Ezequiel, profeta del renacimiento de Israel

Si a Jeremías le había tocado una tarea dura y difícil, a este profeta tampoco le fue muy bien. Ambos son contemporáneos, aunque el ministerio de Ezequiel, comienza como 20 años después de que Jeremías empezara a predicar.

Mientras Jeremías esperaba la destrucción de Jerusalén, en esta misma ciudad, Ezequiel predicaba en Babilonia, en las orillas del río Quebar.

El sobrino de Sedecías, último rey de Judá, fue el rey Joaquín, que aliado con Egipto, intentó rebelarse contra el rey de Babilonia, pero fue derrotado y rindiéndose ante el rey Nabucodonosor fue deportado a Babilonia junto con varios judíos importantes, así como algunos sacerdotes. Sedecías, el tío de Joaquín, fue colocado por Nabucodonosor en el trono de Judá en el año 598 a.C. como un rey títere del imperio.

En este primer destierro, Ezequiel marcha a Babilonia, mientras Jeremías sigue profetizando en Jerusalén. Ezequiel, mientras tanto es testigo de una visión de la Gloria del Señor (Ez 1). El trono del Señor es sostenido en esta visión por cuatro querubines: uno con forma de águila, otro con forma de toro, otro con forma de león, y otro con forma de hombre. Ezequiel quiere mostrar en esta visión la gloria del Señor, que es el Señor de todos los pueblos y de toda la creación. Los seres vivientes que sostienen el trono del Señor, representan a la creación entera, y esto quiere decir que sólo el Señor es Dios, y que no hay otro fuera de él. Dios está presente tanto en Jerusalén como en la tierra de Babilonia, y aunque el Templo se destruya, la grandeza de Dios no puede ser destruida. Yavé no llama al profeta por su Nombre, sino que lo llama: "Hijo de hombre" (Ez 2,1).

Así se pone de manifiesto la grandeza de Dios y la pequeñez que el hombre siente ante él.

El profeta se siente abrumado ante Dios y la difícil misión que éste le encomienda. Mediante imágenes y visiones características de un género profético llamado apocalíptico, el profeta contempla lo que le espera al Pueblo y la tremenda crisis que deberá afrontar. Y aunque al comer el libro que simboliza la palabra de Dios, le sabe dulce como la miel, queda postrado y afiebrado ante los desterrados, pues el mensaje que le toca proclamar es amargo y difícil de afrontar (Ez 3,1-15).

 

Ideas principales del mensaje del profeta

1. Dios no deja de amar al Pueblo, pero es un Dios celoso y exigente. El castigo contra Israel será duro, porque no ha respetado la Alianza, y la crisis del destierro ocurre no por fatalidad sino por una directa decisión del Señor. Esto podría resultar extraño para nosotros, sobre todo el lenguaje tan duro con el que el profeta se refiere a los sentimientos del Señor. Dios es como un esposo engañado por su esposa infiel (en este caso el Pueblo de Israel) y justamente porque la ama se indigna contra ella, y lo dice duramente (Ez 4-12) (ver también el capítulo 16).

 

2. Con todo Dios es un juez justo, y el que escuche al profeta y sus palabras se salvará. Dios juzga a cada uno según sus obras, y si hay arrepentimiento sabe perdonar, él no castiga a los hijos por la maldad de sus padres, sino que juzga a cada uno según su propia responsabilidad (Ez 3,16-21, Cap. 18). Dios no desea la muerte de nadie sino que si alguien se convierte se salvará de la destrucción. El profeta es así llamado el "centinela de Israel", pues es quien llama a los israelitas a seguir la Ley de Dios y sus conciencias. Así un verdadero profeta es un referente ético para el Pueblo. Este es un concepto nuevo, así como el de la responsabilidad personal (Ez 33).

 

3. El destierro es un castigo que Israel merece pues se apartó de Dios y se volcó a la injusticia y a la idolatría, y en este asunto los más responsables son los reyes y los sacerdotes de Israel (Ez 19 y 20). A este respecto resulta conmovedora y reveladora la elegía contra los pastores de Israel, que en lugar de cuidar las ovejas se han aprovechado de ellas (Ez 34). Yavé promete por boca del profeta que Él mismo vendrá a pastorear a sus ovejas, y las recogerá de donde están dispersas, y juzgará entre oveja y oveja. Es evidente que ésta es la fuente de inspiración de Jesús, cuando se proclama a sí mismo el Buen Pastor, que es capaz de dar la vida por las ovejas y que las juzgará con amor y justicia (cfr. Jn 10; Mt 25,31-46).

 

4. Pero no todo está perdido; Israel no será destruido en esta prueba sino que será purificado, y un resto elegido se salvará y recreará al Pueblo de Dios. De hecho la experiencia del destierro impidió la ruina espiritual de Israel. Sin esta prueba Israel se habría perdido entre la idolatría y la injusticia, y muy posiblemente no le hubiera legado al mundo la Biblia tal como la conocemos; en esto el Profeta decía la Verdad (cfr. Ez 36).

 

¿La Resurrección del Pueblo, o la Resurrección de los muertos?

Hay un misterioso pasaje de este libro profético que en una visión grandiosa nos muestra como una serie de huesos secos de seres humanos, revive y se recubre de carne, y poniéndose de pie, recibe la vida nuevamente por el Espíritu de Dios. ¿Qué quiso anunciar aquí Ezequiel?

Es evidente que su visión es simbólica y se refiere al renacimiento del Pueblo de Israel, que habiendo perdido ya la esperanza de sobrevivir como Pueblo, verá realizado su sueño de ser libre, y podrá volver a su tierra.

De todas formas, los judíos de la época de Jesús así como los primeros cristianos, vieron en este pasaje un anuncio de la Resurrección de los muertos.

En efecto, Dios premiaría con la Resurrección después de la muerte a los inocentes que habían muerto y que se habían mantenido fieles al Señor. ¿Quién no se emociona al leer hoy estas palabras?

"Voy a abrir las tumbas de ustedes, pueblo mío, y haré que se levanten de sus tumbas, y los traeré de vuelta a la tierra de Israel. Y entonces cuando haya abierto sus tumbas, y los haya hecho levantarse, sabrán que yo soy Yavé. Pondré en ustedes mi Espíritu y vivirán, los estableceré en su tierra y sabrán que yo soy Yavé, que lo dije y lo hice. Palabra de Yavé." (Ez 37,12-14).

Recordemos que "Yo soy" en hebreo es Yavé el Nombre de Dios, el nombre del único Dios vivo y Señor de la vida.

¡Qué magistralmente anticipa este profeta lo que luego Jesús dirá!

"Yo soy la Resurrección y la Vida, el que crea en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre." (Jn 11,25-26).

Eduardo Ojeda