PADRE HURTADO:

 

"He visto a Cristo tiritar de frío"

El 23 de octubre Benedicto XVI canonizó en Roma al p. Alberto Hurtado, fallecido en 1952. Este primer santo chileno era un apasionado de Cristo y del Evangelio, y del compromiso social de los cristianos. Fue uno de los grandes precursores del Concilio, y de las opciones pastorales latinoamericanas.

 

El p.Hurtado fue discípulo del p. Fernando Vives, otro gran jesuita y apóstol social de Chile que había inculcado en él una gran sensibilidad social y misionera.

Recién ordenado sacerdote, el p. Hurtado estudió pedagogía en la universidad católica de Lovaina (Bélgica) y en 1936 volvió a Chile. Escribía: "Siento una inclinación muy fuerte hacia la acción social desde mis años de universidad; esta idea fue una de las que guiaron mi vocación". A los cinco años de volver a Chile y analizando las respuestas de los cristianos a los grandes problemas de la sociedad, escribió un libro que causó un verdadero terremoto: "¿Es Chile un país católico?". Este libro tuvo cuatro ediciones pero también cosechó muchas críticas e incomprensiones. Hurtado se había adelantado al famoso libro del abbé Godin: "¿Francia: país de misión?" que después de la guerra despertó en Europa muchas conciencias dormidas. Frente al revuelo y a las polémicas que causara su libro, Hurtado tuvo también apoyo y solidaridad por parte de significativas personalidades como su amigo el obispo de Talca, Manuel Larraín, que fue uno de los grandes inspiradores del Concilio y de Medellín. Hurtado sabía dar la cara y aguantar las consecuencias de sus denuncias. Lo golpeaba la frase de Pío XI: "El escándalo del siglo XX es que la Iglesia ha perdido la clase obrera". Su principal amargura era que el pueblo estuviera "persuadido de que la Iglesia se ha unido a los patrones y ha tomado partido contra él". En realidad el partido político de los católicos, tradicional defensor de la Iglesia, era en aquellos tiempos el Partido Conservador; este partido era tan reacio a las cuestiones sociales que se había rehusado a dar conocimiento y publicidad a la encíclica social de Pío XI: "Quadragesimo Anno". Gracias a jóvenes cristianos como Eduardo Frei y Clotario Blest y más tarde al p. Fernando Vives y al mismo Hurtado, apoyados por el obispo José María Caro, los católicos fueron desligándose del Partido Conservador y de la derecha política.

A nivel popular el p. Hurtado se hizo famoso con los "Hogares de Cristo"; en 1944 fundó el primero en Santiago para hospedar a gente sin techo, enfermos abandonados, ancianos, chicos de la calle..; él personalmente recorría de noche las riberas y los puentes del río Mapocho con su famosa camioneta verde para recoger a las personas. Ahora son más de 30 las hospederías en todo Chile, donde Cristo puede encontrar un hogar; porque, según decía Hurtado, "cada pobre es Cristo". La idea surgió de una repentina inspiración cuando predicando una tarde de invierno en un curso de ejercicios espirituales, le dijo a los presentes: "Anoche he visto a Cristo tiritar de frío, sin ropa y sin tener donde dormir..". Y llorando siguió diciendo: "Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres; duerme acurrucado bajo los puentes, en los huecos de las puertas... ¡Cristo no tiene hogar! ¿Se puede dejar morir de frío a Cristo presente en tantos niños que carecen hasta del calor del beso de su madre?". Fue una llamarada que sacudió a los presentes y desencadenó una formidable campaña de solidaridad; de allí surgieron los "Hogares de Cristo".

