La Confirmación, hoy

Se suele decir que la palabra "Confirmación" significa que el bautizado al llegar a una edad en la que puede tomar conciencia de sus responsabilidades de cristiano, "confirma" (le pone la firma) al compromiso bautismal que en su momento no pudo expresar personalmente. Sin embargo, éste no es el primer y esencial significado del sacramento. Con la Confirmación se recibe el don del Espíritu que nos fortalece para ser cristianos en plenitud (testigos de Cristo y miembros activos de la Iglesia). Por lo tanto, la palabra "Confirmación" indica en primer lugar, no tanto los buenos propósitos del que se va a confirmar, sino el hecho de que el obispo "confirma" lo que Dios ha obrado en el Bautismo e invoca al Espíritu Santo para que lleve a plenitud esta obra. Es una efusión del Espíritu Santo como en el día de Pentecostés y se nos ratifica por medio del obispo la acogida y la pertenencia a la gran familia de los discípulos de Jesús, la Iglesia.

A esto, el confirmado responde con gozo y agradecimiento que Sí; acepta este don y esta acogida prometiendo ser fiel. La Confirmación deber verse en conexión con los dones del Espíritu que a su vez tienen relación con la madurez cristiana; viene a ser la culminación del Bautismo. Por eso, en la celebración de la Confirmación se renuevan antes que nada las promesas del Bautismo. Con este sacramento, gracias al Espíritu, se personaliza la fe y el compromiso bautismal, se es incorporado conscientemente a la Iglesia y enviado al mundo como testigo de Cristo; por eso se hace presente el obispo, como jefe de la Iglesia Local.

El Concilio ha vuelto a resaltar la importancia del sacramento de la Confirmación como fundamental en la Iniciación Cristiana, relacionándolo estrechamente con el Bautismo y la Eucaristía. El Nuevo Ritual de la Confirmación de Pablo VI declara que "si existen razones pastorales, especialmente si se quiere inculcar con más firmeza en los fieles la plena adhesión a Cristo y la necesidad de dar testimonio de Él, las Conferencias Episcopales pueden determinar una edad más idónea, de modo que el sacramento sea conferido a una edad más madura después de una instrucción conveniente" (n. 11). Efectivamente, en muchos lugares se celebra el sacramento a una edad en la que sea posible la decisión libre y responsable del confirmando (14-15 años). La Iniciación Cristiana lleva a sentirse partícipes de la vida de la Iglesia y llegar por lo tanto a una cierta madurez espiritual que permita asumir responsablemente las tareas del cristiano.

La edad en que se recibe el sacramento no se debe a razones simplemente pastorales. El motivo es sobre todo lograr una fe que sea "plena adhesión a Cristo" con una decisión firme y consecuente de vida cristiana, e insistir en la evangelización, de los padres en el caso de los bautismos de niños y de los adolescentes y jóvenes en el caso de la Confirmación.