Diálogo Abierto

 

Un testimonio controvertido

Estimado Sr. Director:

En el Nº 154 de la revista "Umbrales" correspondiente al mes de Diciembre de 2004 se publica un artículo titulado "Un abrazo de Navidad" en el que se trasmite el "testimonio" dado por un joven homosexual católico en una misa de Navidad en Italia, el año pasado.

Entre los conceptos vertidos en dicha comunicación, se encuentran los siguientes: "La homosexualidad no es una enfermedad, no es una perversión ni una transgresión ni una moda y -esto me urge subrayarlo ahora- no es pecado. Se trata de un don de Dios que, en cuanto tal, uno no ha elegido sino que uno se encuentra viviéndolo. Igualmente, la fe es una experiencia que descubrimos y que cultivamos dentro de nosotros, una "orientación" que estamos llamados, del mismo modo, a vivir. Gays y lesbianas tienen el derecho de vivir plenamente su propia vida, también en el plano afectivo y sexual, tanto como una persona heterosexual." (p. 26. "no es pecado" va en negrita en el original).

Es cierto que la homosexualidad, si se la considera solamente en cuanto "condición" o tendencia involuntaria, no es pecado, pues no hay pecado sin intervención de la voluntad. Ahora bien, el final del párrafo muestra que aquí se habla de los actos, las conductas homosexuales, que esas sí dependen de la voluntad y son pecaminosas e intrínsecamente malas según la ley natural y el Magisterio de la Iglesia. La comparación con la fe es todo menos afortunada, y refuerza la idea de que se propone "cultivar" y "vivir" la orientación homosexual. Al costado se publica además una "Oración para asumir la diferencia". La introducción presenta al joven testimoniante como alguien que "asumió su tendencia sexual".

Si bien no se hacen juicios sobre lo publicado, el hecho de publicarlo en ese entorno hace pensar que obviamente se comparten los conceptos señalados. Es decir, eso es lo que normalmente va a pensar, sin duda, el lector. Ahora bien, llama por eso mismo la atención, no solamente el choque frontal con la moral cristiana tal como la enseña la Iglesia de Cristo, y que ello ocurra en una publicación católica, sino además que ni siquiera se hace el mínimo esfuerzo por mostrar la trampa que hay envuelta en el discurso en cuestión. Una cosa es la aceptación evangélica de las personas, aún equivocadas y pecadoras, y otra la antievangélica supuesta obligación de aceptar y dar por buenas también los actos y las conductas pecaminosas. Una cosa es que los homosexuales sean personas y como tales personas deban ser aceptados amados, pues también por ellos murió Cristo en la cruz, y otra cosa es que se deban dar por buenos o moralmente válidas las conductas homosexuales, que han sido siempre claramente condenadas por la Iglesia, en fidelidad a la Revelación.

¿Es éste el papel que tiene que cumplir una revista católica al servicio de la evangelización ?

Néstor Martínez

 

Nota: Todos los subrayados son nuestros.

 

Nuestro discernimiento

Estimado Sr. Néstor Martínez:

Tu carta es una oportunidad para seguir aclarando el sentido de un "testimonio" publicado en nuestro último número.

Pasquale pretendió dar un "testimonio... en términos de serenidad y transparencia": así lo pueden percibir sus lectores y oyentes sin necesariamente estar de acuerdo con su sensibilidad (evidentemente la sensibilidad de un homosexual que se siente discriminado). Nos pareció oportuno escuchar su voz sobre un tema tan controvertido porque es una voz que plantea desde un sufrimiento personal lo que muchos no se atreven a expresar.

Mucha gente, y también muchos cristianos que no conocen la doctrina de la Iglesia (no es el caso tuyo que enseñas en una institución eclesial) piensan que las personas homosexuales son malas.

Los Obispos españoles señalan: "...deploramos que las personas homosexuales sean todavía objeto de expresiones malévolas y mucho más de acciones violentas" (HyF 4).

Ésta nos parece una premisa importante y confiamos que todos los lectores puedan compartirla.

