P. JUAN VIVES SURIÁ

 

Un sacerdote de carne y hueso

Juan Vives Suriá, nació en Barcelona (España). Siendo muy joven se trasladó a Venezuela (1949), país en donde se ordena como sacerdote. Ejerce sus primeros pastorados en las poblaciones de El Callao y en Quiriquire, donde despierta su sensibilidad cultural, social, política y espiritual por Venezuela y por los demás países latinoamericanos. Se desempeñó como director nacional de Cáritas, así como director de la Comisión Católica Venezolana de Migración.

En 1978, "ante un continente bajo dictaduras militares que practicaban el terrorismo de Estado (desapariciones, torturas, exilios)" -como él solía repetir- se creó en Caracas la comunidad ecuménica FUNDALATIN (Fundación Latinoamericana por los Derechos Humanos y el Desarrollo Social), inspirada en los postulados de la Teología de la Liberación latinoamericana. Así como también impulsó la creación de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAN).

 

En 1987, recibió a nombre de FUNDALATIN, el premio Mensajero de la Paz de las Naciones Unidas, en donde dijo, entre otras cosas: "No vine a recibir el Diploma Mensajeros de la Paz de las Naciones Unidas, que nos honra, sólo para adornar nuestra sede en Caracas, sino para repetir desde la Capital de las Naciones Unidas lo que decimos a diario en toda Venezuela y en toda la Patria Latinoamericana, sumida hoy por una deuda ...no contraída por el pueblo ni para el pueblo...La deuda es como una ocupación sin tropas de nuestras economías, que ha herido de muerte la democracia y nuestra soberanía..."

 

Juan Vives se mantuvo como Presidente de FUNDALATIN, hasta el día de su partida. Considero que con algunos calificativos, plasmo algo de la imagen de quien fuera querendón de esta patria de Bolívar y del resto del terruño latinoamericano:

 

Solidario: Juan encarnó en sus palabras y en sus acciones la solidaridad por los sectores más desa-sistidos de Venezuela y del resto del continente. Hay líderes religiosos y líderes politiqueros que distraen al pueblo urgido, con falaciosas promesas. Juan no prometía, hacía lo que estaba dentro de sus posibilidades. Por eso definió la solidaridad como "la dimensión política del amor para hacer un mundo más humano y justo" (De su ponencia "Esta Paciente Llamada Venezuela: visión de un cura", publicada por FUNDALATIN).

 

Sensible: Se detenía en la carrera de sus muchas ocupaciones, para conversar con el alcoholizado, con la persona que le solicitaba una limosna y compartía lo poco que tenía; o bien, para escuchar la solicitud de alguien que le pedía algún favor. En la ponencia ya citada, cuenta que en El Callao rezó con una prostituta que le solicitó una asistencia espiritual. Era sensible ante los detalles aparentemente insignificantes. "Una sociedad sin ternura necesita una terapia espiritual profunda para poder reconstruir los lazos de humanidad..." (Palabras compartidas por Juan Vives en el XXX Aniversario del Centro de Psiquiatría El Cedral).

 

Creativo: Juan Vives creía en aquello que en algún momento acuñó magistralmente Aquiles Nazoa acerca de "las capacidades creadoras del pueblo". Juan, como parte del pueblo creador, vivía en un continuo parto por la creación de todo aquello que despertara la conciencia adormilada de los pueblos. De allí sus numerosas obras artísticas: Semáforo 2000, Nunca más, La Deuda E(x)terna, Despierta América, Una gran mujer en tiempo de crisis, La Utopía de Belén (teatro), La Cantata Angostura, Petróleo y cambio, y Otro mundo es posible: del terrorismo a la paz (este último video estrenado en el Teatro Teresa Carreño, pocos días antes de su muerte). Creativas eran sus homilías, al contextualizarlas magistralmente en la realidad de la palpitante Venezuela, de los demás países latinoamericanos y del mundo.

