4. El llamado de la vida

la vida

La vida es un llamado a la plena realización de cada persona. Todos somos llamados a ser alguien. ¿Cómo vivo mis proyectos y mis sueños, cómo los realizo?

la palabra

EL ESPÍRITU NOS ENVÍA COMO PROFETAS

"Una voz me dijo: Levántate, hijo de hombre porque voy a hablarte. Cuando me habló, un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. Y él me dijo: Yo te envío..." 
(Ez 2,1-3).

Cuando se habla de un profeta muchas veces se piensa en personas extraordinarias, con capacidad de adivinar el futuro. Sin embargo, es más acertado saber que profeta es el que "anuncia", que pro-fiere (pro-feta) la palabra de Dios sobre el presente, sobre los acontecimientos de la historia y orienta desde esta palabra el futuro. Pero lo más importante es que el profeta es ante todo y sobre todo, alguien que ha sido "alcanzado" por el Espíritu de Dios. Él es quien lo pone de pie y lo envía. La primera experiencia de los profetas es la de sentir su vida y su interior revolucionados, trastocados, alcanzados por el Espíritu. Descubren una llamada, una fuerza, una invitación que no nace de ellos mismos y que, en la mayoría de los casos, les trastorna la vida. Por eso, en los profetas siempre hay una experiencia de lucha contra este Espíritu que los impulsa. Se sienten pequeños y pobres ante la misión que se les encomienda. En la vocación de los profetas están presentes las excusas, los temores, la conciencia de la propia debilidad. "Soy un muchacho -dice Jeremías-, ¿cómo voy a cumplir la misión que me pides?". Es una lucha de fe que sólo se vence cuando se acepta confiar en la Palabra de Dios que promete su presencia. Dios dice que no importa que seas muy joven, ni que no tengas tal o cual capacidad. "Yo estaré contigo y pondré mi palabra en tu boca" (Jer 1,4-9).

La misión del profeta es una misión de Dios. Él es quien garantiza, con su Espíritu, su buen término. La invitación que Dios hace al profeta (su vocación) es a dejarse tomar y mover por su Espíritu: prestar al Espíritu de Dios, sus labios, su cuerpo, su vida, como instrumento. En el Credo, hablamos del Espíritu de Dios como aquel que "habló por los profetas". Desde Jesús, todos los bautizados estamos invitados a ser profetas, a dejarnos alcanzar por el Espíritu de Dios, a leer la realidad con sus ojos y anunciar la Palabra de Dios. Porque una vez que el Espíritu de Dios alcanza a una persona, no es posible vivir sin anunciar la buena noticia de la presencia y el amor de Dios, a tiempo y a destiempo.

En la vida cotidiana necesitamos descubrirnos invitados a ser profetas, a dejarnos alcanzar por el Espíritu de Dios. Hay muchas realidades donde es preciso anunciar la presencia de Dios, y muchas también en las que es preciso denunciar su ausencia y proponer caminos de encuentro.El Espíritu de Dios busca labios y corazones donde poner su palabra, para hacerla llegar al que la necesita y no ha podido escucharla.

 

el compromiso

1. ¿Cuáles son mis excusas y temores frente al llamado que el Espíritu me propone?

2. Como bautizado, ¿dónde me siento invitado(a) a ser profeta?

 

Oración

Señor Jesús, tú lo sabes todo.
Tú sabes lo pequeño y pobre
que me siento.
No me atrevo a creer
que me invitas a seguirte
y a servir contigo a los demás.
Envía sobre mí tu Espíritu
para anunciar tu palabra.
Quiero confiar en tu presencia
y en tu fuerza para participar
en tu misión.
Quiero prestarte mis labios,
mi cuerpo, mi vida entera,
para anunciar tu Reino.
Sólo de tu mano y con tu Espíritu
puedo vivir en plenitud.
Como Isaías te digo:
"Aquí estoy, envíame".
Amén.

 

 

 

Seré tu profeta

Quiero ser tu profeta...

Conocer la vida de algunos profetas es motivo para comprometernos a dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Lee las citas bíblicas y anota las partes que más te gustan de la predicación y de la vida de estos profetas.

Isaías: predicó en el reino del sur, denunciando con mucha fuerza el pecado del pueblo, que poco a poco se iba olvidando de la Alianza y los mandamientos. Anunció con valentía el amor de Dios, dándoles una buena noticia: la decisión de Dios de venir a salvar a la humanidad, la pronta llegada del Mesías para darnos la salvación (Is 5,20-23; 6,8-10; 9,1-6; 11,1-10).

Jeremías: predicó en el reino del sur, en los tristes años de la destrucción y el destierro a Babilonia. Formaba parte de una familia sacerdotal y su predicación fue muy valiente y muy sabia. Él advertía a su pueblo sobre el peligro de cambiar la Alianza con Dios, por alianzas precarias con los poderosos. Nadie hizo caso de sus palabras porque lo creían loco. Jeremías murió mártir por anunciar la Palabra de Dios (Jer 1; 5,25-31; 7,3-11; 20,7-13).

Elías: es uno de los grandes profetas de Israel, que predicó la Palabra en el reino del norte. Elías es testigo de la infidelidad del pueblo de Dios que adora a otros dioses y construye para ellos altares y templos. Denuncia con mucha fuerza el pecado del rey y de todo el pueblo, lo que provoca la ira de sus perseguidores, que quieren darle muerte. Elías tiene que huir al desierto por decir la verdad. Dios anima y consuela a Elías, pidiéndole que vuelva a su pueblo para reafirmar la Fe y la fidelidad a la Alianza (1Re 17,17-24; 19,1-15).

Juan Bautista: es el último de los profetas, el que precede a Jesús, preparando sus caminos. Juan estaba lleno del fuego del Espíritu Santo. Su predicación era muy valiente, a todos invitaba al arrepentimiento y a la conversión, bautizándose en las aguas del Jordán para estar preparados para recibir al Mesías. Encarcelado por el rey Herodes, fue finalmente decapitado por anunciar la verdad (Lc 1,36; 1,39-45; 3,1-21; 7,28).