 

Pasamos a discernir algunos puntos más;

1) Lo primero que hay que aclarar es que la homosexualidad de por sí no es un pecado como aclaran de entrada, tanto Pasquale, como el Magisterio Católico (citamos aquí el primer documento que nos viene a la mano, "Homosexualidad y familia" (HyF) de la Comisión Permanente del Episcopado español del 24-12-1994):

- Pasquale: "La homosexualidad no es una enfermedad, no es una perversión ni una transgresión ni una moda y -esto me urge subrayarlo ahora - no es pecado".

- Obispos: "la particular indicación de la persona homosexual no es de por sí éticamente responsable... Y por eso deben ser acogidas con absoluto respeto" (HyF nº 7, cita el CIC 2358).

 

2) Lo segundo que hay que reconocer es que la condición homosexual en la mayoría de los casos no se elige, como afirman tanto Pasquale como el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC).

- Pasquale: Se trata de un don de Dios que, en cuanto tal, uno no ha elegido sino que uno se encuentra viviéndolo.

- Catecismo: "Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual" (CIC 2358).

(Pasquale dice que su homosexualidad la siente como "don de Dios"; muchos, en el contexto cultural en el que vivimos sentirán eso como algo excesivo, pero esto es lo que él nos quiere transmitir subrayando así la aceptación de su condición (no elegida), que otros no logran aceptar tan fácilmente).

 

3) Hay un ulterior discernimiento.

- Dice Pasquale: "Gays y lesbianas tienen el derecho de vivir plenamente su propia vida, también en el plano afectivo y sexual, tanto como una persona heterosexual." Pasquale habla de una forma de vida incluyendo el aspecto afectivo sexual. En tu carta tú interpretas que este aspecto corresponde a los actos "pecaminosos e intrínsicamente malos"; pero una vez más se confunde sexualidad con genitalidad, el plano afectivo-sexual con los "actos y conductas homosexuales" referidos a determinadas prácticas de genitalidad. No podemos prejuzgar pensando que, por aceptarse como homosexual, uno deba necesariamente incurrir en actos pecaminosos, sobre todo cuando él no declara tal cosa...

- Obispos: "Sabemos bien que, con independencia de la orientación sexual e incluso del comportamiento sexual de cada uno, toda persona tiene la misma identidad fundamental: el ser creatura y por gracia hijo de Dios..." (HyF 4).

 

4) Y tú afirmas que "la comparación con la fe -que hace este hermano nuestro- es todo menos que afortunada, y refuerza la idea de que se propone "cultivar" y "vivir" la orientación homosexual". También la "Oración para asumir la diferencia" parece molestarte, y también que se afirme que "el joven testimoniante ... asumió su tendencia sexual".

"Las personas homosexuales -evidentemente después de asumir su condición- mediante virtudes de dominio de sí que eduquen a la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y de la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana" (CIC 2359).

 

5) Después le reprochas a la Revista... el choque frontal con la moral cristiana... ni siquiera hacer el mínimo esfuerzo por mostrar la trampa que hay envuelta en el discurso... y dar por buenas también los actos y las conductas pecaminosas... y homosexuales.

 

Ni en los hechos ni en las intenciones nunca quisimos todo esto que nos reprochas. El tema que presentamos a los lectores es un tema "tabú" y muy difícil de tratar. Por eso como revista católica quisimos

presentar esta problemática dejando el espacio para la profundización, partiendo de un hecho de vida que nos pareció más bien corajudo y no "perverso".

Ojalá que todos los homosexuales cristianos (y que los hay los hay) tuvieran la valentía y la trasparencia de cuestionar y cuestionarse como lo hizo Pascuale y la comunidad de Rignano Garganico en la Navidad de 2003.

Desde hace 155 números, cómo revista católica, entre muchas dificultades, intentamos ser fieles a Cristo y a la Iglesia, a la vida testimoniada por centenares de creyentes de todas razas y pueblos, y al evangelio anunciado y vivido por pastores y fieles, por católicos y otros cristianos...y hasta por personas no creyentes que por sus buenas obras entran en el gran "obra" del Reino.

Quizás algún lector pueda ayudarnos a contestar tu pregunta: ¿Es éste el papel que tiene que cumplir una revista católica al servicio de la evangelización?

La Redacción.