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NUNCA SIN EL OTRO: TEILHARD DE CHARDIN
Mística y ciencia
A partir de 1923, Pierre Teilhard de Chardin realiza varias expediciones científicas, que lo llevan a ser nombrado miembro de honor del Real Instituto Antropológico de Gran Bretaña y de Irlanda y de la Academia de las Ciencias de Francia. Fue un cristiano y sacerdote ejemplar, un sabio que amaba a la Iglesia, habiendo declarado: "Hace mucho tiempo que el interés verdadero de mi vida se centra en un esfuerzo por lograr un mejor descubrimiento de Dios en el mundo. Más ardiente, pero ésta es la única vocación que yo me conozco, nada podrá desviarme de ella". Murió en Nueva York el 10 de abril de 1955, manteniendo su fidelidad a la Iglesia a pesar de haber sufrido la censura de su obra. Sus estudios lo llevaron a afirmar y demostrar que la Ciencia y la Fe no se contradicen sino que se complementan en forma coherente, afirmando que la verdad científica sólo encuentra su descanso cuando se integra a Cristo. Sus fascinantes investigaciones y conclusiones fueron y son hoy, un desafío para el cristiano maduro y para el teólogo. Vivió entre el aplauso y el rechazo científico por un lado, y entre la fascinación de los que lo quisieron escuchar o leer; y también bajo la sospecha de autoridades eclesiásticas de diversos niveles y épocas. Intentó integrar tres universos que en esos tiempos de la por él denominada "Revolución Científico-Técnica", experimentaba cotidianamente escindidos entre sí: la investigación científica; la sistematización y reflexión filosófica (que en el momento de su formación oscilaba entre el positivismo francés y el idealismo alemán); y finalmente, su cristianismo católico. Decía: "Todo el problema humano, se resuelve en el amor de Dios". Otra de sus pasiones fue Cristo y la Materia. Sitúa a Cristo a la luz de los textos bíblicos que lo ven en el origen, en la constitución y en el final de toda realidad; a la luz de los textos litúrgicos que en el corazón de la Eucaristía se dirigen a Dios por Cristo, ya que en él "nos creas, santificas, vivificas, bendices y nos das todas las cosas". Estos textos que sitúan a Cristo en relación con la creación, están ahí desde siempre y Teilhard remite expresamente a ellos: "A Cristo se le ama como a una Persona y se impone como un Mundo". Presentó un cristianismo ligado al futuro, a la plenitud prometida por Dios y anticipada en la Resurrección de Cristo, amalgamando en una fascinante unidad las Ciencias de la Tierra y las Ciencias de la Vida: Dios, el mundo, la materia, la socialización, la esperanza y lo humano. Su pensamiento está disperso en 150 ensayos, cartas, notas; siendo sus tres dimensiones -el científico, el pensador y el místico- convergentes. Entre sus obras más destacadas encontramos "Himno del Universo". Durante su estadía en el desierto de Ordos (China-1923) durante una expedición científica, surgió la imposibilidad de celebrar la Misa. Era el día de la Transfiguración, fiesta por la que sentía especial predilección. Entonces reflexionó sobre la irradiación de la Presencia Eucarística en el Universo. Su fe en el misterio eucarístico no era sólo ardiente: era tan precisa como firme. "Cuando Cristo desciende sacra-mentalmente a cada uno de sus fieles, no lo hace sólo para conversar con él...; cuando dice, por mediación del sacerdote: ‘Éste es mi cuerpo’, estas palabras desbordan el trozo de pan sobre el que se pronuncian: hacen que nazca el Cuerpo místico entero... La Materia entera experimenta lenta e irresistiblemente, la gran Consagración". Estos textos dan testimonio de una plenitud de fe en la que se manifiesta el paulinismo auténtico y profundo del p. Teilhard. Todo esto, en su pensamiento, viene a incorporarse al sentido teológico más ortodoxo de la Santa Eucaristía. Después de su muerte, sus trabajos se tradujeron y difundieron, y el eco por lo que clamó en vida fue reconocido en el Concilio Vaticano II. La conmemoración del cincuente-nario de su Pascua, es una oportunidad para aproximarse a este jesuita que dedicó su vida a la fe y a la ciencia sin que las censuras padecidas lograran detener sus inquebrantables opciones. Tenía una espiritualidad poco común; al final de su vida, su Superior General le comunicó su alegría por encontrar en él a un "hijo abierto y lleno de confianza, animado siempre por los mismos sentimientos sobrenaturales...". Fue un auténtico testigo de Jesucristo, como lo reclamaba su tiempo. En 1926 escribió: "No basta con que yo muera comulgando. Enséñame a comulgar muriendo...". En una carta a un familiar, le decía: "Pide siempre a Dios que yo termine de modo tal que ese final... sea el sello definitivo de mi testimonio". Y también: "Reza porque yo ‘termine bien’ en conformidad con lo que he intentado predicar: esto significa cada vez más para mí la mayor de todas las gracias...". Su muerte, acontecida en el día de Pascua de 1955, parece confirmar que ese pedido de comunión presente en toda su vida, había sido escuchado. Gloria Aguerreberry
ALGUNOS PENSAMIENTOS
"En la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero". "El pasado me ha revelado la estructura del futuro". "Nada vale la pena de ser encontrado, sino lo que jamás ha existido aún". "Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma". "El perro sabe, pero no sabe que sabe". "Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos para Dios las energías del amor. Y ese día por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego". "Señor, yo querría ser por mi humilde participación, el apóstol y evangelista de nuestro Cristo en el universo". "Todas las comuniones de todos los hombres, tomadas globalmente, no forman sino una única y más vasta comunión..." "Que yo haga a Cristo más grande que todo, es exactamente la única cosa que se me puede reprochar...".. |
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