ARGENTINA

La renuncia de un obispo

 

La Junta Directiva de la Conferencia Argentina de Religiosas y Religiosos publicó una importante reflexión sobre el caso del obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone, cuya renuncia fue inmediatamente aceptada por el Papa debido a un video clandestino que lo filmó en una relación íntima con un joven mayor de edad; el propio obispo admitió esa situación, pidió perdón a sus sacerdotes y presentó la renuncia.

El escándalo adquirió dimensiones aún mayores cuando se supo que el hecho había sido provocado por una jugada política en contra de un pastor que se había caracterizado por su compromiso pastoral con los pobres, los derechos humanos y su fuerte cuestionamiento al régimen corrupto de la provincia de Santiago del Estero. Con valentía y claridad, los religiosos de Argentina afirman "no querer reducir la responsabilidad del obispo en el hecho, pero sí ubicarlo en su verdadera gravedad moral". Para los religiosos "lo más grave del caso es la evidencia de un poder económico y político que desconoce todo camino ético y utiliza el espionaje, la violación de la privacidad y la extorsión, como herramientas para asegurar la permanencia del estado de explotación y chantaje" en una provincia pobre como es la de Santiago del Estero.

Siguen diciendo los religiosos: "La gravedad moral siempre se mide por el daño a las personas. El daño de la corrupción política, de la perpetuidad en el poder de los mismos intereses políticos y económicos, de la manipulación y la violencia es seguramente más grave" e involucra a toda la sociedad. Recuerdan cómo por otra parte los religiosos y los pastores "estamos llamados a ser testigos del amor misericordioso de Dios pero no de nuestra propia perfección humana, ya que no somos carentes de vulnerabilidad y debilidad. El verdadero testimonio que podemos dar es el reconocimiento del error, el pedido de perdón y la voluntad de dejarnos transformar por la gracia de Dios". Invitan a no juzgar con ligereza ya que "la persona es mucho más que un acto o algunos de sus actos. No podemos mirar este hecho desvinculándolo de una vida entregada al pastoreo y al servicio generoso del pueblo".

La misma Comisión Directiva del Episcopado, aun repudiando evidentemente el hecho en sí, expresó su acompañamiento "al hermano con afecto , comprensión y oración", reivindicando su compromiso social y religioso a lo largo de su actividad pastoral. Carlos Maccarone hace tiempo se sentía perseguido y vigilado; su predecesor, el obispo Gerardo Sueldo falleció en 1998 en un oscuro accidente de ruta que para muchos fue un asesinato (hay una causa judicial abierta en este sentido) por parte del caudillismo mafioso de la provincia.

No faltaron los que, habiendo tolerado en otros tiempos posturas más antievangélicas por parte de determinados pastores, hubieran preferido en este caso una condena mucho más severa y que se tapara todo el hecho; como tampoco faltaron los que volvieron sobre el tema del celibato y la doble moral en la Iglesia.

Por su parte, el obispo Maccarone, en una carta que dirigió a los obispos argentinos, pidió "disculpas y perdón" aceptando la responsabilidad por su inconducta moral, pero reiteró lo que ya había adelantado a muchos de sus amigos, ante quienes sostuvo que no ha tenido una "doble vida"... "mi vida no fue una mentirosa apariencia".

El acontecimiento en el que se vio involucrado -sostiene- "fue preparado por intereses y métodos tecnológicos que implicaban un proceso de extorsión".

La enseñanza del caso Maccarone la resumió quizás mejor que nadie el arzobispo Carmelo Giaquinta: "No es bueno hacer de este caso una tragedia, pero tampoco disimular el dolor que ha provocado en la Iglesia, las causas que lo motivaron y el escándalo de los fieles. Es preciso elaborarlo para que en vez de paralizar, se convierta en energía para continuar la marcha. La Iglesia debe evangelizar aún con la caída de sus hijos más prominentes".

.