9. La entrega total

la vida

El don de sí para los demás es una de las actitudes más lindas y más difíciles de vivir. Desde chicos aprendemos el don de la entrega total (gratuita) de nuestros padres y familiares. ¿Quién me ayuda hoy a vivir cada día de mi vida en don para los demás?

la palabra

EL ESPÍRITU ENTREGADO EN LA CRUZ

"¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es Hijo de Dios?

Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no sólo con agua, sino con el agua y la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan" (1Jn 5,5-8).

En la primera carta de Juan aparece el Espíritu como testigo de que Jesús es Hijo de Dios. Tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan.

El agua y la sangre son el signo último y máximo de la entrega de Jesús, que Juan atestigua solemnemente. Su testimonio es confirmado por el Espíritu. Leyendo los relatos de la pasión y muerte, debemos escuchar el testimonio del Espíritu de la verdad. Frente a la pasión y muerte de Jesús en la cruz, nuestra prudencia humana exclama: "¡Qué escándalo, qué locura!"; pero el testimonio del Espíritu frente al escándalo de la cruz, confirma la validez de que vale la pena una entrega total de la vida.

Frente al aparente triunfo del mundo, es decir, de criterios y valores opuestos al evangelio; frente a nuestros temores y debilidades, el Espíritu nos ofrece sus argumentos: la sangre, es decir, el don de vida, y el agua, también símbolo de vida nueva.

El testimonio del Espíritu se refiere a la pasión y resurrección de Jesús. También según la carta a los Hebreos, el Espíritu actúa en el sacrificio y en la entrega de Jesús."Porque si la sangre de chivos y toros y las cenizas de una ternera con las que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica otorgándoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestras conciencias de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente" (Heb 9,13-14).

Un fuego eterno, permanentemente encendido (el tamid) quemaba a la víctima del holocausto y así la consagraba a Dios. Ahora es el "Espíritu eterno" el que cumple la función de consagrar a Jesús como víctima de expiación. Este texto muestra la función del Espíritu en el sacrificio de Jesús. Las víctimas del culto antiguo eran ofrecidas; levitas y sacerdotes encendían o atizaban el fuego y quemaban en él a las víctimas. Por el contrario, Jesús se ofrece, y es el Espíritu quien consuma el sacrificio. El Espíritu eterno confiere validez perpetua al único sacrificio de Jesucristo.

El Evangelio de Juan dice que Jesús en la Cruz "inclinó su cabeza y entregó su espíritu". Esto es mucho más que una afirmación clínica de fallecimiento; por el contrario indica que nos entregó su Espíritu para que nosotros pudiéramos tener vida por el mismo espíritu de entrega y de amor total que Jesús nos dio.

 

el compromiso

1. ¿Qué significa para mí optar por una vida entregada a los demás?

2. ¿Cómo descubrimos hoy el testimonio del Espíritu en las "vidas-entregadas" de nuestros hermanos?

 

Oración

Espíritu Santo,
Tú que llenas de fuego
el corazón de los que buscan a Jesús,
tú que iluminas la mente de los pobres,
nosotros no sabemos cómo orar ni qué pedir.
Pero tú conoces nuestros deseos
y suples nuestra pobreza.
Reafirma en nosotros
el deseo de ofrecernos al Padre
y la disponibilidad para servirlo
hasta la entrega total.
Confírmanos en tu luz y tu amor.

Amén.

 

Qué es la iniciación cristiana

Por "Iniciación Cristiana" se entiende el camino que debe recorrer una persona para hacerse cristiana, un camino marcado por tres sacramentos o etapas fundamentales:
el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía.
Fuente y punto culminante de la vida cristiana, hacia la Eucaristía apuntan todos los sacramentos, en especial el Bautismo y la Confirmación.

Este proceso de iniciación implica tomar progresivamente conciencia de algo que Dios gratuitamente nos ofrece en los sacramentos de iniciación, pero también de algo que debe ser voluntaria y conscientemente aceptado. El Bautismo de niños expresa la gratuidad de los dones y del amor de Dios; mientras que la Confirmación expresa claramente la respuesta de fe de la persona. Sólo cuando el bautizado se pronuncia por el Bautismo que los padres han querido para él, entonces el Bautismo adquiere aquella totalidad y plenitud que es propia de la Confirmación; el Sí de Dios al hombre, exige siempre como respuesta el Sí personal del hombre a Dios.

Hoy, con la Confirmación comienza la vida de cristianos adultos, insertos en una comunidad cristiana. Todos los bautizados deberían ser convocados para recibir este sacramento, aun los mayores que no lo han podido recibir antes. La Confirmación es así la realización plena del Bautismo y posibilita una participación plena en la Eucaristía, que es el acto supremo de pertenencia a Cristo y a la Iglesia. La Confirmación consolida lo que en el Bautismo es tan solo un comienzo. Dios comunica gradualmente sus dones; luego de haber recibido en la Pascua el don del Espíritu, los Apóstoles recién en Pentecostés recibieron con el Espíritu la fuerza para confesar la Fe y transmitirla; se subraya aquí la dimensión profética y misionera de la Fe.

Con la Confirmación recibimos el don del Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús que Él prometió a todos los que lo siguen. Es el mismo Espíritu que recibimos en el Bautismo, pero se nos da aquí según la modalidad de Pentecostés. La Iglesia nace en la Pascua pero empieza a organizarse y a actuar en Pentecostés. Con Cristo, el cristiano ha sido constituido profeta, sacerdote y rey en el Bautismo; pero en la Confirmación es convocado oficialmente y públicamente, frente al obispo y a la comunidad, para esa triple misión al servicio del Reino.