Sofonías: el anuncio de la purificación

 

Sofonías parece un profeta sin importancia, ya que el volumen de sus escritos es muy pequeño, y sin embargo su importancia es muy grande, dado que elabora un concepto teológico que será esencial para la esperanza de Israel y de toda la humanidad. Se puede decir que lo que dijo Sofonías sólo se comprende plenamente a la luz del mensaje de Jesús y de su proclamación del Reino de Dios.

¿Quién era este profeta?

Estamos en el año 690 antes de Cristo. El Reino de Israel ya ha caído ante el poder de los Asirios, y sólo sobrevive con muchas dificultades el Reino de Judá. La amenaza asiria está más débil, pero el futuro se presenta muy incierto.

Acaba de morir el gran profeta Isaías, el que había sabido mantener la esperanza del débil reino de Judá ante el coloso Asiria y había guiado al piadoso rey Ezequías para detener el poderío de los asirios que por el momento habían renunciado a conquistar Jerusalén.

Pero el sucesor de Ezequías, su hijo Manasés, no resultó tan piadoso y recto como su padre, y terminó por asesinar cobardemente al profeta.

Ya no había profetas que molestaran a los poderosos y el pueblo de Israel ya no tenía quien le recordara que debía mantenerse fiel a la Ley de Moisés y a la Alianza del Señor.

El rey actual llamado Josías era apenas un niño, manejado por sus cortesanos, y si bien más adelante gobernaría con justicia, no podía en ese momento hacer mucho para revertir lo que sucedía. Los cortesanos que lo manejaban miraban con temor a Asiria, imperio en decadencia pero aún poderoso. Estos cortesanos regentes le rendían tributo, y estaban en combinación con ese imperio del Norte. Más tarde, cuando crezca, Josías se revelará contra ellos.

Las cosas no estaban bien, desde el punto de vista religioso y ético. Se seguía celebrando en el Templo de Jerusalén, el culto al Señor, pero era un culto vacío e hipócrita que no expresaba la fe del pueblo, era un mero culto formal y ritual.

Por otra parte, los más ricos esclavizaban a los humildes, y las injusticias crecían. Nuevamente el pueblo de Israel siguiendo el mal ejemplo de su clase dirigente se había apartado del Señor.

En ese momento se presenta Sofonías, hijo de Godolías a denunciar los crímenes del Pueblo y a anunciar la intervención de Dios. El "día de Yavé" en el cual él vendría a hacer justicia y a pedirle cuentas de sus pecados.

 

El juicio de Dios

"Así dice Yavé: Yo levantaré mi mano para castigar a Judá y a todos los habitantes de Jerusalén; extirparé todo lo que queda de Baal y borraré hasta el nombre de sus sacerdotes. Echaré fuera además a los que se arrodillan en las terrazas para adorar a las estrellas; a los que si bien adoran a Yavé, juran al mismo tiempo por Yavé y por Moloc...

He aquí lo que pasará el día del sacrificio de Yavé: Yo pediré cuentas a los ministros, a los hijos del rey, y a todos los que se visten a la moda extranjera. También pediré cuentas a todos los que saltan por encima del umbral del Templo del Señor sin pisarlo, y a los que lo llenan de violencia y robos.... Griten, habitantes del barrio hundido, pues ha desaparecido toda esa gentuza de comerciantes, han sido eliminados todos los que contaban la plata.

... Se aproxima el gran día de Yavé, ya está cerca, ya llega corriendo. Su solo estruendo es una cosa amarga, y hasta el más valiente grita lleno de terror.

Es un día de cólera, de angustia y de congoja, de destrucción y ruinas, de sombras y tinieblas, nubarrones y neblina" (Sof 1, 2-15).

Los destinatarios del castigo no son todos los israelitas sino los que se alejan de Dios, y sobre todo los que hipócritamente practican el culto a Dios y lo mezclan con prácticas supersticiosas y con la adoración de falsos dioses como Moloc, un dios cuyo culto era el más condenado por los profetas, porque consistía en sacrificios de niños recién nacidos que se ofrecían al dios cananeo.

