CARLOS PARTELI:

El obispo de la mano tendida

 

Ha hecho su aparición una biografía "no autorizada" de Carlos Parteli, difunto arzobispo de Montevideo, a los cinco años de su muerte, con el título: "Monseñor Parteli: el arzobispo del Uruguay dividido", del periodista José Luis Martínez. Este libro ayuda a ubicar la extraordinaria figura de este pastor de la renovación conciliar en un tiempo conflictivo y violento que sacudió a toda la sociedad uruguaya.

 

Carlos Parteli fue el primer obispo de Tacuarembó, diócesis creada dos años antes del Concilio. Fue en 1961, el año de la "Mater et Magistra", cuando el nombre de Parteli trascendió los muros de la Iglesia Católica, hasta entonces muy cerrada en sí misma, con una carta pastoral ("Algunos problemas del agro") que hizo historia en Uruguay. Era fruto de múltiples visitas a las parroquias rurales y de sus contactos con los campesinos. Aquello fue un grito que llegó hasta el Parlamento nacional (varios legisladores la ponderaron) por la novedad de que por primera vez un obispo entrara en el terreno social, económico y político, por la descripción de la cruda realidad del campo y por la importancia de las consideraciones propuestas. Hasta el entonces presidente de Argentina Arturo Frondizi solicitó copia de la carta. En nuestro país fue incorporada a los documentos de la comisión que estudiaba la reforma agraria.

Decía Parteli: "La Iglesia no bautiza la miseria y reclama justicia social", refiriéndose a las mujeres del interior del país cargadas de hijos con padres ausentes, a los campesinos sin futuro, a los "pueblos de rata", etc...

Parteli participó de las cuatro sesiones del Concilio en Roma. Una intervención suya durante una sesión del mismo, mereció entrar en la redacción final de la "Gaudium et Spes". La ola del Concilio llegó tarde a Uruguay. El clima de contestación para el cambio en la Iglesia se hizo público cuando aparecieron las famosas pintadas ("Beati pauperes"; en latín "Felices los pobres") sobre las paredes del nuevo palacete de la Nunciatura. Al nuncio apostólico en Uruguay, mons. Forni, lo abuchearon y le gritaron en el teatro Solís: "¡Viva el papa, fuera Forni!". Entre los cambios que hizo el papa, además de llevar a Forni al Vaticano, el más importante fue el de traer de Tacuarembó a Parteli, identificado con la renovación conciliar, para pasar al frente de la arquidiócesis. La primera preocupación de Parteli fue organizar una pastoral de conjunto así como ya había hecho en Tacuarembó con la ayuda de un experto, el canónigo francés Fernando Boulard, y elaborar junto a sacerdotes y laicos un proyecto de pastoral orgánica. Se formaron en poco tiempo 1.000 grupos de reflexión y revisión de vida en Montevideo, mirando la realidad desde el Evangelio, con una actitud a la vez crítica y participativa.

La Carta de Adviento de fines del 67, firmada por Parteli, vicarios, asesores diocesanos y responsables zonales fue otro mojón en el pronunciamiento de la Iglesia sobre la crisis nacional que ya se hacía patente. Había estallado la lucha de los cañeros en Bella Unión y el cura Juan Carlos Zaffaroni se había adherido al movimiento revolucionario. La Carta denunciaba cómo la crisis golpeaba fundamentalmente a los trabajadores e invitaba a los cristianos a superar la resignación por un lado y por el otro a no ceder a la tentación de la violencia. Por esa carta Parteli fue tildado más tarde por el régimen militar como "uno de los ideólogos de la subversión".

En el 68 Parteli concurrió al sepelio del estudiante Líber Arce en la Universidad de la República. Los demás obispos, en especial el de Salto, Marcelo Mendiharat, apoyaron en general esta nueva presencia de la Iglesia. El uruguayo es el primer episcopado de América Latina que asume como cuerpo y oficialmente los documentos de Medellín. En el Encuentro Socio-Pastoral de Montevideo de 1968 con la presencia de 512 delegados se cuestionó el modelo tradicional de Iglesia,
preocupada por el número de bautismos, matrimonios y demás sacramentos sin importarle la incidencia de la fe en la vida de los cristianos y en la sociedad. Se denunciaron los secuestros, la situación de los presos en las cárceles y la clausura de diarios. En las parroquias se hacían reuniones de gremialistas y políticos. Había asumido la presidencia de la República Jorge Pacheco Areco y habían sido proscriptos varios partidos políticos.

