VATICANO

Las raíces cristianas de Europa

Después de la firma en Bruselas del nuevo tratado constitucional de la Unión Europea, una nota del Vaticano manifestó "satisfacción por esta nueva etapa en el proceso de integración europea desde siempre auspiciada por Juan Pablo II", pero a la vez hizo conocer "su malestar por la oposición de algunos gobiernos al reconocimiento de las raíces cristianas de Europa", desconociendo "la evidencia histórica de la identidad cristiana de los pueblos de Europa".

La nueva Constitución es evidentemente una etapa más del sueño acariciado por los fundadores de la unificación europea (De Gasperi, Adenauer, Schuman, Monet, Spack...), que buscaron una unión que fuera más allá del intercambio económico y estuviera fundada sobre valores ideales y principios democráticos; pero el papa y el Consejo Ecuménico de las Iglesias querían que se reconocieran las "raíces cristianas". Los países europeos, cuyas sociedades son hoy secularizadas y pluralistas, se han manifestado en general indiferentes a esta gestión; sólo siete países han respaldado al Vaticano y cuatro (Francia, Bélgica, Finlandia y Suecia) se han declarado decididamente en contra. El gobierno de Turquía que desde hace años quiere entrar en la Unión Europea, se ha declarado en este punto particularmente satisfecho. Por el contrario, Juan Pablo II lamentó personalmente la ausencia de un explícito reconocimiento de las raíces cristianas de Europa en la nueva Constitución. "No se cortan las raíces gracias a las cuales se ha crecido", dijo en polaco a sus compatriotas en una audiencia. Muchos sin embargo, aun en el mismo Vaticano, evalúan positivamente lo que se ha conseguido, por ejemplo, con el artículo 51 que reconoce los derechos y la especificidad de las confesiones cristianas en Europa. No se hará por lo tanto ninguna campaña para desacreditar la "carta" constitucional, ni se invitará a los católicos a que voten en contra de ella cuando los ciudadanos de los distintos países tengan que refrendarla en las urnas. El Papa ha pedido que, de todas maneras, los católicos sigan participando activamente en este proceso de unificación, aportando sus propios valores. Para que la nueva Constitución pueda entrar en vigor en el año 2007 tal como se ha previsto, los 25 países de la Unión Europea sin excepción deberán ratificar el tratado.

 

BEATIFICACIONES DE LAICOS

El pasado 5 de setiembre en Loreto (Italia), sede de uno de los más importantes santuarios marianos de la península, frente a una muchedumbre de 250.000 personas, el papa beatificó a dos laicos italianos de la Acción Católica. Los dos laicos son Alberto Marvelli (+1946), amigo de infancia de Federico Fellini, ingeniero y político fallecido a los 28 años en un accidente de ruta y Pina Suriano (+1950), la que se ofreció a Dios como víctima para la santificación de los sacerdotes y al año murió de un infarto a los 35 años.

Al mismo tiempo se ha abierto el proceso canónico de beatificación de Igino Giordani, fallecido en 1980, que fue un conocido laico cristiano escritor, periodista, político y cofundador junto a Chiara Lubich del Movimiento de los Focolares en Italia después de la última guerra mundial. Otro proceso se ha abierto para el laico Giovanni Palatucci, comisario de policía italiano en Croacia, que murió asesinado por los nazis en 1945 en el campo de exterminio de Dachau por haber salvado a 5.000 judíos. La diócesis de Bolzano-Bressanone empezó la fase diocesana del proceso de beatificación de Josef Mayr-Nusser, de 34 años. Habiendo sido enrolado de manera forzosa por los nazis, al terminar su adiestramiento en Prusia en 1944 y teniendo que prestar juramento de "fidelidad hasta la muerte a Hitler", se negó diciendo: "No puedo hacerlo porque mi fe y mi conciencia no me lo permiten". Fue encarcelado y procesado. Condenado a muerte por "derrotismo", fue destinado al campo de concentración de Dachau, pero fue hallado muerto en el tren que lo llevaba al "lager" en la mañana del 24 de febrero de 1945. Llevaba el rosario y un evangelio entre sus manos. Era un padre de familia ejemplar, dirigente de la Acción Católica y presidente de la Conferencia de San Vicente.