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Obispo
Pablo Galimberti Uruguay necesita de un reencuentro
¿Cómo se ubica la iglesia frente a la actual situación de nuestro país? - Algunas inquietudes son las de siempre. Algunas temáticas tienen que ver con la marcha del Panes (Plan de Emergencia del gobierno), cómo la Iglesia se está colocando en esa colaboración que damos generosamente, pero también desde nuestra identidad y desde allí continuar dando un aporte. No es de ahora, ahora nos han ofrecido algunas posibilidades, pero queremos marcar siempre ese aporte específico, que no se nos identifique solamente como una ONG. No es por despreciar a las ONG, al contrario, pero entendemos que la misión nuestra no arranca de una voluntad que un día se planteó tener una propuesta solidaria, que un día puede acabarse. Entendemos que nuestra misión viene del mismo Cristo, que no es un ser del pasado, congelado, sino un ser viviente que nos interpela. Los signos de la historia, la pobreza, los rostros nuevos de pobreza que van apareciendo en el país nos interpelan. Hay pobrezas más visibles, porque hay niños abandonados que no tienen qué comer. Hemos emprendido tareas de apoyo en San José, en convenio con el INAU con niños de la calle. Hemos emprendido apoyo a enfermos, ancianos, hogares de bajos ingresos. En ese plano de apoyar, de crear redes solidarias, hemos visto varios temas. En el tema de la ecología, estuvimos con los obispos de Argentina para ver si ellos se iban a pronunciar en esto de las papeleras: no hubo pronunciamiento de parte de ellos.
¿Qué opinan los obispos uruguayos de las plantas de celulosa? - No hemos planteado directamente el tema, aunque obviamente compartimos la posición uruguaya. En lo que me es personal, digo que vengan objeciones, pero que las traduzcamos, que respondamos con mayores exigencias de controles. Creo que eso es permanente y hay que hacerlo porque los controles son cada vez mayores a nivel internacional. La ecología y el derecho a respirar aire puro, es también un derecho fundamental. Creemos que estamos en esta patriada uruguaya y que el presidente Vázquez nos está llevando con mucha firmeza. Pero hay otras pobrezas en el país que debemos considerar, como ser el tema de los que se suicidan, esto no aparece ni debería aparecer como noticia, cuando ocurre, pero atrás de todo esto hay pobrezas morales, éticas. La corrupción tiene a veces sus orígenes en una conciencia que está destrozada, que no tiene criterios donde la libertad se pueda mover con firmeza, con decisión, con estabilidad. Todos estamos sacudidos o interpelados por cosas que nos sorprenden, nos chocan, engañan, falsean la realidad, pero tenemos que tener espíritu crítico. También hay que atender las pobrezas que uno no ve y que se reflejan en la vida cotidiana.
- Lo que usted está diciendo es consecuencia de un decaimiento social que viene de mucho tiempo... - Nosotros apuntamos siempre a un desarrollo integral. Nuestro concepto cristiano no le tiene asco a darle un plato de comida o a limpiarle la cara a un niño que está sucio o atender a un enfermo de Sida, eso se hace y también estamos orgullosos. No se trata sólo de competir (contra otras instituciones) en temas que no deben ser objeto de competencia, sino que el pobre debe ser atendido con generosidad. También miramos otras pobrezas que están planteadas. La pobreza de la falta de educación en valores, de la falta de fe, de sentido de la vida, de la angustia, de la náusea de no saber para qué estamos. Si la vida es reventársela en una moto el fin de semana, entonces hablamos de los accidentes, de la prevención, pero las causas también deben ser encaradas, atendidas, y más en un joven que no sabe para qué tiene recursos, energías, capacidades, que cree que la vida es nada más que tener unos pesos en el bolsillo el fin de semana. Entiendo que la educación religiosa es una educación integral, en valores, que da las coordenadas fundamentales, porque uno siempre encuentra el límite, la angustia, la enfermedad, la muerte, la desorientación, el despiste, y es bueno y necesario tener unos ejes de referencia, entender la importancia de la comunicación, el testimonio, la solidaridad. El involucramiento de jóvenes durante las vacaciones en tareas, participando en torno de su fe, en la búsqueda de un servicio, es una actividad que nos exige mucho, pero que es linda porque hoy hay que proponer el Evangelio con palabras nuevas. Hay avidez, hambre y entendemos que para el bienestar de la salud integral, que también es salud mental, para ese equilibrio de las familias, su estabilidad, necesitamos seguir haciendo una propuesta de fe en Jesucristo, pero con consecuencias en la vida personal, familiar, política, económica.
- La llegada del padre Uberfil Monzón al INDA despertó al inicio una aprobación de la jerarquía de la Iglesia y después un rechazo. ¿Esto no va en contra de lo que usted ha dicho que son los principios de ayuda?
- Aprecio mucho al p. Monzón por más que hace tiempo que no lo trataba personalmente. Me interesé sobre todo porque él celebraba misa en público en una zona de El Pinar. Hablé personalmente con el arzobispo Cotugno, y con el obispo de Canelones, Orlando Romero, y la situación no ha sido muy clara... Creo que la Iglesia vio con buenos ojos su compromiso, dado que él ya estaba en la etapa de su jubilación, más aún me enteré que ya había presentado su pedido de retiro. Después pasando los meses algo hubo (yo no tengo todos los elementos) como lo de ese semanario, que le realizó una entrevista por su cargo en el INDA y allí mencionó aspectos de la Iglesia y eso fue el detonante. Algunas personas que no piensan como él, se movieron... En realidad, la Iglesia no excluye que un sacerdote pueda ejercer un cargo político, pero está sujeto a la decisión del obispo de ese momento. Sigue siendo sacerdote, pero con una actividad acotada.
