3. La fiesta de la liberación

la vida

Cuando nos sentimos libres, capaces de realizarnos sin ninguna opresión o impedimento, entonces somos felices. La vida es una fiesta. ¿Cómo conquistas y cómo celebras tu liberación?

la palabra

EL ESPÍRITU LIBERADOR

"Al soplo de tu ira se agolparon las aguas, las olas se levantaron como un dique... Tú soplaste tu Espíritu y el mar los envolvió; se hundieron como plomo en las aguas formidables" (Éx 15,8.10).

El Espíritu de Dios tiene como misión asegurar la plena realización de su plan en la historia. Por eso a sus elegidos, a los que tienen que servir como instrumentos de su proyecto, les da sabiduría y discernimiento. El mismo faraón, autoridad pagana, reconoce el Espíritu de Dios presente en José (cfr. Gén 41,38).

La obra de la liberación es obra del Espíritu. Él interviene con su poder para dar nuevo curso a los acontecimientos. En forma explícita con un canto de fiesta y al son de tamboriles se proclama la intervención del Espíritu de Dios en el cruce liberador del Mar Rojo: "Tú soplaste tu Espíritu y el mar los envolvió ..." (Éx 15,10).

Pero la obra de la liberación necesita también la paciente colaboración de cada uno de los integrantes del pueblo de Dios. El Espíritu empuja con su fuerza pero exige también la libre y dócil participación de sus servidores. El Espíritu invade primero a Moisés, y luego a los 70 ancianos que le ayudan para guiar al pueblo (Núm 11,16 ss.), quedando todavía el deseo de que todo el pueblo pueda participar del mismo Espíritu (Núm 11,29).

En el proceso de construir un pueblo libre, el culto (= servicio) a Dios será la garantía de esa libertad conquistada. De la esclavitud del faraón al servicio del Señor. Es por eso que todas las acciones referidas al culto y a la fiesta litúrgica reciben una importancia particular en el camino del Éxodo. La fiesta litúrgica resume y simboliza la fiesta de la vida, de la liberación. Por eso Dios llena de su Espíritu a los artesanos que han de hacer las vestiduras sacerdotales (Éx 28,3). Y a Besalel, el constructor del Santuario, Dios lo llama por su nombre y lo hace partícipe de su sabiduría y de su Espíritu para que realice su obra con pericia y experiencia (Éx 31,3; 35,31).

El Antiguo Testamento surge de la profunda experiencia del Éxodo, renovada continuamente a través de los profetas. Los Evangelios nacen de la experiencia de Jesús de Nazaret, de su vida, muerte y resurrección. Él empezó su ministerio en la sinagoga de Nazaret aplicando a su vida el texto del profeta Isaías que proclama: "El Espíritu del Señor está sobre mí, él me ha enviado... a dar la libertad a los oprimidos" (Lc 4,18).

La experiencia de la libertad la hacen los pobres cuando empiezan a reunirse para pensar juntos, formar asociaciones, sindicatos y comunidades. La hacen cuando empiezan a elegir a sus representantes, a buscar objetivos comunes, a luchar por su autonomía, sus derechos y su dignidad, cuando escuchan y se hacen disponibles al Espíritu de Dios que está en ellos. La experiencia de la libertad no es algo acabado, establecido, sino que siempre se está comenzando. El Espíritu nos hace libres, para que podamos realizarnos en plenitud.

 

el compromiso

1. ¿Cómo descubro la acción del Espíritu Santo en mi historia personal?
2.
¿Cómo puedo anunciar hoy la liberación a los oprimidos?

 

 

Oración

Señor, Dios de la paz,
nosotros te bendecimos
y te damos gracias
por los deseos y realizaciones
de paz que tu Espíritu
ha suscitado en nuestro tiempo,
para sustituir el odio
con el amor,
la desconfianza
con la comprensión,
la indiferencia
con la solidaridad.

 

(Pablo VI)

 

¡Libérame!

Es necesario ser apasionados
por la libertad, quererla, buscarla,
jugarse por ella.
Una persona verdaderamente libre
es una persona feliz.
Líbrame, Señor, de mis esclavitudes.
Porque una cosa es lo que quiero
y otra lo que me ofrecen y se estila ser.
Porque una cosa es pensarlo y soñarlo
y otra ponerlo en práctica.
Porque lo que vale
y merece la pena, cuesta.
Porque tengo que abandonar
muchos sueños
para hacerme cargo de mi vida.
Ser libre es un riesgo.
Porque tengo que escoger
y no siempre veo las cosas claras.
Porque tengo muchas ofertas
y, sin embargo,
he de hacer mi propio camino.
Porque no hay nada como ser libre;
y si quiero realizarme, debo serlo.
Porque nadie puede asegurarme
el éxito de mi empresa.
Llegar a ser yo es lo más importante.
Porque construyo mi personalidad
o dejo que los otros
me construyan a su manera.
Porque construyo mi vida
o me someto a lo que la vida me ofrece.
Porque desarrollo mi fe
o ésta seguirá siendo infantil.
Porque soy una persona libre de verdad
o me arrastro como esclavo.

Adaptado de Catecumenado de Confirmación 1999, p. Ruiz A.
(Parroquia San Agustín, Bs. As.)