![]() |
||||||
|
EL DOLOR INJUSTO Todos
los días leemos y escuchamos que en algún lugar o por sencilla y simple crueldad. Ahora están de moda los secuestros y las extorsiones, los atentados terroristas y las matanzas antiterroristas. Todos los días. Y lo lamentamos con ese lamento inútil y bien medido de los que están lejos... y cansados de todo eso... Un cierto día nos torcemos un tobillo. Una cosa de nada. Pero nos duele. Y el mundo se acaba alrededor. Se acaban las tareas, las charlas, los compromisos. Se acaba todo para quedar únicamente el dolor de nuestro mísero tobillo torcido. Hablamos de ello a todo el mundo, lo comentamos con todos, nos lo contamos mil veces a nosotros mismos, y toda nuestra vida está condicionada por el tobillo herido. Sólo nuestro dolor cuenta. Muy pocas personas escapan de esta esclavitud del dolor absorbente. La mayoría de los mortales cuando el dolor nos alcanza, nos ahogamos en un vaso de agua. Supongamos que ahora, ni tú ni yo nos hemos torcido ningún tobillo ni estamos sufriendo algún dolor. O si tenemos algún achaque de cualquier manera nadie nos está quitando la vida con crueldad ni nos está amenazando de muerte (así que puedes seguir leyendo...). En este preciso momento en muchos (demasiados) lugares del mundo, alguien sufre y no de un tobillo torcido: en la miseria de una cárcel injusta o en la tortura repugnante, o en el operativo de una "guerra santa". No podemos seguir pensando que ése es un dolor de otros; que esa noticia de la televisión o del diario es algo lejano y una simple consecuencia de una lógica de guerra que, junto a los malos, involucra algunas veces algún inocente. No podemos resignarnos frente al dolor ajeno. Cada vez que se quiere poner ante nuestros ojos la verdad de algún ser humano que sufre por la bestialidad de otros, hay siempre alguien que te dice: ya basta de estas noticias, ya me tienen cansado. Y sin embargo, el dolor injusto sigue en una infinidad de rincones de este mundo. Y ese dolor injusto, así fuera de un solo ser humano, es como para ensordecer al cielo entero. Acuérdate del "espamento" que hiciste alguna vez por tu tobillo torcido. |
||||||