DIÁLOGO ABIERTO

 

Moral sexual y convicciones básicas

En la revista Umbrales de diciembre de 2004 (n. 154) se publicó un testimonio de un joven italiano de 21 años. Naturalmente, al publicarlo, la redacción de Umbrales no comprometió su opinión. Su intención fue simplemente provocar la reflexión de los lectores ante un grave problema que enfrenta la comunidad cristiana. Aquel joven confiesa que es "gay creyente" y pide simplemente comprensión pastoral ante su condición. Sus palabras son un vivo testimonio de dolor y un grito de auxilio y comprensión dirigido a la comunidad cristiana.

Como se podía esperar el testimonio provocó extrañeza entre algunos lectores. Hubo quienes se llamaron a reflexión; alguien quedó perplejo.

En el número siguiente, el n. 155 (enero-febrero de 2005) Umbrales publicó la carta de un airado lector que supone que los redactores de la revista van contra la moral cristiana, preguntándose si "¿es éste el papel que tiene que cumplir una revista católica al servicio de la evangelización?". Más allá de los términos de la carta, creo que el autor se extralimitó al interpretar las intenciones de los redactores cuando decidieron publicar ese testimonio.

Los redactores de Umbrales respondieron en ese mismo número, de una manera mesurada haciendo "un discernimiento" sobre el juicio moral que merece la homosexualidad y las actitudes pastorales que merecen los homosexuales.

Con todo, preocupados por las repercusiones que puede haber tenido el testimonio del joven, los redactores me pidieron que planteara en forma sucinta la doctrina moral de la Iglesia sobre la sexualidad.

Voy a proponer pues, en forma sencilla, clara y concisa algunas convicciones básicas sobre el matrimonio y la familia. Estos criterios, que para un cristiano son convicciones, parten de una lectura sapiencial de la Palabra de Dios contenida en la Biblia, se fundamentan en una sana antropología y se apoyan en "la doctrina constante del Magisterio y en el sentido moral del pueblo cristiano"1 . Deseo proponer también algunos temas que es necesario seguir profundizando, clarificando y elaborando juntos a partir de aquellas convicciones inamovibles. Las consecuencias sobre el obrar moral del cristiano las debe sacar cada uno de acuerdo a su responsable entender.

A la luz de estas fuentes afirmo estas convicciones básicas:

 

1. La familia es la institución humana más universalizada en el tiempo y en el espacio (Institución natural, cultural y cristiana) Cf. GS 48.

2. El matrimonio es el fundamento de la familia. La institución familiar "está fundada sobre el matrimonio, esa unión íntima de vida, complemento entre un hombre y una mujer, que está constituida por el vínculo indisoluble del matrimonio, libremente contraído, públicamente afirmado y que está abierto a la transmisión de la vida"2 .

3. La familia es una comunidad de personas, "íntima comunidad de vida y amor"(GS 48). Allí se realiza el encuentro de las generaciones y se transmiten los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos.

4. El matrimonio del que procede la familia es el ámbito exclusivo para la transmisión de la vida humana. Los hijos son "el don más excelente del matrimonio" (GS 50) y constituyen "una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación de los padres (GS 50).

5. La familia, siendo una institución anterior al Estado, mantiene con la sociedad relaciones de mutua colaboración.

En el contexto de la familia actual y su crisis, creo que es necesario profundizar algunos temas:

A. Una recomprensión de la sexualidad humana, superando una visión estrecha de la sexualidad y de su papel dentro del matrimonio y en el contexto de la vida humana. Se hace necesario hacer nuevos planteamientos con base personalista3 .

B. Una revalorización de la institución familiar: "El valor institucional del matrimonio debe ser reconocido por las autoridades públicas; la situación de las parejas no casadas no debe ponerse al mismo nivel que el matrimonio debidamente contraído4 . El matrimonio y la familia son una institución previa a la Iglesia y al Estado "que todos deben defender, porque Dios mismo es su autor", decían los obispos peruanos en una carta pastoral.

C. Una reinterpretación lúcida de la "paternidad responsable". Debemos descartar tanto el totalitarismo del Estado imponiendo ciertas prácticas de control de la natalidad, como la irresponsabilidad de los esposos, no sólo a nivel personal, sino en cuanto a las implicaciones éticas provenientes del campo social y del problema demográfico. Se trata de poner lo que es la paternidad responsable en su contexto.

D. En el caso concreto de la homosexualidad, nos preguntamos cómo conciliar la comprensión pastoral debida a aquellas personas cuya condición (por diversos motivos) es homosexual, cómo juzgar con prudencia su culpabilidad, sin reconocer una justificación moral a las relaciones homosexuales, que "no pueden recibir aprobación en ningún caso"5 .

 

P. Juan Algorta, sdb

Docente de Teología Moral. Inspector Salesiano. Uruguay.

 

 1 Declaración Persona humana (PH) acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, 29 de diciembre de 1975 n. 8. Son fuentes ineludibles del Magisterio: La constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (1965): Gaudium et Spes (GS), especialmente en los números 47-52; la exhortación apostólica Familiares Consortio (FC) (1981) sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual; El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) nn.2331-2400 (Respecto a la homosexualidad, cf. 2357-2359) .

  2 Carta de los derechos de la familia, Preámbulo B.

  3 Encontramos una buena referencia en la declaración Persona Humana (nn. 1-6).

 4 Carta de los derechos de la familia, art. Ic.

 5 En la Sagrada Escritura están condenadas como graves depravaciones e incluso presentadas como la triste consecuencia de una repulsa de Dios (Rom 1,24-27: "Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío." Véase también lo que San Pablo dice de "masculorum concubitores" en 1Cor 6,10; 1Tim 1,10). Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso (PH 8).

 

Catecismo de la Iglesia Católica

Castidad y homosexualidad

2357. La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (Cf. Gén 19,1-29; Rom 1,24-27; 1Cor 6,9-10; 1Tim 1,10), la Tradición ha declarado siempre que "los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados" (CDF, decl. "Persona humana" 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358. Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente radicadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359. Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.