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VICENTE ZAZPE Un pastor para tiempos difíciles
Ya en aquel tiempo promovió el laicado dentro de los moldes de la época: Acción Católica, Movimiento Familiar Cristiano, Misiones Rurales... En 1969 sucedió al card. Nicolás Fasolino como arzobispo de Santa Fe y allí permaneció hasta su muerte. Un medio privilegiado de evangelización que él siempre usó fue la radio con sus mensajes semanales que luego, por su lucidez y actualidad, se fueron difundiendo por todos los medios gráficos y hasta por la televisión nacional. Al comienzo de los setenta, cuando sus hermanos obispos habían elegido como presidente del episcopado a un hombre fuertemente conservador y amigo de los militares, como el arzobispo de Paraná, Adolfo Tortolo, ya Zazpe criticaba los escasos resultados del régimen militar y afirmaba: "Tengo la impresión que hemos entrado, por la violencia y el terrorismo, a un clima de guerra civil incipiente". Zazpe se identificaba con las orientaciones del Concilio, de Pablo VI y de la conferencia de Medellín que actualizaban las aspiraciones de un cambio en la sociedad y también en la Iglesia. Por eso, en mayo del setenta participó en el 3er. Encuentro Nacional de los Sacerdotes para el Tercer Mundo, en Santa Fe, con la presencia también de los obispos Devoto y Brasca. En febrero de 1971 defendió públicamente a dos de estos sacerdotes, Osvaldo Catena y Atilio Espinosa, acusados de incitar a la violencia. Aun así, Zazpe temía las divisiones al interior de la Iglesia y buscaba el diálogo y el entendimiento entre los distintos sectores. Manifestó sus reservas respecto de dicho movimiento sobre todo por lo que se refería a la comunión de sus miembros con la jerarquía porque temía que su actitud potencialmente divisionista terminara debilitando a la Iglesia para afrontar esa realidad social que ellos mismos denunciaban. Fue así que los obispos lo eligieron como vicepresidente de la Conferencia Episcopal; participó en dos Sínodos en Roma (1971 y 1974), así como en las Asambleas Latinoamericanas de Medellín y Puebla... En noviembre de 1973 el papa Pablo VI lo envió como su delegado a La Rioja debido a los disturbios existentes contra el obispo Angelelli por una parte de la feligresía. Resultado: "La de La Rioja es una Iglesia servidora de los pobres que no quiere excluir a nadie, y su pastoral es la pastoral de la Iglesia universal", dijo Zazpe a la prensa. En 1976, por mandato del papa, también viajó a Cuba para dictar los ejercicios espirituales a los obispos, curas y seminaristas de aquel país. En agosto de 1976, invitado por el obispo de Riobamba (Ecuador) a un encuentro de pastoral latinoamericana, fue arrestado junto a 17 obispos y 38 personas más por la policía ecuatoriana y llevado a Quito. Se los acusaba de marxistas y de participar en una conspiración para derrocar las dictaduras de América Latina. La inmediata intervención del nuncio logró su libertad. Sin embargo, al volver a la Argentina, Zazpe se sintió muy solo y rodeado por la indiferencia general, aun de los propios obispos. Cuando muchos callaban Empezaba a advertirse la desconfianza y hasta la calumnia hacia su persona. Si bien su postura era clara y fuerte en contra del marxismo y de la violencia guerrillera, muchos dudaban de él. Escribe Pedro Siwak: "Sus permanentes visitas a las cárceles, sus pedidos en favor de los desaparecidos o detenidos sin proceso y sus sugerencias en el seno de la Conferencia Episcopal para que rompiera su connivencia con la dictadura, hicieron que se viera en Zazpe a un hombre peligroso y que se fuera formando un consenso de opinión en contra de él. El 31 de mayo de 1980 un autodenominado Movimiento Católico Argentino Anticomunista robó la corona de oro y las joyas de la Virgen de Guadalupe en su santuario santafesino, exigiendo el alejamiento del arzobispo como condición para devolver lo robado. Sin embargo, Zazpe siguió hablando. En octubre de 1980 se celebró en Mendoza el Congreso Mariano Nacional en un clima de probable guerra entre Argentina y Chile; Zazpe habló a la juventud de los dos países en el estadio de fútbol y los enfervorizó con las famosas Bienaventuranzas de los jóvenes (unas 20 bienaventuranzas acompañadas por 5 advertencias).
