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"Dios es amor"
La primera carta encíclica del Papa Benedicto responde a una difundida inquietud presente en la Iglesia de que se vuelva a lo esencial, al primer anuncio, a la Buena Noticia; y esta es que Dios nos ama en Cristo y en Cristo Resucitado nos pide amar a todos.
La palabra más rica del Evangelio es Amor, (en latín "Caritas") que significa amor puro, desinteresado, de entrega. Este amor ha de ser el distintivo del cristiano ("En esto conocerán que son mis discípulos..." Jn 13,35). Demasiadas veces en el lenguaje común la palabra "caridad" va asociada a la beneficencia. "Caritas", o sea el amor cristiano abarca en primer lugar a Dios y desde Él a todo ser humano, en particular a los más humildes. Ha de ser una característica esencial de los cristianos en todos los ámbitos de la vida desde el matrimonio, la familia, la comunidad, hasta lo socio-político (lo que el Papa llama "caridad social", n.29).
Hoy el amor cristiano debe impulsar primeramente la lucha por la justicia y los derechos humanos siempre en nombre del Evangelio (todos los años decenas de mártires cristianos caen en defensa de la justicia). La opción por los pobres sucita admiración y esperanza; pero esta también exige la reconversión de muchas obras de la Iglesia (educativas, sanitarias, asistenciales, promocionales...) y la creatividad de nuevos servicios para los nuevos pobres donde estos puedan ser sujetos y no tan solo objetos de ayuda. Es notable como el Papa subraya vigorosamente la importancia del voluntariado social en sus distintas formas (n.30).
Se dijo que esta es una "encíclica social". Creemos que es una encíclica de primer anuncio donde se vuelve a proclamar, contracorriente en muchos aspectos, el mensaje fundamental de que Dios es Amor y el cristianismo es amor, como dice el himno de san Pablo: "Podría repartir en limosnas todo lo que tengo..., pero si no tengo amor, no soy nada" (1Cor 13,3). La mejor contribución a una sociedad más justa y solidaria será aportada por personas de corazón fraterno. No cabe separar u oponer la justicia a la caridad. El Papa aclara oportunamente que "la afirmación de que las estructuras sociales justas harían superflua la caridad, esconde una concepción materialista del hombre, es decir el prejuicio de que el hombre pueda vivir de sólo pan" (n.28). Y añade: "Nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor" (n.29).
A la Iglesia se le pide ser una comunidad de amor al servicio de los demás, a ejemplo de los primeros cristianos (n.20). Es la Iglesia servidora la que hace más creíbles también la Palabra y los Sacramentos. Constantemente habrá que luchar contra la tentación del sacerdote y del levita y arriesgarse por los caminos de Jericó, al lado de los que sufren en los bordes del camino. Primo Corbelli.
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