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Una
esperanza cierta,
Hay una especie de "pasatiempo" muy popular entre los analistas de asuntos eclesiales: la clasificación entre los llamados "progresistas" y los llamados "conservadores". Ambas palabras vienen de lejos y ya están gastadas. Sin embargo, para los grandes medios de comunicación parece que lo más normal es que los grupos de "derecha" o de "izquierda", estén animosamente enfrentados. Es cierto que la confusión entre fe e ideología, fe y sistema de valores, sigue vigente. Hasta el punto de que se hace imprescindible volver a leer con atención los evangelios, para concluir una vez más que en ningún caso, aquella lamentable confusión tiene algo que ver con la enseñanza de Jesús. Más allá de toda clasificación ideológica el cristiano auténtico apunta a una realidad "otra"; se fundamenta en una "esperanza cierta" que supera todas las expectativas humanas, necesariamente marcadas por la provisoriedad. La elección del nuevo papa Benedicto XVI nos reveló una vez más la necesidad de ponernos en una perspectiva distinta, la perspectiva de la voluntad de Dios. Porque "Dios no mira como mira el hombre; el hombre ve las apariencias, pero Dios mira el corazón" (1Sam 16,7). En una frase clave de la homilía de inauguración de su pontificado el Papa Benedicto decía: "Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la Palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él...". Ya con 78 años el nuevo Papa sabe que fue llamado para dar continuidad a la herencia de Juan Pablo II y de alguna forma llevar a cabo la obra de su antecesor. En este sentido, Benedicto XVI se definió como "humilde obrero en la viña del Señor". La actitud de apertura y esperanza viene del corazón del Evangelio, Buena Noticia. La aventura humana no es una lucha titánica de conservación de valores, sino de siembra de valores que superan en mucho las expectativas de todo tipo. Por ejemplo, el valor supremo de la paternidad de Dios y de la fraternidad humana, a cuya luz la vida de los creyentes se transforma. Es una búsqueda infinita de aquel amor que se manifiesta muchas veces en los rincones más escondidos de nuestra vivencia personal y entre los pliegues de la historia. No se trata entonces de progresismo o conservadurismo, -una oposición que Ortega y Gasset llama "hemiplejia moral"-; la mayoría de las veces aquellas son simples actitudes mentales o cuestiones ideológicas de los individuos o de los grupos humanos. La actitud cristiana está abierta a la esperanza, fundamentada en una certeza que es Cristo. Benedicto XVI concluía su homilía diciendo: "No tengan miedo de Cristo ¡Él no quita nada y lo da todo! ... Sí, abran de par en par las puertas a Cristo y encontrarán la verdadera vida". p. Quinto Regazzoni
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