Isaías: el libro de los tres profetas

Este título no es un capricho, ya que el libro del profeta Isaías, es una colección de escritos, que pertenece a tres profetas, y sólo uno de ellos es conocido por su nombre. Por eso los llamamos el segundo Isaías y el tercer Isaías.

El profeta Isaías

El primer profeta, del cual toma nombre el libro, es Isaías el hijo de Amós. Él predica en una época muy difícil para el pueblo de Israel. Tras la muerte del rey Salomón (930 a.C.) el Reino de Israel, unificado por David en el año 1000 a.C. sufrió un desgarro tremendo, produciéndose un verdadero cisma. Liderados por la tribu de Efraím, las tribus del norte (10 en total) se separaron en un reino independiente de la familia de David, que continuó reinando en Jerusalén. Sólo la tribu de Judá, y la de Benjamín, formaron parte de este reino. La tribu sacerdotal, la de Leví quedó dividida. El Reino del Norte (Israel) con capital en Samaría, fue gobernado por una sucesión inestable de dinastías, y muy sometido a la influencia pagana, y al amenazante imperio asirio, quedando expuesto a la idolatría y al paganismo. Aunque la influencia de Elías, el profeta más grande en ese tiempo, se hacía sentir, Israel terminó sucumbiendo a la invasión asiria que acabó destruyendo el Reino en el año 747 a.C.

Nuestro profeta fue testigo del desastre y de la invasión asiria que también afectó al Reino del Sur, que sin embargo resistió al imperio asirio.

¿Cuál fue la razón de esta resistencia? La influencia de dos actores políticos y religiosos muy fuertes: Isaías, y el piadoso rey Ezequías que bajo la guía del profeta renovó la fe en Yavé y resistió exitosamente al rey Senaquerib, que poniendo sitio a la ciudad, no pudo tomarla (capítulos 36 y 37). Isaías era un joven poeta de Israel, que integró la corte del rey de Judá, y que tuvo una fuerte experiencia de Dios, que le llamó a renovar la fe de su pueblo (Is 6,1-13).

El profeta denunció firmemente la injusticia social y los abusos de los poderosos contra los pobres (10,1-19). También fustigó duramente la hipocresía religiosa de los judíos, y declaró que de nada servían los ayunos o los sacrificios, porque el Señor quería justicia y honestidad, antes que ritos huecos o vacíos. La vida del creyente debía corresponder con los ritos religiosos; de lo contrario éstos eran una mentira que Dios no soportaba (Is 1,1-11). El profeta anunció un castigo de Dios sobre Israel y Judá, que será el destierro, y que servirá para corregir al Pueblo de Israel ya que éste volverá del destierro purificado. (1,1-30/ 5,8-29/ 10,20-27/ 35,1-10).

Famoso es su oráculo sobre el nacimiento del rey justo, que ha sido interpretado por los cristianos como un anuncio del nacimiento de Jesús (Is 7,10-17).

Se piensa que este gran profeta, que a pesar de ser un profeta al servicio del rey, mantuvo su libertad y devoción a Dios, fue víctima del malvado rey idólatra Manasés, hijo de Ezequías en el año 730 a.C. aproximadamente.

 

El segundo Isaías

Este profeta es tal vez uno de los más notables escritores y poetas del Antiguo Testamento. Sus oráculos abarcan los capítulos 40 a 55 del libro. Predicó en Babilonia cuando el pueblo estaba sufriendo el exilio, y lo purificó anunciando la esperanza y la fe de Israel (Is 40,1-11).

Sus anuncios están tan llenos de esperanza, que su libro ha sido llamado, "el libro de la Consolación".

Predica entre los años 578 a.C. fecha de la caída de Jerusalén a manos del rey babilonio Nabucodonosor y el 538 a.C., fecha en que Ciro el rey persa, permite volver a los desterrados de Babilonia a Palestina, donde comienza la reconstrucción de la ciudad y el templo.

La deportación y el traslado del Pueblo a un país extraño, era una táctica del Imperio Babilonio para destruir al pueblo conquistado, pues al alejarlo de su tierra, perdía identidad, y terminaba por asimilarse a los demás pueblos sometidos.

Pero varios profetas de Israel, entre los cuales se cuenta este notable profeta anónimo, hicieron posible que Israel, resistiera la prueba y saliera purificado en su fe, y fortalecido de ella. Sin lugar a dudas, la Biblia tal como la conocemos no existiría sin la obra de estos gigantes de la fe, como los profetas entre los cuales se cuenta el segundo Isaías. Este profeta anuncia la liberación y le dice a Israel que Yavé no ha perdido su poder, pues él es el rey de todos los pueblos y el creador del Universo entero, y toda la tierra y todos los pueblos le pertenecen (Is 40,12-31).

Isaías saluda a Ciro el rey persa, como el nuevo Ungido de Dios, que liberará a Israel de su esclavitud. En efecto, Ciro, aunque no era israelita, adoraba también a un solo Dios, ya que era discípulo de Zoroastro y se mostró muy tolerante con Israel, debido a que su dios, Aura Mazda, se parecía mucho a Yavé (Is 44,24-27/ 45,1-8).

Pero este gran profeta es más conocido por su anuncio de un misterioso Servidor de Yavé que sufriría por los pecados del pueblo y lo redimiría. Estos oráculos son realmente impresionantes, pues parecen describir la Pasión y Muerte de Jesús, condenado injustamente, y que con sufrimientos redime a los pecadores (Is 42,1-6/ 49,1-6/ 50,4-9/ 53,1-12).

 

El tercer Isaías

Cuando los judíos vuelven a su país, lo hacen muy desesperanzados, porque no todo resulta fácil, pues aunque Ciro permite la reconstrucción, están desorganizados, son una comunidad muy pobre y están entre pueblos hostiles.

Incluso, algunos de los enemigos de Israel, consiguen que la reconstrucción de la ciudad y el templo, sufran interrupciones e incluso ataques armados. Pero un profeta valiente y sembrador de esperanza, consuela y fortalece a esa comunidad perseguida. Este profeta ocupa la tercera y última parte del libro. Es el tercer Isaías, también anónimo, que hace descubrir al pueblo que Dios ama a los pobres y a los humildes y resiste a los orgullosos, y no dudará en salvar a su pueblo, pues sólo el humilde puede comparecer ante él (Is 57,14-21/ 58,1-14).

Si Israel está dispuesto a arrepentirse de sus pecados, Dios lo protegerá y bendecirá (cap. 59).

Dios castigará a los enemigos de Israel y hará que Jerusalén resplandezca, y hacia ella confluyan todos los pueblos. El profeta anuncia una nueva Jerusalén, llena de la Gloria del Señor.

Jesús leyó un oráculo de este profeta en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,16-30) e interpretó su propia misión a la luz de las palabras del tercer Isaías (61,1-3).

Para terminar diremos que el mismo Jesús tomó como referencia para comprender su propia misión a estos 3 grandes profetas, que según los investigadores pudieron haber sido las cabezas más visibles de una verdadera escuela y comunidad profética que hizo una gran obra para renovar la fe del Pueblo de Dios.

Eduardo Ojeda