- ¿La decisión fue por el cargo político o fue por los dichos que hizo a nivel personal en Crónicas? - Por el cargo no, porque fue asumido el 1 de marzo. Luego él tiene esta convocatoria, fue llamado al arzobispado a dar cuenta de esas declaraciones y dio explicaciones y reconoció que había sido imprudente. Esa carta del 29 de agosto está firmada por él, y ahí reconoce que se excedió. En esos meses el cargo político de por sí no era algo absolutamente reñido con su condición sacerdotal, ya que según el Código interno de la Iglesia, de Derecho Canónico, se permite que el obispo viendo las circunstancias, pueda autorizar, pero en carácter de excepción, no como normativa. Si no estamos confundiendo, el cura ocupa las tareas del laico, después el laico quiere hacer de cura…
- Para el p. Monzón, ¿no es un costo fuerte no poder celebrar misa? - Entiendo y por eso es que el asunto tiene esas aristas que no son totalmente claras, esperemos que en el correr de los meses se pueda aclarar y se pueda restablecer a sus tareas pastorales. Es un deseo mío personal, no comprometo con esto a la Iglesia, porque esto compete al arzobispo de Montevideo y debe ser dialogado con Monzón.
- Con respecto a la formación en valores, de la educación ¿cómo ve los planes que se plantean hacia adelante? - No conozco algunos planes, siempre se está hablando de reformas en el país, reformas educativas, son temas permanentes. En la enseñanza católica, que abarca un segmento menor de todos los jóvenes, (todo el sistema privado abarca el 20% de los jóvenes del país, de ese 20% entre el 10% y el 15% corresponde a la enseñanza de los centros católicos), se incorpora esta educación en valores que no es fácil, lo confieso. Hablo con los educadores, con los maestros y es difícil, porque al colegio católico viene también aquel chico, aquel joven enviado por sus padres que aunque se les pide que concurran a alguna reunión por lo menos inicial, después no tiene el respaldo en la familia, está muy abandonado. Hay mucha soledad en los jóvenes; no tienen el respaldo suficiente, y proponer una educación religiosa a contrapelo tampoco es bueno, ya que si no sacan una idea de que la enseñanza religiosa es nada más que imponer algunos conceptos. Se trata entonces de guiarlos, de suscitar interés, de encausar todas esas inquietudes y dar algunos valores fundamentales, libertad, responsabilidad y también esa inquietud religiosa que aflora de distintas maneras, con lenguajes y con expresiones diversas. En esa edad juvenil, de la adolescencia, evidentemente el tema afectivo sexual es importante, aunque no sea el número uno, y no vamos a centrar todo en el aspecto sexual. La dimensión afectiva y sexual forma un aspecto importantísimo de los vínculos humanos: cómo elaborar vínculos, cómo hacer procesos de sano compañerismo, cómo llegar a un ideal del matrimonio estable y no sólo el matrimonio a prueba. Educar hoy no es fácil, es complejo, pero no queremos largar la toalla y decir "esto que lo haga cualquiera", entendemos que es una tarea, una propuesta y queremos testimoniar que realmente la fe también es un camino de crecimiento, de desarrollo, de compromiso y queremos estar abiertos a todas las inquietudes, preocupaciones, angustias de tantos jóvenes que también nos interpelan.
- En el año 2000 tuvo un rol central, en lo que fue el reencuentro de Juan Gelman con su nieta Macarena, ¿cuando habla de una propuesta de reconciliación en materia de derechos humanos, lo hace en nombre personal o de la Iglesia en su conjunto? - Lo he hecho a título personal, pero desde mi visión también como creyente cristiano. En las cercanías de la Navidad me pareció oportuno plantear un horizonte de reencuentro. No le ponía fechas, no podemos obligar a las personas que están haciendo un proceso de duelo, que están reencontrando restos de sus seres queridos o a los militares que se están animando a hablar públicamente. Si bien no en forma decidida, pero por lo menos alguien ha dicho "nunca más", después con vacilaciones también, por el entonces comandante del Ejército, Ángel Bertolotti… Aún con esas vacilaciones hay que leer entrelíneas y ver que hay buenas actitudes. Las Fuerzas Armadas como institución del pueblo uruguayo, del Estado como parte de este pueblo, necesitan asumir una actitud clara, definida, en relación a los derechos humanos. No pueden quedar vacilantes, silenciosas, con un silencio que puede ser cómplice. Se necesitan definiciones, esperamos esas definiciones, pero yo como contribuyendo, como empujando esta línea invisible que se va entretejiendo, me animé a decir: apuntemos a un reencuentro, a una reconciliación dándole un sentido amplio. ... Los uruguayos no queremos sólo declaraciones que queden en el vacío, huecas, queremos también compromisos. En ese sentido la colaboración, ofrecer información, hacer investigaciones al interior de cada fuerza, de cada arma, puede ir sumando en este movimiento hacia el reencuentro de los uruguayos.
- ¿Qué piensa de la Ley de Caducidad? - Mi posición personal es: entiendo que la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado debe mantenerse. Costó, nos dividió, pero fue un paso muy importante. En ese marco en que se está moviendo el Poder Ejecutivo, que da para más todavía hay mucho que continuar, mucho camino por recorrer. De alguna manera a la Justicia no hay que identificarla con el acto, con el juzgado, donde yo voy y planteo una demanda contra un fulano o una institución, entonces hasta que no vea que haya una decisión del juez mi conciencia no queda tranquila. Hay muchas formas de generar justicia, generar verdad. … Para los familiares se les están ofreciendo lentamente, poco a poco, algunos elementos que han estado esperando ansiosamente. Esta es una manera. La medida de la Justicia es difícil que la ponga uno de antemano. …
Extractado de Noticeu 1/2/2006.
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