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Entrevista:
Tacurú: la reciprocidad en el compartir Umbrales conversó con el p. José María Tejero, uno de los tres salesianos que en 1988, a instancias de la Inspectoría Salesiana de Uruguay, fundara el Proyecto Tacurú, del cual es actualmente encargado de Pastoral, teniendo a cargo tres proyectos: apoyo pedagógico, mantenimiento y escuela de deportes. Con sencillez y sonrisa acogedora, Tejero accedió a compartir algo de la vida de este proyecto, que desde hace casi veinte años realiza una tarea de promoción en una zona marginal de Montevideo.
¿Cómo surge esta obra y con qué finalidad? Tacurú surge como fruto de un Capítulo Provincial Inspectorial, en su deseo de conversión hacia los pobres, con un signo eficaz y participativo hacia el mundo de los pobres y de los jóvenes. Nuestras obras educativas siempre nacían en los barrios pobres, pero al ir extendiéndose la ciudad, iban quedando en el centro. Por lo que cada obra tenía que hacer un "exódo", hacia los lugares donde la presencia de los jóvenes pobres fuera desafiante. Así algunos crearon merenderos, oratorios, centros de evangelización, apoyo escolar, etc... Y toda la Inspectoría eligió una presencia que iba a ser el signo significativo de la misma, y así apareció TACURÚ en el año 1988, en el centenario de la muerte de Don Bosco.
¿Qué significa Tacurú? Tacurú es una hormiga y un hormiguero. Como un símbolo. Una hormiga muy laboriosa que cuando es atacada se une a otras y se defienden juntas. Ese signo de unidad y de trabajo quería ser la propuesta a los "tacurusitos": estar unidos para ser más fuertes y trabajar mejor.
Los centros salesianos más bien son de tiempo libre, y aprovechando ese espacio se les hace la propuesta de reflexión, de anuncio del evangelio. Pero allí pronto nos dimos cuenta que lo importante no era tanto el tiempo libre para la diversión sino el cómo llevar un poco de pan, de trabajo a la casa. Se empezó con artesanías de yeso que se llevaban a la Gruta de Lourdes para ser vendidas; con la fabricación de palillos para la ropa que una fábrica vecina nos propuso hacer; con el armado de las lapiceras Bic, etc... Y de acuerdo a la producción ganaba el chiquilín; de manera que aprendían el valor del tiempo para aprovechar un medio útil... por ejemplo, había que sacrificar el recreo, esa experiencia era fundamental, era un logro notable... Me acuerdo algunas frases como "hoy le pagué la garrafa a la abuela". Un día el Intendente Municipal le propuso al p. Mateo, que los chiquilines barrieran las calles del barrio. Al principio los chiquilines no quisieron, tenían miedo de que se les rieran, pero finalmente, con dificultad, se consiguió la primera cuadrilla de doce. Después al ver los resultados y evaluarlos, la experiencia se fue extendiendo.
¿Qué actividades realizan hoy? Se sigue con el barrido, que es lo principal. Pero después salieron otras actividades, por ejemplo una de las más completas es lo que llamamos el "realojo", que consiste en hacer las viviendas de emergencia, pero no sólo hacerlas, sino que los "tacuruses" que trabajan en ellas tienen cursos para aprender los oficios. Por ejemplo, se explica sanitaria o electricidad al mismo tiempo que se realiza la práctica en la vivienda, y por supuesto la albañilería. Todo eso es muy rico, porque después de ocho meses, o un año y medio en que se levanta un barrio, el chiquilín sale casi oficial o medio oficial y esto le da una seguridad. Eso es lo más rico que hemos hecho. Está también la biblioteca; se mantienen las instalaciones de AEBU; además se hacen tareas de traslado, arreglo, limpieza, y todo trabajo que pueda constituirse en la primera experiencia laboral de un chico o una chica, que le permita luego, con esa referencia, acceder al mercado de trabajo.
¿Ése es el objetivo de Tacurú? Bueno, no sólo eso, sino que durante esa experiencia vayan adquiriendo otros valores. Como decía Don Bosco: formar un buen ciudadano y un buen cristiano.
