VATICANO

Juan Pablo II, peregrino en Lourdes

El 14 y 15 de agosto, "Peregrino entre los peregrinos", Juan Pablo II cumplió con algunos de los gestos más significativos que realizan todos los años unos seis millones de personas que visitan el Santuario de la Gruta de Lourdes en Francia.

Tras ser recibido por el presidente Chirac y por los representantes de la Iglesia en Francia, el primer lugar que el Papa visitó en la ciudad mariana de los Pirineos, fue la Gruta de las apariciones de María a santa Bernardita, en 1858. Juan Pablo II bebió el agua del manantial que le ofreció el rector del Santuario, y se recogió en oración. "En mi ministerio apostólico -confesó el Papa en su mensaje- siempre he tenido una gran confianza en la ofrenda, en la oración y en el sacrificio de los que sufren.

Les pido que me acompañen en esta peregrinación para presentar a Dios, por intercesión de la Virgen María, todas las intenciones de la Iglesia y del mundo".

El Papa participó junto a unas cien mil personas en una inédita meditación itinerante de los misterios luminosos del Rosario. El obispo de Lourdes, Jacques Perrier, ilustró los diferentes misterios, mientras que Jean Vanier, fundador de las comunidades del Arca, dirigió en cada etapa una emotiva y espontánea oración.

"Al arrodillarme aquí, ante la Gruta, siento con emoción que he llegado a la meta de mi peregrinación. Esta gruta, en la que se apareció María, es el corazón de Lourdes", dijo el pontífice en su intervención de introducción.

La jornada del sábado 14 concluyó en la noche con la "procesión de las antorchas" desde la Gruta de las Apariciones hasta la Basílica de Lourdes. Al comenzar este emotivo acto de oración, el Papa leyó unas palabras para confiar a los peregrinos una "intención particular: el don tan esperado de la paz".

El llamamiento a defender la vida humana en una sociedad amenazada por el materialismo fue el mensaje que Juan Pablo II dejó en Lourdes en el acto culminante del viaje internacional número 104 de su pontificado.

El domingo 15 de agosto, lo escucharon en la Pradera de la explanada del santuario durante la celebración eucarística más de trescientos mil peregrinos, entre ellos unos dos mil enfermos, así como numerosos jóvenes.

"¡A ustedes, mujeres, les corresponde ser centinelas del Invisible! A todos vosotros, les doy un apremiante llamado para que hagan todo lo posible para que la vida, toda vida, sea respetada desde la concepción hasta su término natural. La vida es un don sagrado del que nadie puede apropiarse", afirmó.

Al final de la celebración eucarística, antes de rezar la oración del Ángelus el Papa recordó los diferentes encuentros que en sus siete visitas a Francia ha mantenido con la juventud, confesando que "estos encuentros han sido para mí el signo de una gran esperanza".

A todos los presentes, les dejó un mensaje: "¡sean mujeres y hombres libres! Cristo es el liberador, él ‘nos ha liberado para que seamos verdaderamente libres’. ¡Defiendan su libertad!".

La visita pontificia a los santuarios de la pequeña ciudad de los Pirineos se realizó en el 150 aniversario de la proclamación, por parte del Papa Pío IX en 1854, del dogma de la Inmaculada Concepción.

El viaje ha recibido una extraordinaria cobertura por parte de los medios de comunicación franceses, que en su mayoría le han dedicado más espacio que a la apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas.