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TERESITA FRAGA DE ISNARDI: Mujer, madre, esposa, catequista y amiga El domingo 19 de febrero despedimos en la Parroquia San Antonino a Teresita, con una Misa de Cuerpo presente; el dolor y la emoción que sólo pudimos expresar con lágrimas, nos alcanzó a todos: familiares, vecinos, miembros de la comunidad, amigos.
Su casa tenía su sello, el de una mujer laboriosa, con mucha capacidad para realizar todo lo que se proponía: cocinaba muy bien, pintaba cuadros, hacía diferentes manualida-des que eran el fruto de su amor por los suyos, por sus amigos y amigas que llegaban a ella y por los que sentía un especial placer en atender, en brindarse con lo que tenía y con lo que era. Siempre pensaba en cómo retribuir a los otros, con lo que ella llamaba, una atención. Por eso su casa siempre fue una casa de puertas abiertas a los amigos, a los compañeros/as de su Parroquia, con los que compartía con mucha sencillez; era comprensiva, cariñosa, responsable y creativa.La guiaba un espíritu de unidad y de comunión, buscando siempre el acuerdo en la verdad y el amor. En los duros meses en que vivió las vicisitudes de una enfermedad que le ganó, a pesar de todo el empeño y la confianza, fue un ejemplo para todos. En el cumplir los tratamientos que le traían una nueva posibilidad, lo que nunca perdió fue la esperanza. La fe en Dios la sostenía a ella y a los suyos; fue una catequista que predicó con su vida la Buena Nueva del Reino, se relacionaba muy bien con los padres y con el Equipo de Catequistas, aportando siempre con ideas, con reflexiones, poniendo de manifiesto la rica espiritualidad que poseía, nutrida en la Palabra de Dios y en la práctica de los consejos evangélicos desde su niñez. Vivió su pascua con una gran paz interior, de lo que ella misma se sorprendía (en las últimas horas llegó a preguntarle al p. Quinto en el hospital si estaba bien que tuviera tanta paz). En esa paz se entregó a Dios, estaba cansada y sabía "dónde iba"... Teresita nos dejó con su corta vida, el ejemplo de una mujer entrañable, madre y esposa amorosa, atendía todos los detalles para alegrar y cuidar a los suyos. Tuvo la alegría de festejar los 15 años de su hija Luisina, ¡qué feliz estaba! Damos gracias a Dios por el don de su vida, por haberla conocido y querido, por la posibilidad de acompañarla en duros momentos y también por la alegría de compartir con la familia, los hermosos acontecimientos familiares de los que tanto gozaba y que con tanto esmero preparaba desde su increíble creatividad. Nos proporcionó la oportunidad de vivir la solidaridad que ella tanto practicaba, el encuentro en lo profundo del sentido de la vida y la grandeza de la esperanza cristiana. Siempre supo dar ánimo, porque ella era una mujer positiva, sabía encontrar la fuerza y el entusiasmo para emprender cualquier empresa por más difícil que ésta fuera. Es que creía profundamente en Dios y en la acción transformadora del Espíritu.Seguros estamos que el Señor la recibió en su regazo como Padre amoroso y que velará muy especialmente por sus hijos (ella decía: ¿quién dijo que no los voy a ver crecer?). Gracias, Teresita, por la grandeza de tu vida, tan fecunda y tan rica en bienes espirituales que nos ayudan a todos a ser mejores. Estarás con nosotros cada día y en cada encuentro fraternal serás nuestra guía, nuestro impulso para seguir adelante hasta que el Señor nos recoja en su regazo.
Gloria Aguerreberry |
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