 

Ecuménico: Juan no era un teórico del ecumenismo. No creía en el ecumenismo de cúpulas, fueran estas católicas o protestantes. Creía en el ecumenismo que se sustenta en las mismas bases de las comunidades cristianas que se multiplican por los caminos populares de América. Él solía hablar del ecumenismo como el hábitat de toda la creación. Juan nos acompañó, una que otra vez, a participar en el acto sacramental de la Eucaristía en la Iglesia Presbiteriana "Príncipe de Paz" (Santa Mónica). Disfrutaba de nuestra liturgia como si estuviera en su propia Comunidad de Fe.

 

Humorista: El p. Juan Vives, era una persona profundamente alegre. En cualquier espacio festivo, tenía a flor de labios algo jocoso que compartir. En una que otra de sus obras exterioriza la capacidad de romper la monotonía, con una palabra o con una frase humorística. Cuando hacía la observación de que nuestro continente estaba a merced de las dictaduras militares en la década de los 70; nos recordaba, que éstas, para justificar el terrorismo de Estado, decían que era "para salvaguardar, la civilización occidental cristiana amenazada por el marxismo". El humor lo reflejaba Juan, cuando impostaba la voz burlonamente al leer tales declaraciones.

 

Humano: En el campo religioso, hay una ligera tendencia a escudarnos detrás de la sotana o detrás del cuello clerical, para ocultar lo que verdaderamente somos. Los que conocimos a Juan, bien podemos confesar, que no ocultó sus debilidades de ser humano, detrás de sus vestimentas religiosas. Juan no fue sino eso: Juan Vives, un sacerdote de carne y hueso, con las debilidades que caracterizan a todo ser humano. Lo humano no le era extraño. En víspera de su partida hacia el largo camino de la Eternidad, hizo la siguiente confesión:

"Perdón, Señor:

Por los pecados que han afectado a mis hermanos y hermanas,

y a tu proyecto de Vida. Perdón, perdón, Señor.

Desde la Casa del Padre,

seguiremos caminado junto con María, nuestra Madre,

para realizar en la tierra el sueño de Dios."

 

Terminó la solicitud de perdón, haciendo suya la frase de San Agustín:

"Una flor se marchita,

una lágrima se evapora,

una oración sube a Dios."

 

PRIMER ENCUENTRO ECUMÉNICO LATINOAMERICANO Y CARIBEÑO DE ESPIRITUALIDAD Y DIMENSIÓN POLÍTICA DE LA FE

Con ocasión del 1er. Aniversario de la Siembra del p. Juan Vives Suriá, se desarrolló el I Encuentro Ecuménico Latinoamericano y Caribeño de Espiritualidad y Dimensión Política de la Fe, en el Salón Simón Bolívar de la Universidad Bolivariana de Venezuela, (Caracas) del 23 al 26 de junio. Se contó con la participación de 838 personas, y con la presencia de 10 invitados de otros países, todos representando a las comunidades de la fe Católica, Anglicana, Pentecostal, Presbiteriana, Luterana, Evangélica y Discípulos de Cristo. El Encuentro reflejó la motivación e intereses de los pueblos de América Latina sobre la interrelación de la espiritualidad y la dimensión política de la fe. Se entendió por espiritualidad liberadora los grandes sentimientos de amor que, desde la opción por los/las pobres, quiere llegar a un amor universal por la humanidad. "Esta fe en el Evangelio de Jesús que nos lleva a esa espiritualidad nos exige un compromiso con la transformación política, económica, cultural y social de nuestros pueblos. La espiritualidad así entendida tiene que comprometerse en una pastoral de acción liberadora que sirva de agente de integración y unidad de los pueblos de Nuestra América, desde una identidad ecuménica cristiana.

Se observó la necesidad de desarrollar una práctica teológica del amor que cultive la cultura de la paz con justicia y que ataque la cultura de la corrupción. Por tanto, nos comprometemos a promover la reconciliación de los pueblos, dentro del marco de la justicia".