UN PAPA EN LOS UMBRALES...

 

 

 

“En los umbrales del tercer milenio, toda la Iglesia, 
pastores y fieles han de sentir con más fuerza su
 responsabilidad de obedecer al mandato de Cristo:
Vayan por todo el mundo a proclamar la buena nueva
 (Mc 16,15), renovando su empuje misionero... Una
 grande, comprometedora y magnífica empresa, ha sido
 confiada a la Iglesia de hoy: la de una Nueva
 Evangelización, de la que el mundo actual tiene una
 gran necesidad”. Juan Pablo II.

Así empezaba Umbrales en el año 1990, con una frase
 del Papa Juan Pablo II que sigue manteniendo su
 actualidad ahora que lo despedimos después de su
 largo y generoso servicio a la Iglesia y al mundo.
La noticia de su fallecimiento llega cuando ya está
 impreso este número especial de Umbrales, sin
 embargo en la espera de recordarlo ampliamente en el
 próximo número aquí queremos rendirle nuestro
 homenaje y agradecimiento.
A lo largo de estos 157 números, varias veces lo hemos
 recordado como Maestro y Testigo, como Patriarca
 de la Solidaridad y Obrero de la Paz, como Peregrino
 del Evangelio y ahora como buen Pastor que descansa
 en el Amor del Señor.
Quisiéramos una vez más recordar lo que les decía a los jóvenes
 (sus grandes amigos) en el 2002 en su Jornada
 mundial de Montreal: “Queridos jóvenes, muchas
 y cautivantes son las propuestas que les llegan de todas partes:
 muchos les hablan de una felicidad que se
 puede obtener con el dinero, con el éxito, con el poder...
El ser humano está hecho para ser feliz.
 Su sed de felicidad es entonces legítima. Para esta expectativa de ustedes, 
Cristo tiene la respuesta. Queridos amigos, 
la Iglesia mira a ustedes con confianza y espera
 que se conviertan en el Pueblo de la Bienaventuranza”.
Este augurio dejado a los jóvenes que el Papa Peregrino llamó
 “Centinelas del mañana” nos queda como hermosa herencia
 desde que Jesús proclamó el programa de la Felicidad
 plena en la montaña de Galilea junto al lago.
Entre las aclamaciones cariñosas de los jóvenes en Montreal,
 el Papa seguía diciendo: "Queridos amigos, a su joven deseo de ser felices,
 este viejo Papa, cargado de años pero todavía joven por dentro,
 responde con una palabra que no es suya.
 Es una palabra que resuena desde hace 2.000 años. 
La hemos vuelto a escuchar esta noche: Bienaventurados".

Ya cruzados los umbrales del tercer milenio, 
Juan Pablo II termina su peregrinación para entrar
 definitivamente en el número de los bienaventurados.
p. Quinto Regazzoni