¿Rejas o Solidaridad?

Es cierto que el tema de la Seguridad es uno de los que más preocupa

a nuestra sociedad y al mundo,

 y uno de los temas sobre los que más exigimos y reclamamos a nuestros gobiernos.

Nos preocupa que los delincuentes estén "bien encerrados",

porque eso nos da más seguridad...

Seguridad, aquello que todos los seres humanos buscamos.

Podemos asociarla a muchos ámbitos de nuestra vida,

a la seguridad de tener una identidad, una patria, un hogar,

un trabajo, una familia, y en el fondo a la seguridad

más básica y elemental de sentirnos amados.

Pero últimamente, por las cosas que pasan en el mundo y en nuestro entorno,

quizá, con lo que nos resulte más fácil asociarla

sea con la "seguridad de vivir en paz" o "tranquilos",

sin el temor a que nos roben, a resultar lastimados en una rapiña,

en un asalto, o aún peor, a que nos maten por unos pocos pesos.

La pregunta que tal vez no nos hacemos es: ¿qué nos llevó a vivir

en una realidad tan insegura? Nadie es tan ingenuo para no darse cuenta

de la violencia que nos rodea, pero ¿qué y quién la genera?

Dice Jesús: "el que quiera salvar su vida la perderá, pero

quien pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará

¿de qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su vida?" (Mc 8,35-36).

Sin embargo para "asegurar nuestras vidas",

seguimos generando un sistema social injusto.

Reclamamos por una inseguridad que nosotros mismos

(y no sólo el entorno social) ayudamos a generar.

Consumimos y desechamos cosas y personas,

priorizando nuestro bienestar individual al de los demás.

Nos quejamos por no sentirnos seguros, pero ¿qué seguridad tienen los niños que nacen

en la pobreza?, y ¿los que tienen que dejar la escuela y trabajar

para sobrevivir?, o ¿los que aprenden a delinquir desde niños

como modo de subsistencia, porque su casa es la calle?, y

¿las mujeres solas que trabajan todo el día por unos pocos pesos

mal pagados?, y ¿la gente explotada por los dueños de supermercados

con salarios de hambre y horas extras impagas?

Son muchas más las situaciones que en nuestra sociedad

ejercen violencia y generan inseguridad. Aunque no sea con un arma

o un golpe, se genera una nueva forma de violencia encubierta,

que lleva a un sistema cada vez más injusto y más inseguro.

¿No será tiempo de dejarnos nuevamente cuestionar por Jesús

y el evangelio y "perder" un poco nuestra "seguridad" para construir

una sociedad de iguales? ¿No tendremos que educarnos

en la honestidad y la justicia, relativizando "lo mío" o "lo nuestro",

para vivir más solidariamente? Quizás dormiríamos más tranquilos

y pensaríamos menos en las cárceles y en las rejas.

 

Silvia Labarthe