Abdías: el Reino será del Señor

Poco se sabe sobre el profeta Abdías, su libro es el más corto del Antiguo Testamento, ya que consta de un único capítulo de 21 versículos. Es uno de los 12 libros proféticos breves conocidos como Profetas Menores, debido fundamentalmente a su concisión.

La tradición lo atribuye al profeta hebreo Abdías del siglo VI a.C., aunque muchos especialistas modernos cuestionan la unidad del libro y lo atribuyen a más de un autor, uno de los cuales podría haber sido este profeta. Su nombre es misterioso y significa: "Siervo del Señor." Por eso algunos creen que no era su verdadero nombre, sino tan solo un seudónimo o un nombre simbólico que oculta al verdadero autor.

Se considera que el libro data de la época posterior al Exilio; lo más probable es que los versículos 11 al 14 hagan referencia a la caída de Jerusalén en el 587 a.C. Sin embargo, se han sugerido varias fechas para los demás pasajes, los más antiguos datados en el IX a.C. y los más tardíos en el IV a.C.

La primera parte de Abdías (1-14) profetiza la caída de Edóm, el tradicional enemigo de Judá. Edóm era el pueblo que según la Biblia descendía de Esaú, el hijo de Isaac y hermano de Jacob, el patriarca que es padre de todos los israelitas. Esaú odiaba a Jacob, porque éste había obtenido el derecho de primogenitura, que le correspondía a Esaú, por ser el mayor de los hermanos. Este resentimiento entre estos dos pueblos venía de tiempos muy antiguos (cfr. Génesis 27).

 

Contenido del libro

El profeta habla del juicio de Dios contra Edóm, porque este pueblo hermano, no se ha comportado como tal. Se refiere concretamente a la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C. a manos del rey Babilonio Nabucodonosor. En esa oportunidad los edomitas, no sólo no dieron ayuda a Israel, sino que colaboraron con los babilonios, capturando a los israelitas que se escapaban huyendo del ejército invasor, y saqueando Jerusalén como bandidos. En este sentido es detestable que alguien aproveche la desgracia ajena para su propio beneficio.

 

La falsa confianza de Edóm

El pueblo de Edóm habitaba la zona que quedaba al sudeste de Israel, una zona agreste y llena de montañas escarpadas, que hacían muy difícil cualquier ataque o invasión de un pueblo enemigo; eso explica la actitud soberbia y altanera que Abdías ve en el pueblo edomita y que es una falsa seguridad, porque no se puede escapar de Dios. "Mira, te voy a hacer la más pequeña y despreciable entre las naciones; te ha engañado tu orgullo; vives en las grietas de las rocas, y habitas en las alturas. Te dices a ti mismo: ¿Quién me arrojará por tierra? Aunque te elevaras como el águila, y pusieras tu nido en las estrellas, de allí te arrojaré Yo, dice el Señor." (Abdías 1, 3-4).

¿De dónde viene esta ira de Dios? Es que Dios se pone de parte del pobre y del pequeño. Él no tolera las injusticias, y los que aprovechan la debilidad de alguien para golpearlo terminarán respondiendo ante él.

 

El día del Señor

El profeta termina su breve escrito hablando del "Día del Señor"; este concepto presente en otros profetas, y que será retomado por el Nuevo Testamento, es el concepto de que la Historia tendrá una resolución final en el juicio de Dios, que es el único juez justo. Dios no hace favores ni le debe nada a nadie, y es un juez plenamente imparcial.

El Señor y sólo Él será quien juzgue las acciones de cada uno al fin de la historia. No, Dios no es vengativo ni rencoroso, sino simplemente justo, y el hecho de que digamos que Dios es misericordioso, no significa que los delitos y las maldades queden impunes.

"Porque está cerca el día del Señor, contra todas las naciones, y harán contigo en ese día lo mismo que hiciste tú. Y recibirás tu merecido. Igual que ustedes bebieron en mi monte santo, así beberán sin cesar todas las naciones, y lamerán la copa, y luego de-saparecerán. Pero se salvará un resto, en el Monte Sión, este resto será santo, y la descendencia de Jacob, heredará todas sus posesiones." (Abdías 1,15-17).

Edóm desapareció al final, abatido por el mismo Imperio Babilonio y luego desapareció de la historia. Israel en cambio sobrevivió. ¿De qué sirve recordar esta historia tan antigua? Nos sirve para recordar dos cosas.

1) Que todos tendremos que enfrentar ante el Señor la responsabilidad por nuestros actos, porque la impunidad ante el Señor no existe.

2) Dios preserva a su pueblo; aquí volvemos a encontrar la idea que Sofonías, y varios profetas habían sostenido acerca del "pequeño resto fiel de Israel" que Dios reservará para cumplir con su salvación.

Israel sufrió aquí el primer intento de destrucción, el primer "genocidio" y sobrevivió.

María, la madre de Jesús, es descendiente de esos israelitas perseguidos e integrante de ese "Resto fiel de Israel" anunciado por los profetas.

3) La Historia llegará a su fin pero la última palabra de ella no es una palabra de muerte sino de vida. Y la dará Dios al final. Los tiranos podrán bravuconear y querer matar, pero al final Dios hará triunfar la vida y como anuncia María, los poderosos serán derribados de sus tronos y los humildes serán enaltecidos (Lc 1,51-52).

 

Así concluye el pequeño libro de Abdías, describiendo el retorno del nuevo Israel. "Los deportados subirán victoriosos a la montaña de Sión, para juzgar a la montaña de Esaú. ¡Y al Señor pertenecerá el Reino!"

 

Eduardo Ojeda