Nuestra identidad

en un mundo globalizado

 

 

Siempre hubo cambios en la historia humana.

Lo característico de nuestra época es que cada cambio,

aunque sea nacional o local, tiene consecuencias a nivel planetario:

no es extraño que se hable a menudo de "globalización",

un concepto que apareció hace 40 años gracias al desarrollo

de la comunicación, y que ahora alcanza también

los temas económicos, políticos y culturales.

Esta realidad es básicamente positiva: nos hace mirar

con mayor atención a nuestros comportamientos y actitudes que,

aunque no lo queramos, afectan no sólo a nuestros familiares

y vecinos, sino también a los que viven en Australia o en China.

Sin embargo, no es difícil detectar las contradicciones

de un discurso sobre la globalización que tiene un único sentido:

¿por qué en el mundo globalizado se sigue subrayando

la importancia de las naciones?

¿Por qué en lugar de conocer y respetar cada cultura
del mundo globalizado, hay que hablar un único idioma cultural?

¿Por qué sostener la justicia de una guerra contra un pueblo

(de cualquier pueblo) que en realidad es mi vecino?

Para vivir en paz en mi entorno

¿es preferible dialogar o pelear con mi familiar o mi vecino?

A raíz de estas y muchas otras contradicciones

se nos propone el pobre objetivo de homologar el mundo

hacia el aumento de poder y riqueza de quienes ya los tienen,

sacrificando sobre este altar la diversidad de espiritualidades,

expresiones de fe, culturas e historias de pueblos

que en realidad son el resorte de una vida rica en sentido.

América Latina se presentaba,

hace unos años, en esta etapa de la vida del mundo,

con una unidad no sólo de idioma,

sino de fe y valores cristianos que ahora parece no tener más:

la identidad cristiana necesita ser más evidente

en las opciones sociales de nuestras iglesias

si quiere dar su aporte original a nuestro tiempo.

Las comunidades cristianas necesitan estar más comprometidas

en los grandes temas de la justicia, de la paz y de la ecología;

tomar posición sobre los movimientos contra la globalización

presentes en nuestro continente,

yendo más allá de denuncias genéricas.

Jesús nos invita a tomar en serio los signos de los tiempos:

en lugar de gastarnos en denuncias vacías y llantos inútiles,

¿no tendríamos que preguntarnos por qué la Buena Noticia

se arrinconó sólo en lo individual?

O ¿qué significa hoy "salir de la sacristía"?

 

Francesco Bottacin