HERMANO ROGER:

 

"Esa pequeña primavera"

Hace 65 años, en 1940, el joven Roger Schutz llegaba a la colina de Taizé (cerca de Lyon, Francia) y pocos años después empezaba allí una experiencia nueva y revolucionaria por aquel entonces. Quería demostrar con los hechos que es posible la reconciliación entre Iglesias y personas de distintos países y culturas, unidas por la fe en Jesucristo e intentando reproducir algo de la primera comunidad cristiana de Jerusalén. El 16 de agosto pasado el hno. Roger murió apuñalado mientras estaba en oración.

Su abuela materna era una mujer de fe sólida y profunda, de confesión protestante, y durante la Primera Guerra Mundial, mientras sus tres hijos combatían en el frente, abrió su casa para recibir a refugiados, ancianos, mujeres y niños sin mirar de qué religión o nacionalidad eran. Sufría porque los cristianos se mataban entre sí y rezaba para que se reconciliaran y terminaran con las guerras. Ella misma acudía a menudo al templo católico. Este ejemplo de su abuela marcó profundamente la vida de Roger. Hijo de un pastor protestante, maduró su vocación durante una larga enfermedad de tuberculosis pulmonar. En su libro "Dios sólo puede amar", Roger recuerda que en su juventud le asombraba ver cómo los cristianos se referían a un Dios de amor y al mismo tiempo perdían tantas energías luchando entre sí. De a poco fue descubriendo su doble vocación: la reconciliación entre los cristianos y el ideal monástico como experiencia profunda de Dios. Estudió teología en la Facultad protestante de la Universidad de Lausana y sabía que desde Martín Lutero no había en las Iglesias de la Reforma ningún tipo de vida monástica. Por eso, a los 25 años abandona Suiza, su país de origen, para establecerse en Francia donde otra vez la guerra hace estragos, justamente cerca de Cluny, el gran monasterio católico de la Borgoña, en el pueblito de Taizé.

Cuenta el mismo Roger: "Llegué en bicicleta a Taizé. Era una aldea muy pobre donde no había carretera asfaltada, ni teléfono, ni agua corriente. Me indicaron una casa abandonada y una señora anciana me invitó a quedarme; se quejaba de la soledad y de los largos inviernos. Pensé que Dios habla a través de los pobres, y me quedé". Pero, debido a los avatares de la guerra, recién en la Pascua de 1949 logró concretar su sueño y reunir a siete hermanos protestantes dispuestos a comprometerse de por vida en el celibato, la vida en común y la oración. A esta comunidad se unieron más tarde otros hermanos católicos y ahora la comunidad ecuménica de Taizé cuenta con un centenar de hermanos católicos, luteranos, anglicanos y ortodoxos de unos 30 países; algunos son sacerdotes o pastores y otros religiosos, pero todos viven bajo la misma regla. No fue nada fácil esta experiencia y su éxito también se debió al apoyo del papa Juan XXIII y a su amistad personal con Roger Schutz. Éste fue invitado por el mismo papa a participar como observador en el Concilio Vaticano II; le impresionaron unas palabras de Juan XXIII: "No haremos procesos históricos. No buscaremos saber quién ha sido culpable o quién ha tenido razón. Solamente decimos: ¡Reconciliémonos!". Roger Schutz hizo suya esa palabra y a la entrada de la Iglesia de la "Reconciliación" en Taizé está escrito en varios idiomas: "¡Hermanos, reconcíliense! Los padres con los hijos, los esposos entres sí, los creyentes con los no creyentes, los cristianos con sus hermanos separados".

