15. La Celebración de la Confirmación


Padre todopoderoso, que quieres restaurar todo en Cristo

y atraes los hombres hacia él, guía a estos selectos de la Iglesia, concédeles que sean fieles a la vocación recibida en el Bautismo y que, por medio del sacramento de la Confirmación, reciban el don del Espíritu Santo. Amén.

1. PRESENTACIÓN

Párroco: Acérquense los que van a ser confirmados.
Señor obispo, estos bautizados solicitan, por intermedio mío, ser admitidos al sacramento de la Confirmación.

Obispo: ¿Sabes si todos han sido preparados convenientemente para recibir con fe y decisión este sacramento?

Párroco: Me consta que todos han recibido una catequesis adecuada y se han preparado con la oración y la caridad, y están decididos a renovar sus compromisos bautismales para ser fieles testigos de Cristo.

Obispo: En el nombre del Señor los aceptamos para la recepción de este sacramento admirable que los confirma en la vida del Espíritu Santo, que recibieron en su Bautismo.

(sigue la homilía del Obispo)

2. PROMESAS BAUTISMALES

Guía: Ahora los confirmandos, de pie, renovarán las promesas bautismales renunciando a todo lo que está en contra de Cristo y reafirmando la fe de toda la Iglesia.

Obispo: Queridos cristianos ¿saben lo que van a recibir?

* Confirmandos: Recibiremos el Espíritu Santo que Jesús nos prometió.

Obispo: ¿Y saben lo que va a hacer en ustedes el Espíritu Santo?

* Confirmandos: El Espíritu Santo nos iluminará con la luz de la fe, nos encenderá con el fuego del amor, nos confirmará para dar testimonio de Jesús.

Obispo: De esa manera, por medio de la Confirmación, el Espíritu Santo completará en ustedes la obra del Bautismo. Así serán cristianos perfectos, es decir, ungidos del Señor y señalados con la marca imborrable de los testigos de Jesús.

Respondan entonces ahora: ¿Están dispuestos a vivir y a morir alegremente en esta vocación cristiana?

* Confirmandos: Sí, estamos dispuestos.

Obispo: ¿Están dispuestos a creer, con la luz del Espíritu Santo, todo lo que Dios ha revelado y nos enseña por medio de la Iglesia?

* Confirmandos: Sí, estamos dispuestos.

Obispo: ¿Están dispuestos, con el fuego del Espíritu Santo, a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ustedes mismos?

* Confirmandos: Sí, estamos dispuestos.

Obispo. ¿Están dispuestos, con la fuerza del Espíritu Santo, a dar testimonio de Jesús en todas partes, aunque tengan que sufrir por eso desprecio y persecución?

* Confirmandos: Sí, estamos dispuestos

Obispo: ¿Renuncian a todo lo que les impide amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ustedes mismos?

* Confirmandos: Sí, renunciamos.

Obispo: ¿Renuncian a todo lo que les impide vivir como buenos hijos de Dios en la familia cristiana?

* Confirmandos: Sí, renunciamos.

Obispo: ¿Renuncian a todo lo que les impide comportarse como verdaderos testigos de Jesús en medio del mundo?

* Confirmandos: Sí, renunciamos.

Obispo: ¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, creador del universo, que nos llama a completar su obra?

* Confirmandos: Sí, creemos.

Obispo: ¿Creen en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre y nuestro Hermano, que murió y resucitó para salvarnos?

* Confirmandos: Sí, creemos.

Obispo: ¿Creen en el Espíritu Santo, que vive en ustedes, en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica; en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

* Confirmandos: Sí, creemos.

Obispo: Ésta es nuestra fe. Ésta es la Fe de la Iglesia, la que nos gloriamos de profesar en Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

3. IMPOSICIÓN DE MANOS

Guía: Ahora, el obispo, sucesor de los Apóstoles, impone las manos a los confirmandos, repitiendo el gesto con que los Apóstoles transmitían el don del Espíritu Santo.

Obispo: Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que hiciste renacer a estos hijos tuyos por medio del agua y del Espíritu Santo, librándolos del pecado, envía sobre ellos el Espíritu Santo paráclito,
concédeles el espíritu de sabiduría y de entendimiento, el espíritu de consejo y de fortaleza, el espíritu de ciencia y piedad, y cólmalos con el espíritu de tu santo temor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

4. CRISMACIÓN

Guía: Los confirmandos son ungidos con el Santo Crisma, aceite mezclado con bálsamo o perfume, que simboliza la unción interior del Espíritu Santo, que así como el aceite penetra hasta la piedra, impregnándola, invadirá plenamente a estos nuevos confirmandos para que sean testigos de Jesús con su palabra y su vida.

Obispo: Después de haber mojado el pulgar de su mano derecha en el Santo Crisma, hace la señal de la Cruz en la frente del confirmando, diciendo:

Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.

