Miqueas: el profeta que anunció el nacimiento del Salvador

 

El Evangelio de Mateo (Cap. 2) nos cuenta la historia de los Magos de Oriente, que se dirigieron a Jerusalén, guiados por una "estrella". Ellos buscaron en el lujoso Palacio de Herodes el lugar de residencia del Mesías naciente, que la estrella anunciaba. Pero Cristo no estaba allí.

Los sabios escribas y estudiosos de la Escritura, citan entonces ante los magos una profecía del profeta Miqueas que dice: "Y tú Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me nacerá, el que debe gobernar Israel: sus orígenes se remontarán al pasado, a un tiempo inmemorial. Por eso el Señor los abandonará, hasta el momento en que la que debe ser madre, dé a luz a su hijo. Entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas. Él se mantendrá de pie y los pastoreará con el poder de Yavé, con la majestad del nombre de Yavé, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque Él se hará grande, hasta los confines de la Tierra. Él mismo será la paz." (Miqueas 5,1-4).

Uno podría llegar a pensar que ante una profecía tan clara como ésta, los doctores de la Ley se habrían dirigido con los magos de Oriente a ver al niño.

En lugar de eso se quedaron en el palacio de Herodes, que planeó usar a los Magos como instrumento para eliminar al niño.

Todos entendieron el pasaje en términos de poder y de conquista política, no lo comprendieron ni siquiera como lo entendía el propio Miqueas, y en lugar de elegir la sencillez, el amor y la humildad de Dios, eligieron el poder, la prepotencia y la brutalidad de Herodes.

¿Pero quién era Miqueas, cuyas palabras tan llenas de esperanza nos llegan todavía hoy y son leídas en el tiempo de Adviento para prepararnos a la Navidad del Señor?

 

¿Quién era Miqueas?

Era un profeta al que no hay que confundir con otro que es mencionado en el libro de los Reyes, Miqueas el hijo de Yimla, y que aunque era profeta cortesano, el rey Ajab encarceló porque no le decía lo que él quería escuchar (1 Re 22).

Ese Miqueas era del norte de Israel, en cambio, el Miqueas que escribió el libro que lleva su nombre, era del sur, y del Reino de Judá. Era de la localidad de Moreset, cercana a la ciudad de Hebrón. Fue posiblemente contemporáneo de Isaías, el hijo de Amós, y profetizó en los reinados de Ajaz y de Ezequías, pudiendo ser testigo de la destrucción del Reino de Israel y de la invasión de Senaquerib que casi acaba también con el Reino de Judá durante el reinado de Ezequías (740 a.C.).

No sabemos mucho acerca de Miqueas ni sabemos en qué circunstancias fue llamado al servicio de Dios, y está claro que el libro es una colección de mensajes u oráculos del profeta, compilados por sus discípulos que le dieron una forma definitiva hacia el año 538 a.C., cuando los sobrevivientes del Reino de Judá que había sido conquistado por los babilonios, vuelven a Palestina tras la liberación a manos del rey Ciro, el persa, que les permite volver a su Patria. Esto no quiere decir que los escritos no hayan sido compuestos por el profeta, y los comentaristas creen que este hermoso oráculo mesiánico del capítulo 5, que nos anuncia tan clara y hermosa-mente el nacimiento de Jesús fue hecho por el profeta, que había vivido mucho antes y que probablemente no sobrevivió al Destierro.

 

La esperanza del que no ve pero cree.

Lo que veía Miqueas no daba para anunciar la esperanza, sin embargo él es un creyente que sabe ver más allá de lo visible.

Él vio mucha muerte y destrucción, y donde muchos veían el fin definitivo de Israel, él vio una purificación.

Miqueas interpreta el destierro, como un castigo merecido por Israel a causa de la infidelidad a sus mandamientos. Así el profeta en un hermoso pasaje, hace hablar a Yavé que llama a juicio a su pueblo, y le pide que le responda. Porque Yavé sólo le ha dado protección y bienes, pero Israel le ha vuelto la espalda con una gran ingratitud.

"Escuchen ahora lo que dice Yavé. Escuchen los montes, y oigan las colinas su voz poderosa. Porque Yavé tiene pleito con su Pueblo, y se querella contra Israel.

Pueblo mío, ¿qué te he hecho? Respóndeme. ¿En qué te he molestado?

¿Acaso te querellas conmigo porque te hice salir del país de Egipto, y te liberé de la casa de la servidumbre? ¿Acaso fue porque mandé delante de ti a Moisés, Aarón y María para que te llevaran a tu tierra?" (Miqueas 6, 1-4).

Esta conmovedora queja sirvió de base al cántico llamado de los improperios, que es una queja del Señor a causa de la muerte de su Hijo Jesús, que leemos el Viernes Santo. Dios no ha tratado mal a Israel, sino que lo ha defendido. Miqueas ve el destierro como la consecuencia de las acciones de Israel que se ha apartado de Dios.

El responsable de la ruina del pueblo no es el Señor, sino los jefes y gobernantes de Israel que se han apartado de Dios y de su alianza (ver Miqueas 3,9-12).

 

La esperanza no decae

Pero Miqueas no es un profeta anunciador de desgracias y calamidades sino que proclama la esperanza. Lo hace porque es un hombre de fe, cuya mirada sobre la historia no es limitada por el cinismo y escepticismo de los oportunistas e injustos.

Dios no abandonará a su Pueblo, sólo lo hará pasar por un baño de humildad. Así, el sufrimiento de Israel lo purificará y el Señor lo perdonará y bendecirá.

"Sucederá en días futuros, que el Monte de la Casa de Yavé, se asentará sobre todos los montes de la tierra. Se alzará sobre todas las colinas. Y todos los pueblos acudirán a Él. Todos dirán: "Vengan, subamos al monte de Yavé, y a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nos muestre sus senderos. Pues de Jerusalén saldrá la Ley, y de Sión la Palabra del Señor.

Él juzgará entre pueblos numerosos, y corregirá a las naciones poderosas, ellas harán de sus espadas azadones, y transformarán sus lanzas en podaderas. Ya no levantará más la espada, nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra" (Miqueas 4,1-3).

¡Qué hermosa profecía! ¿Se ha cumplido? En parte, pues el mensaje de Jesús, se predicó primero en Jerusalén y luego a otras naciones. No han cesado aún las guerras pero muchos pueblos, gracias al mensaje del Salvador cuyo nacimiento anunció este profeta, empiezan a tomar conciencia del valor y la dignidad de cada persona.

Porque si Dios se hizo hombre: ¿no es el ser humano lo más valioso ante el Señor?

La fiesta de la Navidad que Miqueas anuncia nos habla de la paz que el Señor viene a traernos, y nos invita a descubrir en cada hombre, mujer y niño de este mundo, sobre todo si es pobre y humilde, el rostro misericordioso de nuestro Dios.

 

Eduardo Ojeda