13. Realizarse

la vida

La realización personal pasa por la capacidad de abrirse al mundo y a los demás. La constante apertura nos ofrece innumerables desafíos que tenemos que resolver. ¿Sientes que tu vida se está abriendo a los demás y a los desafíos de la realidad que te rodea?

la palabra

EL ESPÍRITU NOS ENVÍA A LA MISIÓN

"Un día, mientras (los profetas y doctores de la iglesia de Antioquía) celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: ‘Resérvenme a Saulo y Bernabé para la obra a la cual los he llamado’. Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y allí embarcaron para Chipre" 
(He 13,2-4).

Experimentar la presencia del Espíritu de Dios en nuestro ser es una necesidad urgente. Nadie puede vivir sin agua y sin aire. Lo mismo le sucede al creyente con respecto a la vivencia del Espíritu en su vida particular y comunitaria. ¿Y por qué la urgencia de reconocer la acción de esta Persona en nuestra existencia? Porque es a través de Él que Dios se comunica con nosotros. El Espíritu nos enseña los proyectos de Dios. Pero necesitamos ejercitarnos espiritualmente, afinar nuestros sentidos para escuchar, para conocer por experiencia las cosas de Dios. Y así descubrir cuál es la misión que Dios ha pensado para nosotros. Una vez que la hayamos descifrado, el Espíritu que habita en nosotros nos llevará libre y amorosamente a aceptar la voluntad del Padre.

El Espíritu que tocó el corazón y la boca de los profetas, que habitó en María, que se mostró en Jesús de Nazaret, que habló a los profetas de Antioquía, sostiene también la vida y la historia de los creyentes de hoy. El Espíritu es viento, no sabemos de dónde viene ni adonde va, pero lo escuchamos y sentimos. El Espíritu no tiene más forma ni figura que la de Jesús, pero está presente aun donde no se lo conoce...

Dejarse mover por el Espíritu es el desafío, el camino y el horizonte de todo aquel que intuye que Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros, que va más allá de todo lo que nos atrevemos a soñar. Pero para dejarse invadir y mover, es preciso permitir que el Espíritu penetre en lo profundo de nosotros. Para ello, necesitamos abrirnos desde nuestra pobreza, porque "llevamos este tesoro en vasos de barro".

el compromiso

1. ¿Cómo has experimentado la presencia del Espíritu Santo que envía a la misión?
2. ¿Qué necesitamos, como comunidad, para escuchar la voz del Espíritu que indica nuevos caminos misioneros?

 

Oración

Dame, Señor,
un corazón misionero.
Dame, cada día,
una fe más firme
para que nunca me separe de ti.
Dame esperanza
para que siempre confíe en ti.
Dame más amor
para amarte a ti
y a todos mis hermanos.
Envíame tu Espíritu
para que pueda comprender
que ser cristiano
significa tener un
corazón misionero:
ayúdame para ser
en tus manos un instrumento dócil y eficaz,
para que todos
te conozcan,
te amen, y lleguen
a la posesión
de tu Reino.
Amén.

 

Dios cuenta contigo

"Predicar el Evangelio no es para mí un motivo de gloria, es más bien un deber que me incumbe. ¡Y ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1Cor 9,16).

Sólo Dios puede dar la Fe,
pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios puede dar la Esperanza,
pero tú puedes hacer confiar a tus hermanos.

Sólo Dios puede dar el Amor,
pero tú puedes enseñar a amar a los demás.

Sólo Dios puede dar la Paz,
pero tú puedes suscitar la concordia.

Sólo Dios puede dar la Fuerza,
pero tú puedes sostener al desfallecido.

Sólo Dios es el Camino,
pero tú puedes mostrarlo a los demás.

Sólo Dios es la Luz,
pero tú puedes hacerla brillar a los ojos de todos.

Sólo Dios es la Vida,
pero tú puedes devolver a otros el deseo de vivir.

Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible,
pero tú puedes hacer lo que es posible.

Sólo Dios se basta a sí mismo,
pero prefiere contar contigo.

Con el Sacramento de la Confirmación, El Espíritu me llama a ser testigo de Cristo.

Me propongo, siendo fiel a mi identidad de hijo de Dios y cumpliendo su voluntad, Conocer y amar cada día más a Jesús, para poder anunciarlo con mis palabras y con el testimonio de vida, en mi realidad más cercana (familia y amigos) y en otras realidades.
Todos los días de mi vida.