Y sin embargo, el p. Hurtado no se conformó con lo asistencial. Decía: "La caridad sin justicia no nos salvará de los abismos sociales; la caridad comienza donde termina la justicia", y se dedicó a impulsar la doctrina social de la Iglesia a través de la prensa, la radio, conferencias y libros. En 1947 viaja otra vez a Europa y se relaciona con los curas obreros de los barrios más bajos de París, con los hermanitos de Charles de Foucauld, con el p. Lebret, con el card. Suhard...; participa en las Semanas Sociales. Él mismo relata como en esa época pidió al Padre General de la Compañía de Jesús "que se me permitiera trabajar un tiempo como obrero de fábrica en Francia ya que en Chile me sería difícil; quiero conocer el sufrimiento obrero en forma más experimental". El 8 de octubre de ese año, en una audiencia privada entrega al papa Pío XII un memorial muy valiente donde afirma: "El clero y los obispos en Chile son piadosos y se preocupan por el bien espiritual de las almas pero no se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor. Frente al pueblo se presentan como demasiado ligados con el capitalismo... No se ve un esfuerzo para hacer pasar al terreno de las realizaciones prácticas la doctrina social de la Iglesia". Al papa Pío XII le pidió personalmente la autorización para fundar una organización sindical de inspiración cristiana para que los mismos obreros fueran los encargados de traducir en opciones y propuestas concretas la doctrina social de la Iglesia. Surgió así la Acción Sindical Chilena (ASICH) que el p.Hurtado lanzó con algunos laicos a ejemplo de las ACLI italianas, sin un sentido confesional estricto para que el mundo laboral recibiera un nuevo espaldarazo en su lucha por una sociedad más justa.

Hurtado captó como pocos los cambios que sacudían la sociedad y descubrió con gran lucidez que la solución "paternalista" o "asistencialista" no pasaba de ser un remiendo viejo en un paño nuevo y que había que ir a las causas luchando por estructuras más humanas y más justas, formando líderes capacitados como agentes de cambio. Esto le costó muchas incomprensiones; él mismo escribió: "El medio más seguro para incurrir en el disgusto de los hombres es recordarles sus obligaciones de justicia". En una carta a su Padre Provincial le escribía: "Los obreros no han visto a los católicos interesarse por sus problemas humanos; es una vergüenza que sus condiciones de vida miserable no nos muevan a practicar lo que Cristo nos enseña en la parábola del samaritano. El cristianismo será juzgado por nuestros contemporáneos por el realismo de nuestra caridad".

Habiendo sido nombrado asesor nacional de la Juventud Católica, supo contagiar a los jóvenes un gran amor a Cristo (su lema preferido era: "¿Qué haría Cristo en mi lugar?"), pero a los tres años tuvo que renunciar al cargo debido a resistencias y malentendidos. La causa fundamental fue que el p. Hurtado no ocultaba su oposición al Partido Conservador y se mostraba favorable al pluralismo político para los católicos como así también a la separación Iglesia-estado e impulsaba la que hoy llamaríamos Opción Preferencial por los Pobres. Escribía casi un libro por año y en diciembre de 1954 fundó la revista "Mensaje", revista católica que aún hoy se edita en Chile; no quería una revista piadosa, sino "una revista de vuelo que le diera a los laicos una formación religiosa, social y filosófica".

El 21 de mayo de 1952 sufre un infarto. Al mes siguiente se le diagnostica cáncer en el páncreas. Al enterarse de la noticia le dice a quién tenía al lado: "Me he sacado la lotería.. Por lo grande de la noticia, quiero que me ayuden a dar gracias a Dios; podré llorar por la emoción, pero me siento feliz.. Estoy como un viajero en el andén de la estación con las maletas listas esperando que pase el tren en el que viene a buscarme el Patroncito... Por favor, al verme morir no digan "pobrecito"; me encontraré con Dios, a quién he buscado toda mi vida". Pasó los últimos tres meses rodeado de inmensas demostraciones de afecto. Murió serenamente la tarde del 18 de agosto de 1952 animado por ese loco amor a Cristo que le hacía repetir todos los días y en toda ocasión con una sonrisa contagiosa: "Contento, Señor, contento". Tenía tan solo 51 años.

El p. Hurtado supo tener una vida mística de excepcional unión a Cristo. Decía: "El que ha mirado profundamente, una vez siquiera, a los ojos de Jesús no lo olvidará jamás". Tenía al mismo tiempo un avasallante compromiso evangélico a favor de los pobres, los jóvenes y la cultura. En las emocionadas palabras de despedida, su amigo el obispo Manuel Larraín dijo acertadamente: "Si silenciáramos su lección, desconoceríamos el tiempo de una gran visita de Dios a nuestra patria".

Primo Corbelli