Daniel, un llamado a la esperanza

Este es un libro, que al igual que el del profeta Ezequiel (ver número anterior) pertenece en varias de sus partes al género apocalíptico, que se basa en anuncios hechos a partir de visiones o interpretación de sueños. Con visiones que aparecen como inquietantes, como monstruos, ángeles, cataclismos, etc..

Este género apocalíptico es característico de los tiempos de crisis, ya que en medio de una dictadura, no se puede hablar muy claro, y se utilizan símbolos entendibles para la comunidad creyente que está siendo perseguida, pero oscuros para los perseguidores.

 

¿Existió el protagonista del libro?

El protagonista es un tal Daniel, que al igual que el legendario patriarca José fue bendecido con el don de interpretar sueños y ver el futuro con la ayuda del don profético que Dios le concede (Gén 41; Dn 2,14-45).

Daniel, siendo apenas un chico, es llevado a Babilonia, junto con otros jóvenes sabios para integrar la corte del rey Nabucodonosor (Dn 1,1-21).

Pero Daniel no se deja amedrentar, ni impresionar por la cultura babilónica reinante ni por su religión, y sus falsos dioses que parecen más poderosos que Yavé, el Dios de Israel. Daniel sin embargo cree que es Dios el que ha permitido que Babilonia los domine a causa del pecado de su Pueblo, pero que él protege a los que hacen su voluntad. (Dn 9,4-19). Es varias veces, víctima de conspiraciones, pero sale airoso de las pruebas y de las trampas que sus enemigos le tienden. (Dn 6,1-25). También anuncia a sus poderosos dominadores que el tiempo de los Imperios que ellos intentan construir se acabará, y que al final de los tiempos, el Reino de Yavé se establecerá sobre la Tierra, e Israel volverá a ser libre (Dn 5 y Cap 7 al 12).

¿Pero este heroico personaje realmente existió? Parece que sí, pero no en la época del Exilio. Daniel es mencionado muy al pasar, como un sabio antiguo, famoso por su piedad y sabiduría en el libro del profeta Ezequiel (Ez 14,14).

El autor se vale de una ficción literaria y coloca a este personaje legendario, del cual se sabía muy poco en el momento en que Israel sufre el exilio en Babilonia. Es un tipo de ficción similar a la que establece el libro de Job o el de Tobías.

No es que esté mintiendo sino está poniendo una historia edificante, en la cual, Daniel como profeta y modelo de israelita fiel y prudente, enseña al Pueblo de Israel, cuál debe ser la conducta del creyente fiel a Dios en un momento de adversidad.

El razonamiento es más o menos así: "No debemos claudicar ni perder nuestra fe, pues Dios hizo todas las cosas, los dioses de los paganos son falsos, y no tienen poder contra Él, que no sólo puede hacer posible que Israel vuelva a ser un pueblo libre, sino hasta salvarnos de la misma muerte. Y así como Daniel resistió a los poderosos, nosotros debemos imitar su ejemplo."

El libro también afirma que los muertos no están perdidos, sino que si han vivido con justicia, resucitarán para gozar de la vida eterna (Dn 12,1-13). Ésta es una verdad novedosa para el momento en que se compone el libro, pero que será una verdad creída por el Pueblo de Israel y por el mismo Jesús en su época (cfr. Mc 12,18-27).

 

Origen de este libro

Este libro fue compuesto en el momento en que Israel vivía ya en su tierra luego de haber vuelto del Exilio en Babilonia. Aunque se sugiere que es escrito en la época de la dominación de Babilonia fue compuesto hacia el siglo II después de Cristo. Pero recapitulemos:

El año 538 a.C. Israel volvió del Exilio en Babilonia, pues Ciro el Persa, lo libera y le concede volver a su tierra y reconstruir su Templo.

Durante la dominación persa, los israelitas parecen conocer un período de paz, puesto que no son molestados en sus creencias e incluso el gobernador designado por el Imperio es un israelita (Neh 2,1-9).

Pero cuando Alejandro Magno, invade y conquista el Imperio Persa, las cosas cambian. Si bien Alejandro es benevolente y le da autonomía al Sumo Sacerdote judío para gobernar Israel, a su muerte sus generales se dividen su vasto Imperio, y empiezan los problemas. Cuando Israel cae bajo el dominio de los descendientes de Seleuco, uno de los generales de Alejandro, intenta forzar a Israel a adoptar la religión y la cultura griega.

Concretamente en el año 175 a.C. Antíoco IV Epífanes, comienza una persecución contra los israelitas, profana el Templo de Jerusalén, lo saquea y pone en él una estatua de Zeus. Esto provocará resistencias. Algunos realizan una resistencia pacífica y mueren mártires, pero otros, liderados por Matatías y sus hijos, los llamados Macabeos, una familia levítica que se alza en armas contra el tirano, resisten valerosamente. Sus hazañas están contadas en el libro de los Macabeos (ver Umbrales nº 137). Es en esta época en la cual hay que situar el libro de Daniel. Cuando el libro es escrito, el rey aún no había sido derrotado, pero los judíos ya tenían en jaque al tirano. Al final los hermanos Macabeos terminarán derrotando al opresor. Así las profecías que aparecen en boca del legendario Daniel, que las anuncia en forma simbólica y misteriosa no son en realidad anuncios de lo que ha de venir, sino una interpretación de fe, de la historia que el Pueblo vivía en el momento de la composición del libro, y el anuncio del triunfo definitivo de Dios. No deben verse como una mentira, puesto que esta forma de escribir era común en la época, sino como una lectura de la historia hecha desde la fe, que nos muestra que los planes de Dios se cumplen a pesar de la prepotencia de los poderosos.

Así aunque este libro fue al principio incluido entre los libros que como el de Judit o el de Job trataban no de contar una historia sino, utilizar una ficción literaria para dar una enseñanza, luego terminaría formando parte de la colección de los libros proféticos.

 

La visión de las bestias (Cap. 7)

Este pasaje es uno de los más importantes del libro, y es descripta como una visión nocturna (¿un sueño?) que tuvo el profeta.

En ella aparece un anciano muy poderoso, servido por muchos millares y millares, sentado en un trono de fuego. Evidentemente se refiere a Dios. Él aparece como quien gobierna la Tierra. Los Imperios que van gobernando el mundo, aparecen como bestias horrorosas, que dominan a los hombres, pero que tienen un tiempo limitado que el anciano les concede. Luego son muertos. El último monstruo descrito que representa al Imperio de Antíoco es el más horrible de todos, y le nace un cuerno que habla y blasfema contra Dios y su Pueblo. Este cuerno es el rey Antíoco, el perseguidor. Luego el monstruo es derrotado, y un personaje misterioso, semejante "a un Hijo de Hombre" que viene en las nubes del Cielo, recibe el poder del Anciano y reina para siempre.

Este Hijo de hombre, que viene en las nubes del cielo, es de origen divino, y un ser humano y no un monstruo, porque gobernará en base a la justicia y el amor, y no por el miedo y la violencia.

Aquí se anuncia el Reino de Dios esperado no sólo por Israel, sino por todos los hombres de buena voluntad. Por eso Jesús se llamará a sí mismo "el Hijo del Hombre" pues está teniendo en mente esta profecía, a la que cita textualmente ante sus enemigos, justificando su misión. Será él quien dará pleno cumplimiento a la profecía de este libro. (Mc 14,62)

Eduardo Ojeda