![]() |
||||||
|
Jesús Corella, sj. + 22-12-04
Querido p. Jesús: Te has ido tan rápidamente, sin despedirte; parece mentira, tú siempre tan atento con las personas, que me está costando mucho reaccionar de ese "desaire" tuyo... Tu último correo del 4 de noviembre me anunciaba algo que ni tú ni yo acertábamos a explicitar: "...tenía que escribirte por un asunto completamente nuevo e inesperado, pero así es la vida... Resulta que mi corazón no tiene bastante oxígeno... encomiendo mi poca fortaleza para este primer aviso en serio de que la vida va pasando... me encuentro tranquilo pero son 75 añitos ya ..." Sin embargo, las primeras líneas te mostraban como siempre te he visto, profundamente humano y disfrutando de todo: "...antes quiero comunicarte que ya está Buenos Aires vestida de violeta por la flor del Jacarandá..." Te respondí en serio: "Voy a rezar mucho, todo saldrá bien". Y en broma: "Estás siempre dando mucho aire a tanta gente que no me sorprende te hayas quedado sin oxígeno"... A partir de ahí comencé a recibir comunicaciones diarias sobre tu salud, hasta que llegó la nunca deseada. ¡Nos habías dejado para siempre! Se me agolpan los recuerdos...y me traslado al CEIA, a la Escuela de Ejercicios Espirituales, a la Facultad de Teología (Máximo), a tu casa Arrupe con tu querida comunidad, a tus charlas, cursos y tareas varias... ¡tanta actividad! Y también te "visito" en tu lugar de descanso definitivo en San Miguel y quiero dejarte unas flores, muchas, de colores, llenas de fuerza, de calor, de pasión por la vida, por la humanidad, de enamoramiento entusiasta por el Señor y su proyecto... como expresión de tu persona y de tu vida. Retrocedo en el tiempo y recuerdo nuestro reencuentro en Madrid,-enero del 2000-, donde me comunicaste que a tus 70 años te mandaban a Argentina... En seguida empezaste a conquistar lugares y personas: Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile... el CEIA, la formación, los Ejercicios Espirituales, los cursos en el Máximo, el acompañamiento espiritual a innumerables personas... Tú sí estabas siempre pronto, tu persona dispuesta, tu corazón abierto para dejar salir todos esos dones que el Señor te había regalado... Tu exquisita sensibilidad, tu corazón lleno de bondad y de paz, pero con la firmeza de la radicalidad en el seguimiento de Jesús, te daban también tales dosis de ternura, de emoción, de asombro... que tu compañía era sencillamente deliciosa. Tu amor apasionado a Cristo, tu vasta experiencia de tantos años de responsabilidad en la Compañía, de docencia, de pastoral, tu conocimiento tan sabio y experiencial de la espiritualidad ignaciana, daban a tu persona una plena integración, la perfecta síntesis entre acción y contemplación... Y a lo largo de los días y los años nos fuiste transmitiendo esos "amores preferenciales" tuyos: la iglesia -qué bien explicabas las Reglas para sentir con ella, perfectamente aterrizadas en el hoy eclesial-; la Compañía - tu cariño indiscutible por Pedro Arrupe-; los Ejercicios Espirituales...; el mundo (el amplio y el concreto en Argentina), como lugar amable donde Dios está; las personas, haciendo sentir a cada una original e irrepetible, siempre con posibilidad de crecimiento... Cristo como centro y eje de la vida; el amor a Él y a los demás como dos caras inseparables de la misma moneda; el servicio; tu familia, tus amigos, tus hermanos en la vida religiosa... Y fuimos descubriendo tu sabiduría humano-divina para captar, penetrar, discernir... y devolver a cada persona lo mejor de sí misma. Dabas mucha confianza, paz, ganas de ser mejores; tu humanidad se desbordaba, tu capacidad de disfrutar era contagiosa... Nos has dado tantas "Reglas" para caminar apoyados sólo en el Señor, nos has demostrado con tu vida que vale la pena vivir por Él y por su causa, que no puedo menos de decirte ¡Gracias! Y alegrarme de que te hayas ido en paz, con la agenda llena de compromisos pero ligero de equipaje para partir en cualquier momento... Hasta siempre, querido Corella. Agradezco profundamente a Dios Padre/Madre, al Señor de la Vida y de la Historia, la tuya... Ya sé que estás gozando del descanso pleno, no dudo que tu corazón ha recobrado el oxígeno necesario, el que no se agota, tus latidos son más fuertes e intensos porque participan del amor de Cristo... Gracias, muchas gracias, Jesús. Recibe mi abrazo inmensamente agradecido y cariñoso.
María Luisa Berzosc |
||||||