12. Mis dones

la vida

Mis propios dones, mis características más positivas son las que me identifican frente a los demás y logran conquistar su aprecio y consideración. Sin falsa humildad ni temores puedes preguntarte junto a los demás: ¿cuáles son las características más positivas de mi personalidad? ¿Cómo adquirí esos dones?

la palabra

LOS CARISMAS DEL ESPÍRITU SANTO

"En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A éste se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquél, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de discernir el valor de los dones del Espíritu; a éste el don de lenguas; a aquél el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, repartiendo sus dones a cada uno en particular como él quiere" 
(1Cor 12,7-11).

Los carismas son dones específicos del Espíritu, pero el Espíritu Santo es el primer don, que el mismo Padre Dios por medio de Jesucristo (Jn 14,16; 20,22), nos entrega a cada uno de nosotros. No es un don obtenido por puro esfuerzo humano: "¿Han recibido el Espíritu por cumplir la ley o por haber escuchado con fe?" (Gál 3,2). Los carismas del Espíritu no son algo perfectamente acabado, sino capacidades que hay que desarrollar. Son una especie de "delegación de poder". Pablo dedica al tema una amplia sección de la Primera Carta a los Corintios. Un único Espíritu distribuye carismas múltiples para bien del cuerpo que es la Iglesia. El carisma no es una acción llamativa y espectacular. En el libro de Isaías (Is 11,2), el Mesías recibe seis carismas: sabiduría e inteligencia, valor y prudencia, conocimiento y respeto de Yavé. Pablo menciona nueve, sin pretender ser exhaustivo. El Espíritu puede dar otros carismas adaptados a los tiempos.

Están también los llamamos "frutos del Espíritu"; son los efectos que el Espíritu produce o suscita en las personas. Pablo enumera unos cuantos, oponiéndolos a los frutos del instinto: "Por el contrario, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, autodominio" (Gál 5,22-23).

Cuando Pablo concluye su enumeración de carismas, le queda algo por decir: "Aspiren a los carismas más valiosos. Y ahora les indicaré un camino mejor..." (1Cor 12,31). Es el carisma del amor fraterno: "Si no tengo amor, no soy nada...; si no tengo amor, de nada me sirve... Ahora tenemos la fe, la esperanza, el amor... La más grande de todas ellas es el amor" (1Cor 13,2-3.13).

 

el compromiso

1. ¿Descubro los dones del Espíritu en las personas que me rodean?

2. ¿Sé apreciar los carismas más importantes para el bien de mi comunidad?

 

Oración

Señor, si necesitas una mano
para construir tu Reino:
Aquí estoy.

Si quieres labios que anuncien
tu Palabra aquí tienes los míos.

Te ofrezco mis pies de peregrino
para llevar a todos el mensaje del Evangelio.

Muéstrame, Señor, el camino por donde seguirte,
para que pueda ser luz

que alumbre a mis hermanos.

Abre, Señor, los oídos
de mi corazón para que escuche atento tu voz,
para que te pregunte
una y otra vez:
Señor,
¿qué quieres que haga?,
para que con generosidad
sincera te responda:

¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

Amén.

 

Los dones del Espíritu

El Espíritu Santo da vida a la Iglesia: la construye y enriquece con sus dones.

El primero de todos los dones con los que nos enriquece el Espíritu Santo es el amor. En la Confirmación somos enriquecidos con siete dones especiales que el Espíritu Santo nos regalará para que podamos dar frutos de amor en nuestras vidas.

Sabiduría: es el don que nos ayuda a conocer y "saborear" a Dios, a experimentar y gustar el amor y la bondad de Dios. La sabiduría no se aprende en los libros ni en las universidades, sino que se adquiere contemplando la bondad de Dios en nuestra vida (darle sabor de Dios).

Entendimiento: es el don que nos ayuda a comprender las enseñanzas de Jesús, a conocer cuál es la voluntad de Dios en nuestra vida. Nos capacita para entender las cosas divinas y también nos da claridad para mirar las cosas humanas.

Consejo: es el don del discernimiento que ilumina nuestra conciencia para que podamos optar y obrar rectamente. También nos prepara para que podamos ayudar a los que nos necesiten, orientándolos y colaborando para que puedan tomar buenas decisiones.

Ciencia: es el don que ayuda a valorar correctamente las cosas creadas y a conocer la realidad tal cual es. Nos ayuda a no poner en las cosas nuestra felicidad, sino a ponerla en Dios que es la meta de nuestra vida.

Fortaleza: es el don que nos ayuda a enfrentar con coraje y energía las dificultades y problemas que nos presenta la vida, a mantenernos perse-verantes en nuestra fe en Jesús, y nos hace fuertes para afirmar y vivir nuestras opciones cristianas.

Piedad: es el don de la ternura que sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a Dios y a los demás. Nos ayuda a amar a Dios con amor de hijos y a amar a todos nuestros hermanos con amor fraterno.

Temor de Dios: es el don de la humildad que nos hace reconocer nuestra pequeñez, y al mismo tiempo la grandeza de Dios que nos llena con su amor. Es el sentimiento sincero de agradarlo y obrar según su voluntad.