Son palabras fuertes de un católico comprometido que fue rector de la Universidad de Luján, fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales. Mignone tuvo una hija catequista desaparecida y vivió de cerca los acontecimientos. En su funeral, el obispo Gerardo Farrel dijo: "A este hombre la Iglesia jerárquica tendrá que pedirle perdón"; se le había hecho el vacío por sus denuncias. Al mismo Mignone, Zazpe le confesó en una oportunidad: "Esto que está sucediendo es tan tremendo que no alcanza el día para atender a las familias de los desaparecidos que llegan de todo el país". En mayo de 1983 la junta militar dio a conocer un documento final que prácticamente daba por muertos a los desaparecidos y llamaba simplemente "excesos" a los crímenes de lesa humanidad de la dictadura. Zazpe calificó al documento de "inmoral", rechazó la palabra "excesos", siendo que "todo el proceso militar antisubversivo respondió a una premeditada planificación" y con indignación negó que se pudiera calificar de "actos de servicio" a hechos puntuales como "la tortura, el secuestro impune, la muerte clandestina, la detención sin proceso, la entrega de niños a desconocidos, el latrocinio descarado de los hogares por fuerzas parapoliciales y paramilitares". También se rehusó a admitir que no se disponía de más información para encontrar a los desaparecidos "cuando los servicios de inteligencia controlan rigurosamente a personas, grupos, instituciones y teléfonos...". Nunca Zazpe había hablado tan fuerte y claro, sobre la base de informaciones, antes ocultas y que ahora poseía con clara evidencia. En ese año renunció a su cargo en la Conferencia Episcopal, luego de exigir una actitud más firme hacia el gobierno militar. En una oportunidad, Zazpe le dijo a Emilio Mignone: "No me cabe duda que de aquí a unos años la Iglesia va a estar colocada en la picota". Los últimos tiempos fueron dolorosos. El p. Edgardo Trucco, que fue colaborador de Zazpe, afirmó: "El último año de vida del arzobispo fue para él un calvario". Se refería a 1984. "Fue un año cargado de persecuciones y calumnias que provenían de afuera y de adentro de la Iglesia por gente que quería que Zazpe se callara la boca; y él no encontraba apoyo en nadie, salvo en algunas personas amigas", dijo Trucco. Hombre de profunda espiritualidad y oración, Zazpe se mantuvo fiel a su ministerio de pastor hasta el final. Por otra parte, se sabe que la policía controlaba todos sus movimientos, como si se tratara de un delincuente. El 15 de agosto de 1982 sufrió un accidente automovilístico en la ruta 19, mientras viajaba a una parroquia. Hubo testimonios que lo consideraron un atentado (Zazpe ya había recibido amenazas de muerte). Su vista quedó afectada y su salud también. Al año tuvo un ataque cerebro-vascular que lo llevó a la muerte en 21 días. Falleció el 24 de enero de 1984, a los 64 años. Para el ex gobernador de Santa Fe, José María Vernet, el accidente de la ruta 19 fue un atentado al estilo del que sufrieron los obispos Angelelli y Ponce de León y que les causó la muerte. Concluye sus reflexiones Pedro Siwak: "Cuando estaba llegando el tiempo en que todos se animarían a hablar porque ya no era riesgoso hacerlo, Zazpe calló..." Evidentemente, fue uno de esos profetas que abren y marcan el camino. Primo Corbelli |
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