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OPINION El búnker del miedo
Algunos han criticado la película "La Caída" porque la interpretación magistral que realiza el actor Bruno Ganz nos muestra a un Hitler trágico y humano, hasta tierno en algunos aspectos con su secretaria personal, con su perra, e incluso unos hermosos niños, hijos de Goebbels, uno de sus sumisos y fanáticos seguidores. También por supuesto se muestra alucinado y loco, delirante en su locura y miedo a la derrota, y al lugar que ocuparía en la historia. Sí, este Hitler teme lo que la historia posterior pueda decir de él. Los que critican esta visión dicen que este Hitler es "demasiado humano" y que en realidad era un paranoico con instintos asesinos, y que sólo eso justifica lo que hizo. Mario Benedetti decía en cambio que los "monstruos" de la historia humana, los torturadores y dictadores sangrientos no son más que seres humanos extraviados. Pero, ¿cómo es posible que casi todo un pueblo, incluso formado en la fe cristiana, fuera capaz de aceptar una brutalidad y degradación tan grande? ¿Es que acaso ignoraban lo que hacía Hitler? Así lo afirma la secretaria del dictador en el libro testimonial escrito por ella en el que se basó la película. Pero luego ya al final de la película y en una escena en la que se la ve muy anciana, reconoce que en realidad ella y muchos de sus compatriotas "no lo querían ver" y que su ignorancia no tiene excusa. La explicación la podría dar el psicólogo norteamericano Eric Fromm en un brillante análisis del nazismo llamado "El miedo a la libertad" en el cual explica que el pueblo se sintió reconocido por Hitler, porque él apeló a echar las culpas de la ruina de Alemania a los judíos y a una conspiración internacional, en lugar de reconocer que gran parte de la culpa estaba en su "propio miedo a la libertad". Lo que aparece en la película ocurrió tal cual se muestra; es una descripción detallada de lo sucedido en el Búnker donde Hitler se refugió. No hay grandes escenas de batallas en el exterior, aunque sí se ve algo de lo que ocurre. La película es casi claustrofóbica, pero ese mismo encerramiento contribuye a crear la atmósfera buscada, la del miedo de un pueblo que se negó a aceptar la responsabilidad de sus actos. Lo que plantea la película es que no se puede aceptar la teoría del pueblo engañado; porque salvo la única excepción de los niños, todos o casi todos podían saber lo que ocurría y lo aceptaban, por miedo. El racismo y la xenofobia, parte esencial de la ideología nazi, son un subproducto del miedo, y también la crueldad y la brutalidad. ¿O alguien alguna vez pensó que un torturador o un genocida es un valiente? Hay muchos personajes girando en derredor de Hitler y su situación. La película no muestra más que lo que el libro de la secretaria nos dice. Memorable es la descripción de las "Volksstrums", escuadrones suicidas formados por niños y ancianos, que armados toscamente con bazoocas y rifles de segunda categoría intentan detener a los tanques soviéticos. O la frivolidad de Eva Braun, la esposa de Hitler que organiza fiestas ruidosas, cuando los ejércitos soviéticos están a las puertas de Berlín, o la actitud del general que puesto al frente de la defensa por su valor y competencia, sorprendido pues esperaba que Hitler lo condenara a muerte, por no querer sacrificar a sus soldados, exclama asombrado: "Hubiera preferido ser fusilado." No es cinematográfico, todo esto ocurrió, es una muestra de la locura, no de uno, sino de todos los seres humanos, que en lugar de aceptar sus responsabilidades se refugian en el miedo, la prepotencia, y la falta de respeto a la vida del prójimo. Es cierto que los seres humanos somos imagen de Dios, pero también es cierto que somos capaces de las peores crueldades. Hay que aceptarlo. Puede ser discutible el tema elegido, pero esta película es un esfuerzo muy digno de respeto: es un intento valioso y honesto de encarar estos acontecimientos muy recientes que son una marca negra en la historia de la humanidad.
Eduardo Ojeda . |
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