Por eso Yavé presenta su día de juicio como un día de sacrificios en su honor. Los hombres y mujeres que han entregado sus hijos a Moloc, serán los sacrificados. Será la venganza de Dios a todos aquellos que han obrado el mal y esclavizado al Pueblo.

Debemos aclarar que cuando en la Biblia se habla de justicia y de castigo de Dios se habla de que Dios obra justamente castigando a los que hacen el mal y dañan a su prójimo. ¿Cómo lo hace?

La respuesta la da el apóstol San Pablo cuando recuerda el juicio de Dios contra los paganos: "Dios dejó que fueran presa de sus mismas pasiones vergonzosas... Como ellos juzgaron inútil conocer a Dios, él los abandonó a sus propios errores y juicios injustos, y así recibieron en su propia persona el castigo por sus crímenes." (Rom 1, 26)

No es Dios que castiga; ellos perecen y son castigados simplemente porque su propia maldad se vuelve contra ellos.

Estos mismos dirigentes políticos y religiosos que se entregaban a prácticas idolátricas y cometían injusticias contra los más humildes de su pueblo, acabarán muertos o exiliados cuando el Imperio Babilonio, invada el Reino de Judá años más tarde y otros terminarán sus vidas violentamente, cuando el rey niño Josías al que ahora dominan, siguiendo el consejo de otro gran profeta que vendrá después de Sofonías (el profeta Jeremías) les haga pagar sus crímenes desterrándolos del Reino, ejecutándolos y confiscando sus bienes mal habidos a causa de su traición.

El exilio que sufrirá Judá luego de la muerte de Josías no es una venganza de Dios, sino que Sofonías lo ve como una purificación necesaria.

Así como estaba viviendo, Israel no estaba cumpliendo con la misión que Dios le había encomendado, pues Israel debía traer la salvación y la bendición a todos los hombres según la promesa que Dios había hecho a Abraham (Gén 12,3).

Por eso el Pueblo debe pasar por la purificación de Dios y por su juicio.

El termino "sacrificio" que el profeta da a este hecho del exilio y la ruina política de Israel tiene este sentido. No sólo serán sacrificados los que sacrificaron a sus hijos al falso dios Moloch; sino que todo Israel será purificado mediante el Exilio, para retornar en una actitud espiritual de sincera conversión.

 

El "resto de Israel"

"Ese día, pueblo mío ya no tendrás que avergonzarte de todas esas faltas que cometes contra mí, pues de en medio de ti, yo arrancaré a aquellos que se jactan de su orgullo...

Dejaré dentro de ti un pueblo humilde y pobre, y en el Nombre de Yavé se cobijará el Resto de Israel...

Ellos serán apacentados como rebaño en paz, y nadie los molestará." (Sof 3,11-13).

Este pasaje compuesto de apenas 3 versículos será el fundamento de la teología de la época de Jesús y del mensaje del Salvador.

Todos los grupos religiosos anteriores al nacimiento de Jesús se constituían planteando la posibilidad de ser ellos mismos "el resto elegido de Dios."

Así, algunos como los esenios de familia sacerdotal, se habían retirado al desierto para purificarse, practicando el bautismo como gesto de arrepentimiento y purificación, porque querían ser "hijos de la luz" y miembros del resto de Israel.

Los fariseos (= "separados") se sentían el resto de Israel, ya que trataban de cumplir al pie de la letra la Ley de Moisés. Pero Jesús rechazaba estos criterios, porque pensaba que los que se sentían puros dejaban de lado la humildad, característica que Sofonías había puesto como distintiva y esencial de este pueblo pobre y sencillo, de este resto elegido de Dios.

Para Jesús, ese resto eran los "anawin", los pobres de Yavé , los que sólo ponían su confianza en Dios. Los que siendo pecadores, tenían la valentía de reconocerse como tales y aceptaban el camino del Reino. En el discurso de las bienaventuranzas inspirado quizás en la profecía de Sofonías, Jesús describe las características de quienes heredarán el Reino de Dios y son ese "resto elegido" (ver Mt 5,1-12).

Eduardo Ojeda