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Paul Ricoeur El gran pensador del "diálogo"
A lo largo de sus 92 años, Ricoeur fue testigo y analista perspicaz de los acontecimientos y corrientes de pensamiento del siglo XX desplegando su propia antropología filosófica con una escritura brillante en la mejor tradición francesa. Lector voraz, con curiosidad y afán de saber insaciables que son, desde Aristóteles, la marca de filósofo genuino. En él se hace realidad la máxima socrática de vivir pensando, vivir reflexivamente, avanzando en el conocimiento a través del diálogo con próximos y lejanos. En todo pensamiento coherente, por muy diferente que sea del propio, hay algo valioso que da que pensar. Dialogar es debatir, no combatir. Acercar posiciones, descubrir la parte de verdad que hay en la otra posición, distinta por sensibilidad personal, espacio geográfico o tiempo vital. El debate no es entretenimiento diletante ni conversación de salón. Exige honestidad intelectual para justificar las propias convicciones sin añagazas dialécticas o dogmáticas. El diálogo sin trampas consigo mismo, permite el diálogo desinteresado con los otros. Intelectual de "reconocido prestigio" (este sí, de verdad) enseñó en las universidades de La Soborne, Nanterre, Chicago, Yale, Columbia, Ginebra... Asombra su amplitud de miras e intereses temáticos: fenomenología, hermenéutica, exégesis bíblica, el psicoanálisis, ética y moral, la identidad narrativa, la historia y el olvido, la justicia social y el poder político... reflejados en más de 20 libros y multitud de ensayos y artículos. Colaboró habitualmente en la revista Esprit, fundada por su gran amigo Mounier y en el periódico Le Monde.
EI problema del mal Nacido en 1913 en Valence en el seno de una familia protestante calvinista, quedó huérfano de padre y madre a los 3 años. La experiencia dolorosa de orfandad temprana y sus vivencias como prisionero de guerra en Alemania, le llevaron a interrogarse sobre la problemática del mal, de la falta y del sufrimiento. La desproporción entre lo voluntario y lo involuntario engendra nuestros errores. Nuestra inclinación al mal tiene su origen en el desajuste personal entre el cuerpo finito y la razón abierta a lo infinito. Toda vida humana se mueve en un equilibrio inestable, un proceso sometido a la posibilidad de equivocarse, autoengañarse, hacerse daño a sí mismo y a los demás. El hombre es un ser falible.
Compromiso público Socialista y activo antibelicista, se comprometió públicamente por el actuar razonable , -desde su oposición a la intervención francesa en Argelia en 1950 hasta la guerra de Bosnia en 1990 o los conflictos más recientes-. La razón de su implicación radica en que "la autonomía de sí mismo aparece íntimamente ligada a la solicitud por el prójimo y a la justicia para cada hombre". Siendo decano de la Universidad de Nanterre (París) vivió los acontecimientos de mayo del 68 como oportunidad para reformar la Universidad y la sociedad. Sin embargo, en 1969 dimitió de su cargo con motivo de un lamentable incidente. Al hombre abierto a los cambios, convencido de que el problema fundamental de la política es la libertad, los estudiantes maoístas le tiraron un cubo de basura a la cabeza. En aquella Francia cultural bajo el predominio de Sartre, Althusser, Foucoault o Lacan, el pensamiento de Ricoeur quedó al margen. Con todo, esta situación le permitió acercarse más al mundo anglosajón y frecuentar las universidades norteamericanas.
Identidad narrativa Se mantuvo distante de las ideologías dominantes y de todos los -ismos porque ningún sistema filosófico agota la complejidad del yo. No nos podemos auto-poseer ni reducir a una fórmula estereotipada. Después de las aportaciones de Freud ya no es posible la autoconciencia satisfecha del pensamiento cartesiano. Cada uno es una realidad misteriosa para sí mismo, -y mucho más para los demás-, que se desvela a través de la identidad narrativa, del diálogo incierto y siempre inacabado con uno mismo y con los otros. Soy lo que me digo a mí mismo y lo que cuento de mí. Las palabras me inventan y me descubren.
Ascetismo de la argumentación Ricoeur era un hombre profundamente creyente. Consideraba la Biblia como nuestro código occidental, algo imperdonable en el ambiente laicista del momento. Fue ninguneado por el pensamiento políticamente correcto acusándole de hacer cripto-teología a pesar de su "puesta entre paréntesis, consciente y resuelta, de las convicciones que me vinculan a la fe bíblica". Este ascetismo de la argumentación marca toda su obra. Como señaló el presidente francés Jacques Chirac, Ricoeur nunca dejó de proclamar con determinación la necesidad del diálogo y el respeto a los demás".
Un filósofo cristiano
Ricoeur ha dejado su rica biblioteca a la Facultad de Teología Protestante de París en el signo de una larga e ininterrumpida comunión de pensamiento y de acción. Era miembro de la Iglesia reformada, colaboraba con la vida de muchas asociaciones, por ejemplo el "Movimiento del cristianismo social". Era parte del movimiento de "Renovación Bíblica" que desde los años 30 empezó a traducir y reelaborar en los países latinos los grandes temas y los autores de la Teología del Novecento (Karl Barth, Rudolf Bultmann, Dietrich Bonhoeffer, etc.). Fue solidario en la lucha contra el nazismo, y más tarde, en la oposición a la guerra colonial de Francia en Argelia. Luchó por la libertad y la justicia e impulsó el Movimiento Ecuménico. Paul Ricoeur acostumbraba decir que el filósofo tiene alguna semejanza con Moisés. Atraviesa los desiertos para llegar a divisar de lejos la Tierra Prometida. Sin embargo, en cuanto filósofo, no puede entrar en ella.
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