A comienzos de 1969 los tupamaros toman la ciudad de Pando con un saldo de cuatro muertos. El 4 de setiembre un grupo de 17 bancarios en huelga de hambre ocupan la catedral. En 1970 es secuestrado el asesor norteamericano Dan Mitrione y finalmente ejecutado. La Iglesia condena el hecho y celebra una Misa en la catedral, presidida por el arzobispo. El sacerdote jesuita Justo Asiaín es detenido por la policía junto al pastor Emilio Castro. El 27 de feberero del 71 en Asunción del Paraguay secuestran al cura uruguayo Uberfil Monzón; había ido para entrevistarse con el obispo paraguayo Bogarín, presidente del Departamento de Laicos del CELAM. Es acusado de tupamaro y torturado (con simulacros de fusilamiento, choques de corriente eléctrica, inmersión en la "pileta"...). Al obispo auxiliar Andrés Rubio que viaja a Asunción para defenderlo, lo reciben en el aeropuerto con golpes, insultos, huevos y tomates. En 1971 es electo presidente de la República Juan María Bordaberry, católico práctico, que advierte inmediatamente: "La Iglesia uruguaya cometió varios errores de orden político y espero que se corrija. No vamos a permitir que siga manteniendo una militancia política negativa para el país".

Parteli denunciaba con valentía la doctrina de la "seguridad nacional" y predicaba a favor de la justicia , de los derechos humanos de todos y en contra de toda violencia viniera de donde viniera. Poco antes del golpe de Estado concurrió a la sede central del Partido Comunista, acompañado por los obispos Roberto Cáceres y Andrés Rubio, para participar en el velorio de ocho militantes asesinados. Oró por ellos y presentó sus pésames y solidaridad al secretario del partido Rodney Arismendi, quien agradeció públicamente el gesto.

 

"VER EN CADA INVIERNO EL ANUNCIO DE LA PRIMAVERA"

Con el golpe militar, hubo un último y contundente llamado de atención para la Iglesia. El obispo de Salto, Marcelo Mendiharat, fue obligado a marchar al exilio, acusado falsa-mente de colaboración con los tupamaros. Fue a la Argentina a trabajar en una parroquia como cura a lo largo de 12 años, hasta que pudo volver otra vez a su diócesis en 1985 siempre como obispo titular de la misma, ya que mons. Carlos Nicolini era obispo coadjutor. Fueron los años de plomo. Hasta las cartas pastorales de los obispos eran requisadas; algunos curas, religiosas y laicos fueron detenidos y terminaron en la cárcel; se grababan los sermones en las iglesias. El arzobispo mismo era vigilado, su correo violado, su teléfono controlado. Aun así, en una carta del 8 de diciembre de 1978, titulada "Ver en cada invierno el anuncio de la primavera", invitaba a la esperanza. Se prohíbe la Procesión del Corpus Christi, es clausurado el quincenario de la curia "Informaciones". Se querían tener los nombres de los que acudían a reunirse en las iglesias, lo que Parteli prohibió terminantemente. Inclusive a nivel de Iglesia Parteli es denunciado al Vaticano de excesivo protagonismo frente a los demás obispos y de politizar la pastoral, lo que provoca un severo reproche por parte del papa Pablo VI, que al poco tiempo se dio cuenta del error y le escribió una carta amable y afectuosa ("tuve un momento de abatimiento como el que jamás tuve en mi vida", confesará más tarde el mismo Parteli).

En 1983 cuando, después de 10 años, se realizó el Acto de los Trabajadores del 1º de Mayo en medio de una enorme multitud, allí estuvo Parteli. El arzobispo iba a visitar al líder de la izquierda general Líber Seregni, que estuvo diez años en la cárcel; lo mismo hizo cuando lo liberaron en 1984. De él dijo el general Seregni: "Mons. Parteli es una de esas personas que no sólo pertenecen a la Iglesia sino a toda la sociedad. Yo le tengo un gran cariño y un enorme respeto. En los tiempos difíciles él estuvo allí con su mano tendida, haciendo lo que se podía, sin pedir nada a cambio, fiel a sus convicciones como cristiano". Para el arzobispo del Uruguay dividido no había fronteras. Realmente él tuvo siempre la mano tendida con todos, de la misma manera como lo pedía también a los cristianos recordando a san Francisco de Asís en aquel famoso discurso del "beso al leproso".

El 26 de febrero de 1985, conquistada la democracia y en una catedral atiborrada de público habló "sobre cómo conciliar el perdón con la justicia, cerrar las heridas sin ocultarlas con la impunidad, buscar la verdad sin espíritu de venganza". Parteli abrió la Iglesia a los laicos, a las pequeñas comunidades de base, al diálogo y a la participación, a la pastoral de conjunto, al ecumenismo, a la renovación de la pastoral juvenil y litúrgica...

Era hombre de pocas palabras, pero extremadamente atento y humano. Frente a las acusaciones de marxista, él había dicho claramente: "El marxismo ya pasó de moda. En lo que pueda tener de bueno en cuanto a las reivindicaciones de los humildes, no es un privilegio exclusivo del marxismo; es una verdad de todos y mucho más antigua que el marxismo, porque viene del Evangelio. Si todos somos hermanos, todos somos iguales y todos debemos tratarnos con justicia".

Al dejar su cargo, lo hizo de la misma manera en que lo había recibido; con modestia y sin bullicio. Se retiró en silencio y se dedicó al estudio, a la oración y al acompañamiento espiritual de los más jóvenes. Murió el 26 de mayo de 1999, en los umbrales del nuevo siglo, serenamente.

P. C.