Desde 1957 Taizé y su Iglesia de la Reconciliación se convirtieron en un centro de espiritualidad para miles de jóvenes provenientes de toda Europa atraídos por esta nueva experiencia, instalándose allí con tiendas de campaña y participando de la oración en común con los hermanos tres veces al día. En el verano acuden hasta 6 mil jóvenes a la semana. En 1974 llegaron a reunirse en Taizé 40 mil jóvenes en ocasión del llamado "Concilio de los Jóvenes". En 1979 el hno. Roger lanzó la iniciativa de una "Peregrinación de confianza por toda la tierra", para comprometer a los jóvenes en la construcción de la paz y la reconciliación allí donde están. Empezaron así los encuentros anuales de fin de año, de cinco días, con decenas de miles de jóvenes católicos y protestantes en distintas ciudades de Europa (el último encuentro fue en Lisboa), con la participación activa de las diócesis y parroquias católicas. Cada año Roger publicaba en esta ocasión una Carta a los jóvenes, traducida en 50 idiomas. El hno. Roger se transformó así en "peregrino de la confianza" acompañando a estos jóvenes y visitando a sus hermanos que desde los años 50 se habían instalado también en otros lugares pobres del mundo desde Soweto (Sudáfrica) hasta Bangladesh, Calcuta, Haití, y Amazonia. En Taizé la comunidad sigue abierta a los jóvenes y los monjes están a disposición para la escucha. Viven de su trabajo y no aceptan donaciones de ningún tipo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres. El hno. Roger tenía 90 años y debido a sus dolencias andaba en silla de ruedas. Aun así no quiso faltar en Roma a las exequias de su amigo el papa Juan Pablo II y el entones card. Ratzinger sorprendió a todo el mundo al acercarse a darle la comunión. El 16 de agosto pasado, durante la oración de la tarde y frente a unos dos mil jóvenes en Taizé, una mujer desequilibrada se le acercó y lo apuñaló en el cuello. El día antes, el actual Papa Benedicto recibió una carta del hermano Roger donde se disculpaba por no poderlo acompañar a Colonia y le expresaba el deseo de verlo cuanto antes para manifestarle que "nuestra comunidad de Taizé quiere caminar en comunión con el Santo Padre". Efectivamente, Roger se había acercado mucho a la Iglesia Católica (uno de sus primeros compañeros, ya fallecido, el teólogo Max Thurian se ordenó como sacerdote católico aún quedando siempre en la comunidad).

El Papa recordó emocionado su figura en Colonia frente a los jóvenes y lo llamó "fiel servidor de Cristo" y "gran pionero de la unidad de los cristianos".

El card. Walter Kasper presidió las exequias en la Iglesia de la Reconciliación de Taizé, concelebrando los cuatro sacerdotes de esa comunidad y cantidad de obispos y sacerdotes. Estuvieron presentes autoridades protestantes, anglicanas y ortodoxas de toda Europa con la participación de 12 mil personas de los cinco continentes. Kasper presentó al hno. Roger como "uno de los grandes líderes y padres espirituales de nuestro tiempo". El nuevo prior de Taizé es el hno. Alois, que es católico y ya había sido elegido hace ocho años como sucesor del hno. Roger, que planeaba dejar sus funciones de prior este mismo año. Alois es miembro de la comunidad de Taizé desde hace 32 años y en esos días estaba en Colonia para las Jornadas Mundiales de la Juventud. Volvió para las exequias y en la ceremonia perdonó y pidió perdón a Dios por Luminita Solcan, "quien con un acto enfermizo puso fin a la vida de nuestro hno. Roger"; recordando las palabras de Jesús en la cruz, añadió: "ella no sabía lo que hacía".

Roger Schutz fue un místico y murió rezando; durante toda su vida predicó el amor y murió víctima de una violencia irracional. Impactaba a los jóvenes por su transparencia, sencillez, delicadeza y capacidad de comunicación. En su último libro había escrito: "Por mi parte, llegaría hasta los confines de la tierra para repetir una y otra vez que confío en las generaciones más jóvenes". Había recibido el premio Unesco de la Educación para la Paz en 1988; instaba a los jóvenes a la no violencia, a la confianza y al compromiso. Su lema era: "Contemplación y lucha". Había creado en Taizé un clima de silencio, escucha de la Palabra y una forma de orar cercana a la gente. Todos hablan hoy de la belleza de los cantos, de la música y de las liturgias de Taizé donde los salmos se hacen inteligibles y populares. Juan Pablo II peregrinó a Taizé en octubre de 1986 y dijo allí estas hermosas palabras: "Se pasa por Taizé como junto a una fuente. El viajero se detiene, se refresca y continúa su camino". Y recordó otras breves palabras del papa Juan XXIII: "¡Ah Taizé, esa pequeña primavera!".

Primo Corbelli.