* Confirmando: Amén.

Obispo: La paz esté contigo.

* Confirmando: Y con tu espíritu.

 

LOS GESTOS DE LA CELEBRACIÓN

* LA IMPOSICIÓN DE MANOS

La Confirmación se celebra normalmente en la Misa dominical para subrayar la esencial conexión de este sacramento con la Eucaristía y la comunidad. Después del Credo, el obispo y los presbíteros concelebrantes extienden las manos e invocan el Espíritu Santo sobre los confirmandos. Es un gesto antiguo para significar la súplica al Espíritu Santo para que descienda sobre los confirmandos. Es como el gesto del sacerdote sobre el pan y el vino en el momento de la Consagración invocando al Espíritu Santo para que transforme esos alimentos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Es un gesto bíblico y expresivo, íntimamente unido a la oración. Es recordado en los Hechos de los Apóstoles cuando Pedro y Juan van a Samaría y rezan por los samaritanos para que reciban el Espíritu Santo ya que sólo habían sido bautizados. "Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo" (He 8,15-17). Lo mismo hizo Pablo en Éfeso (He 19,1-18).

Cada confirmando, acompañado por su padrino, se presenta ante el obispo. Después de haber extendido sus manos sobre todos, ahora el obispo impone sus manos sobre cada uno y reza en silencio por él.

Con este gesto se quiere significar que el Espíritu Santo se comunica a cada uno de los confirmandos. Cada uno es enviado al mundo para construirlo según el Espíritu de Dios y ser testigo de Cristo, con una misión única y específica. Toda la comunidad participa de esta oración para que el Espíritu Santo le dé la luz necesaria a cada confirmado para descubrir y responder a su vocación en la vida.

La comunidad entera, junto a los padres y padrinos y a los mismos confirmandos, debe involucrarse no sólo en la ceremonia sino en la preparación de la misma en todo lo que se refiere a los cantos, la plegaria universal, las lecturas, la renovación de las promesas del bautismo.

La comunidad cristiana abre sus brazos al nuevo confirmado y él se consagra definitivamente a ella.

 

* LA CRISMACIÓN

La unción con el crisma en la frente del confirmando es el rito esencial del sacramento, por el cual la persona queda "consagrada" y recibe la fuerza del Espíritu Santo para cumplir con la misión. Esta unción se interpreta bíblicamente como un "sello" (Ef 1,13) y significa pertenencia, propiedad. El que es confirmado, queda "consagrado", es decir, pertenece definitivamente a Cristo y a la Iglesia; ya lo es con el Bautismo, pero ahora lo es en forma consciente y pública. Este sacramento es sobre todo el sacramento de la fidelidad de Dios que renueva, "confirma" su promesa de acompañarnos y ser el "Dios con nosotros" con una alianza indestructible; por eso este sacramento, igual que el Bautismo, se celebra una sola vez en la vida.

El crisma es una mezcla de aceite de oliva y de bálsamo perfumado que en la época del Antiguo Testamento se usaba para "consagrar" a los reyes, a los sacerdotes y a los profetas. Por esta unción recibían la fuerza del Espíritu para cumplir en nombre de Dios con su misión pública.. También Jesús, al comienzo de su misión pública, en Nazaret se presenta como "consagrado" por el Espíritu Santo y enviado a "llevar una Buena Noticia a los pobres..." (Lc.4,18-21); es el "Ungido" (esta palabra en hebreo se traduce con "Mesías" y en griego con "Cristo"), anunciado por el profetas Isaías (61,1).

El aceite significa fuerza y vigor; antiguamente los atletas se ungían con aceite antes de las competencias deportivas. El confirmando es ungido con aceite antes de emprender el combate de la vida; como un atleta lucha para llegar a la meta (1Cor 9,25-26). El crisma tiene un agradable perfume: nosotros estamos llamados con la Confirmación a expandir "el buen olor de Cristo" (2 Cor 2,15).

 

UN ABRAZO FRATERNO

El gesto del abrazo del obispo no es un simple "saludo de paz", sino un fraterno y caluroso abrazo de alguien que representa a Cristo y a la familia cristiana que acompaña al nuevo confirmado.

Evidentemente todo esto hace suponer que después de la Confirmación se le dé efectivamente a los confirmados, ya sea en la casa como en la parroquia, mayor confianza y responsabilidades concretas. En una Iglesia de misión, en la que la consigna es la "nueva evangelización" donde los laicos son protagonistas, los confirmados están llamados a integrarse cada vez más a la comunidad y a los grupos apostólicos. Es imprescindible el respaldo de una comunidad viva para un joven que quiere realizarse hoy como cristiano; y cuanto más secularizado sea el ambiente, tanto más fuerte debe ser ese respaldo.