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HNA. DOROTHY STANG El recuerdo vivo de la hna. Dorothy
S ucedió en Anapu, al suroeste del estado de Pará (Amazonia), unos días después de haber denunciado a las autoridades las amenazas de muerte hacia su persona y otros compañeros; amenazas que ella sufría de manera permanente desde 1999. Vivió casi la mitad de su vida en Amazonia (más de 30 años). Los autores del crimen actuaron bajo el mando de un conocido empresario maderero, por la suma de 50 mil reales. La hermana salía del asentamiento "Esperanza" para una reunión con los campesinos, cuando ella y otra persona (que se escapó y se refugió en la selva) fueron cercados por dos pistoleros. Estos la amenazaron con las armas y ella contestó que su única arma defensiva era la Biblia; la sacó del bolso, pero enseguida le dispararon.Es el primer asesinato durante el gobierno de Lula de un integrante de la CPT, que es un organismo que depende de la Conferencia Episcopal Brasileña y cuyo presidente es el obispo Tomás Balduino. La CPT respondió con indignación denunciando como "la codicia de terratenientes y madereros en la región no respeta a nadie ni a nada. Si la vida de una religiosa de 73 años es eliminada de esta manera, todos pueden imaginar cómo son tratados los trabajadores y trabajadoras del campo". En Anapu, Dorothy promovía un Proyecto de Desarrollo Sustentable que beneficia hoy a 600 familias. Con este proyecto los campesinos se agrupaban para trabajar juntos la tierra, preservando la mayor parte de ésta sin deforestarla como respuesta al clamor mundial por la necesidad de conservar el medio ambiente de la selva amazónica. Los madereros, por su parte, no cesan de atacar a los campesinos para seguir cortando madera en forma indiscriminada; queman sus casas, los amenazan y les disparan. El ambiente y el clima son reflejados por las palabras de un latifundista de esa región: "Dorothy Stang no era ninguna santa; es su culpa si murió de esa manera. Durante 20 años nos creó problemas. Se hizo odiar porque incitaba a los campesinos a invadir propiedades". El obispo Erwin Krautler acusó de "criminales"a los "fazendeiros" y comerciantes de madera, exigiendo justicia. Justicia que no fue posible en el caso de la monja Adelaida Molinari hace 20 años en Eldorado do Carajas cuando intentó impedir que un pistolero disparara sobre un dirigente rural y ella misma fue asesinada. El obispo Pedro Casaldáliga acusó al gobierno de "olvidarse de pagar la deuda social a la gente que sufre hambre, está desocupada y vive en la inseguridad permanente". Entre los años 1985 y 2001, el 40% de los asesinatos de trabajadores rurales de todo Brasil, se dieron en el estado de Pará. En este estado desde 1987 hasta hoy hubieron 520 asesinatos de campesinos y líderes rurales, delitos casi todos impunes. Dorothy, que recibió varios premios y era ciudadana honoraria del estado de Pará, trataba de dar voz a las comunidades rurales, defendiendo el derecho a la tierra de los campesinos y exigiendo la reforma agraria. Luchaba para que el Estado se hiciera presente en la Amazonia, donde rige la ley del más fuerte y denunciaba la complicidad de la policía con los hacendados y ocupantes ilegales de la región. Dorothy estaba preparada para todas las eventualidades. Cuando se le aconsejaba que se alejara de Anapu para proteger su vida, se defendía diciendo: "Son los campesinos los que corren riesgo de vida; ellos tienen una familia que sustentar. Yo no quiero abandonar la lucha de estos campesinos que viven en la selva sin ninguna protección". En una emocionante nota, la Conferencia de Religiosos del Brasil escribe: "La hermana Dorothy fue asesinada con seis tiros, de los cuales tres fatales y simbólicos. Una bala alcanzó su cerebro, otra su corazón y otra sus vísceras. Quisieron eliminar el pensar, el sentir y el actuar de esta pequeña, simple, humilde y anciana mujer. Su cerebro, su corazón y su útero eran una amenaza para el modelo inhumano de desarrollo practicado en la Amazonia". El asesinato suscitó una gran conmoción e indignación en el país y fue comparado con el asesinato hace 17 años de Chico Mendes, el gran defensor del Movimiento de los Sin Tierra. Dos años atrás Dorothy había declarado: "Las compañías forestales trabajan con una lógica de amenazas. Ellas elaboran una lista de líderes y luego aparecen segundas figuras para eliminar a esa gente. Si yo llego a recibir una bala, se sabrá exactamente quién lo hizo". Justamente la Asociación de Jueces Federales del país afirmó que ésta "fue la muerte más anunciada desde la de Chico Mendes en 1988". La noche antes de su asesinato, ella visitó una cabaña habitada por pistoleros para rogarles que no llevaran a cabo sus planes; los hombres se sorprendieron y le aseguraron que no iba a pasar nada. La realidad es que unos días después de la muerte de la religiosa, fueron asesinados el dirigente rural Soares de Costa Filho y el ecologista Dionisio Ribeiro. Todavía hay 40 amenazas de muerte, entre las cuales las de dos frailes dominicos, por parte de pistoleros a sueldo de empresas madereras que pretenden hacerse con tierras ajenas. Dos ministros del gobierno central estuvieron en los funerales populares de Dorothy; la gente la despidió diciendo: "¡Adiós Dorothy!", como a una compañera y hermana de familia. El gobierno de Lula envió a la zona 2.000 soldados, tomando medidas que muchos dudan puedan llegar a ser efectivas. El ministro de Derechos Humanos de Brasil, Nilmario Miranda, definió a Dorothy como "un mito, un símbolo en la lucha por los derechos humanos en Pará; una mujer y religiosa valiente". El obispo de Amazonia, Erwin Krautler, dijo de ella: "Llevó a cabo en su vida una opción radical por Dios y por los pobres; fue una enamorada de la Amazonia y luchó para que ésta fuera la tierra de todos y en especial de los excluidos, no de los depre-dadores". En una palabra, Dorothy molestaba a quienes se han apoderado ilegalmente de millones de hectáreas de tierras estatales que explotan a su antojo, echando a los campesinos y habiendo destruido ya por puro afán de lucro 25 mil kilómetros cuadrados de una selva que es vital para la humanidad entera. Dorothy a esa altura de su vida debería haber estado descansando de sus muchos años de trabajo y luchas; quiso entregar su vida, como Cristo, hasta el fin. A esa mujer pacífica, de fe, cuyo único ideal y alegría era seguir los pasos de su Señor sirviendo a los más pobres de Amazonia, la troncharon seis balas. A sus asesinos, la hna. Dorothy intentó leerles algunas líneas de la Biblia que llevaba consigo; no la dejaron terminar. Pero "la Palabra de Dios no está encadenada" (2Tim. 2,9). Como el grano de trigo enterrado y muerto, Dorothy descansa ahora en el seno de la tierra amazónica, en la espera de florecer en abundantes frutos de Justicia.
Primo Corbelli |
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