¿Cómo vives ese formar un buen ciudadano y buen cristiano? Como un desafío muy amplio y no fácil de alcanzar. Yo creo que lo primero que ellos tienen que percibir, y no es fácil, es el testimonio de los cuatro salesianos que estamos, de los maestros, los médicos, la cocinera, la portera, los psicólogos, los asistentes sociales, en fin, de toda la comunidad educativa, el testimonio de una fe esperanzada en el amor. Amor que tiene mil caras. Desde la calidad con que se recibe a la gente que se acerca, la simpatía, la empatía, la delicadeza, en fin, hacer que todo esté impregnado del espíritu de familia de Tacurú. Ese testimonio es un desafío y es lo primero. Luego, que vean que no sólo es un amor de simpatía y empatía, sino eficaz, que busca darles instrumentos, transformarlos, ayudarlos en ese crecimiento. Por eso hay apoyo escolar, escuela, psicólogos, deporte, campeonatos, nuevas oportunidades de trabajo. Se intenta que realmente el hormiguero esté moviéndose. Que haya una solidaridad activa que haga que cada uno tenga lo que necesita para vivir con alegría, bien, en comunidad. Eso es lo que queremos que cuando llegan a Tacurú, experimenten en primer lugar. Ahora, el anuncio explícito, ese es el gran desafío. Es una propuesta que hacemos en diversos ámbitos. Ya desde hace un par de años nos hemos propuesto darle mayor consistencia. También tenemos una gran cantidad de Iglesias Evangélicas alrededor, no siempre "malas". Entonces intentamos ayudar a que, lo que ellos creen, lo crean bien, y vivan coherentemente. Áun nos queda mucho por hacer. Una de las formas es invitarlos a asociarse a nuestras tareas promocionales, evangelizadoras, a la escuela de deportes, al Oratorio. También están los animadores y preanimadores, que son tacuruses más grandes a los que se les ha despertado el deseo de ayudar, de dar a otros lo que ellos recibieron. Para el chiquilín no hay nada más desafiante que su propio vecino lo contagie desde su testimonio. Estos animadores se están formando junto a otros de otras zonas y estratos sociales, lo que los enriquece. En ese clima surgen nuevos sueños. Es un gozo ver cuando un tacurú vuelve con su esposa, con su hijo, orgulloso. Ver cómo estos muchachos que han sido tan golpeados pueden luego querer tanto. Y eso es, muchas veces, fruto de lo que desde Tacurú han recibido, de las experiencias, de los paseos, los campamentos, las revisiones de vida que hacían juntos.
¿Qué aspectos o qué imagen de la vida de Jesús motivan tu tarea? La imagen del Buen Pastor, como lo leemos los salesianos. Jesús, el pastor que no está en la cátedra, sino compartiendo la vida. Siendo lo que uno es, pero lo más cercano posible. Con simpatía, con amistad, con amor, compartir esa cercanía. Poder, en cosas muy pequeñas, testimoniarles la admiración, el asombro por lo que son. Cómo habiendo pasado hambre, frío, violencia, etc. y con tan poco, pueden vivir tan alegres, tan solidarios. También en el intercambio diario aportando algún consejo, alguna iluminación que los ayude a vivir con sentido. Es esa imagen de Jesús Buen Pastor que sale al encuentro, que dice: "yo estoy con ustedes, no tengan miedo". Buscar la reciprocidad en el compartir, con ganas de que se dé la alegría de la fiesta de la gratitud. Porque no es una cosa extraordinaria, a veces es mirar y sonreírse, jugar un partido de ping- pong, sentarse y charlar un poco. El pastor que en la diaria va tejiendo esos hilos casi invisibles de relacio-namiento, de apoyo, de decirle "yo estoy contigo". Mi lema sacerdotal es "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", es decir: "Yo soy el camino verdadero que lleva a la vida", y este camino es Jesús Buen Pastor.
Silvia Labarthe, mci |
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