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TEMAS EN DEBATE: LOS 60 AÑOS DE LA ONU y LA IGLESIA
Encuentros y desencuentros
El comienzo Del 25 de abril al 26 de junio de 1945, se reunieron en San Francisco los representantes de 50 naciones (entre ellas Argentina, Uruguay, Brasil, Chile...), los llamados "Estados fundadores", que firmaron la Carta donde están especificados los fines y principios de la ONU. Tres años después se produjeron otros dos hechos fundamentales a nivel mundial: la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 por parte de la misma ONU; y a nivel de Iglesias el nacimiento del Consejo Mundial de Iglesias en Amsterdam (Holanda). Nadie puede negar ahora la importancia excepcional de estos tres acontecimientos que varios sectores de la Iglesia, que había luchado incansablemente por la paz y la reconciliación entre los pueblos, no veían con complacencia y entusiasmo. Sin embargo el Estado del Vaticano, igual que en 1918 con la Sociedad de las Naciones, no participó directamente en estas iniciativas. Pío XII quería reconstruir una Cristiandad en la que la Iglesia Católica orientara a los pueblos. Según el papa, la comunidad internacional nacía frágil sin el fundamento moral del magisterio de la Iglesia y también la unidad de los cristianos era imposible sin la aceptación de la primacía del Papa. La ONU no era precisamente el gran sueño que tenía la Iglesia en aquel tiempo: un sueño de una sociedad internacional inspirada en principios cristianos y que reconociera en la Iglesia la fuente de la verdad y del derecho natural. Según este sueño, la unidad del género humano y un nuevo derecho de los pueblos no se podría lograr sin la Iglesia. Los esfuerzos de la Iglesia por la paz y el respeto de los derechos humanos iban, en aquella época, siempre paralelamente a las instancias no eclesiales; quedaba viva la desconfianza de la Iglesia frente al mundo moderno. El Estado del Vaticano, que
tenía y tiene la misma dignidad que los otros en la comunidad
internacional, con Pío XII criticaba la exclusión por parte de la ONU
de los países derrotados en la guerra, de España y el rol excesivo
concedido a la Unión Soviética. A los pocos años del acuerdo de San
Francisco, cuando se Fue necesario esperar el pontificado de Juan XXIII para que la Iglesia se uniera a todas las demás personas de buena voluntad, en la defensa de los derechos humanos, tal como se lee en la "Pacem in terris". El Vaticano estableció relaciones oficiales con la ONU, recién en 1964, después de la visita de Pablo VI al Palacio de Vidrio.
La apertura del Concilio Lo que cambió las relaciones entre la Iglesia y la ONU fue el nuevo enfoque teológico Iglesia-mundo que se dio con el Concilio Vaticano II y en particular con el pontificado de Pablo VI. No por nada se establece un representante permanente del Vaticano en la ONU recién hacia el final del Concilio. Desde los años sesenta en adelante el Vaticano colaboró activamente y encontró en la ONU y en sus distintos organismos un espacio para marcar el perfil moral y humanitario de sus intervenciones. De hecho esto es posible también porque la Iglesia Católica es la única Iglesia que se apoya sobre un Estado internacionalmente reconocido, con una intensa actividad diplomática y política. Muchos, también dentro de la Iglesia Católica, quisieran otra configuración, que no lo viera también como jefe de Estado, para el rol evangélico y profético del Papa: pero si el Vaticano no renuncia a su soberanía temporal es porque la considera simplemente simbólica e instrumental en orden a un servicio de carácter internacional. Al presentarse por primera vez en la ONU en 1965 Pablo VI dijo: "Tienen delante de ustedes a un hombre igual que ustedes, a un hermano al frente también de un pequeño Estado lo suficientemente grande para poder ejercer libremente su misión espiritual y ser independiente de los poderes de este mundo, con el único deseo de poder servir...". Hoy el Vaticano no es miembro efectivo de la ONU con derecho a voto; eso lo involucraría directamente en cuestiones políticas, militares, comerciales. Pero desde el 1º de julio de 2004, la Asamblea General de la ONU aprobó por unanimidad una resolución que reconoce al Vaticano una más activa participación, con todos los derechos de un país miembro, excepto el voto. Es observador permanente, y ese rol le da la oportunidad de hablar en la Asamblea General, de tener derecho a réplica, de hacerse oír en las comisiones y en los encuentros internacionales.
Impostergable reforma Actualmente la ONU es cuestionada y se habla desde hace una década de su impostergable reforma, no sólo por la falta de igualdad entre sus miembros sino sobre todo por la incapacidad en frenar la brecha creciente entre norte y sur del mundo, la carrera armamentista y las guerras. En estos 60 años de historia, en vez de la ONU de los pueblos, se afirmó el Fondo Monetario Internacional, en vez de la solidaridad, la ley del mercado, en vez de la paz, el tráfico de armas. El Consejo de Seguridad podría llegar a ser un órgano de gobierno mundial si fuera más representativo, más rápido y eficiente y sobre todo si no previera el derecho a veto sólo para Estados Unidos, Inglaterra, China, Francia y Rusia. Este año se celebran los 60 años de la ONU pero también del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki. Es importante recordar que la carta de San Francisco fue firmada el 26 de junio de 1945 y que al mes, el gobierno de Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima. Esta ambigüedad todavía no encontró una solución. Y así en 2005 tuvo lugar la conferencia de revisión del tratado de reducción de las cabezas nucleares existentes y de no proliferación de las armas tradicionales, sin ningún resultado. Hay una crisis grave y evidente de este tratado. En 2003 se destinaron 956 mil millones de dólares a gastos militares (11% más que el año anterior y 18% más que en 2001). La cumbre de jefes de estado y de gobierno realizada del 14 al 16 de setiembre en la ONU en ocasión de sus 60 años, la mayor de todos los tiempos, fue otra oportunidad perdida en vista de su reforma.
Los objetivos del milenio Los Objetivos de la Cumbre de la ONU del año 2000 que buscaban reducir a la mitad la extrema pobreza en el mundo para el año 2015 están lejos de cumplirse a pesar de que todos han reconocido que es posible. Los países más pobres y los que sufren por la guerra siguen esperando justicia. Toda la sociedad tiene que presionar para alcanzar los objetivos del milenio. En realidad, estamos todavía lejos de ese "gobierno mundial" visualizado por Juan XXIII. Pero únicamente una ONU, reformada y democrática, que no se deje condicionar por las grandes potencias, podrá ser ese instrumento idóneo para lograr la justicia y la paz. |
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