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Héctor Numa Moraes
Dios hizo todas las cosas (Letra y música de Héctor Numa Moraes)
Dios hizo todas las cosas, y no las necesitaba, las hizo porque me amaba, después puso cada una, en su lugar sin trabajo, arriba estrellas y luna, frutas y flores abajo, porque yo las miraría, las puso pues me quería.
Y Dios hizo las naranjas, y no las necesitaba, las hizo porque me amaba, y también las mariposas y los bichitos de luz, pudieron no ser hermosas, pudieron no tener luz.
Hizo amaneceres rojos y no los necesitaba, los hizo para mis ojos, la lluvia con sus rumores, el viento, el bosque, el sonido, y los pájaros cantores, los hizo para mi oído.
Dios hizo todas las cosas, y no las necesitaba, las hizo porque me amaba. ¡Gracias Dios por darme la vida! Antes yo no lo sabía.
Esta canción parece escrita como para un niño, y sin embargo su sencillez no lleva al autor a caer en un mensaje infantil ni simplista, es el mensaje de un contemplativo. Héctor es un hombre de tierra adentro, y aunque vive en la ciudad su lenguaje es el del hombre de campo que sabe maravillarse ante lo que ve. Sabe ver con el corazón, contempla la belleza de la creación de Dios, y descubre cuántas cosas hermosas y necesarias para la vida están a su alrededor. Pero al contemplar la creación no la ve como un mercader que utiliza los bienes de la naturaleza para producir o vender. La ve como el hombre que se sirve de los dones que Dios le concede, pero que sabe descubrir su belleza. Las mariposas y los bichitos de luz, aparentemente no tienen para el hombre utilidad práctica, como los amaneceres rojos o las estrellas, sin embargo son hermosos, y elevan su espíritu y su ser hacia Dios. Hasta aquí pueden llegar muchos poetas que quieran recrearse con la belleza de la naturaleza, pero Moraes da un paso más: afirma que Dios no hizo lo que creó para su propia utilidad o contento. Dios hace las cosas por amor al ser humano, para que sea feliz. Afirma, lo que Santo Tomás de Aquino ya había afirmado. Que Dios no hizo a los seres creados porque necesitara de ellos o porque se sintiera solo, sino para compartir su belleza y bondad, para alegrar a otros seres con lo que él podía crear. Lo hace por amor a la propia belleza y al ser humano, al que crea a su propia imagen. El amor del Señor es totalmente desinteresado y gratuito, no calcula ni espera retribución; es puro don y entrega. Numa Moraes descubre esta profunda verdad desde su corazón de poeta. Conociendo a este querido cantante uruguayo, y sabiendo que no era en principio un creyente, me pregunto si no habría llegado para él la hora de la conversión y de la fe. Al parecer la oración del párrafo final nos lo está señalando: "¡Gracias Dios por darme la vida! Antes yo no lo sabía."
E. O. |
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