editora 20. Conciencia de género
María
López Vigil, teóloga |
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