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A los 100 años del nacimiento
de Léopold Senghor:
Senghor nació en 1906 en Dakar (Senegal). Falleció el 20-12- 2001. Fue el padre de la independencia de Senegal, del que varias veces fue elegido como Presidente. El emérito card. Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París, le dedicó este retrato, con motivo del centenario de su nacimiento.
Leopold Senghor se definía como "Un poeta metido en la política". Para entender esta expresión hay que entender que por ser político no dejó nunca de ser poeta y místico. Su pensamiento se elaboró entre las dos grandes guerras mundiales y en los años de la liberación de la post guerra. Leyendo Marx y Teilhard de Chardin, él construyó una representación de la realidad que estaba viviendo. Sin embargo Senhgor, por lo que fue y vivió, nos habla más poderosa y profundamente del misterio de la vida humana. Su naturaleza de africano que encontró la más refinada cultura francesa, "negro-africano" como él se definiera, "humillado y alienado"; encuentra en esta situación una fuerza extraordinaria que le hace explorar los conceptos y herramientas que le aportarán a su brillante cultura. Decía: "buscaba mi liberación en el sudor y en el temblor. Ya que más allá de la política y de la economía se trataba de la liberación espiritual: una auténtica búsqueda. Se trataba de encontrar, en y mediante mi negritud, mi identidad de persona. Se trataba en una palabra de ser no ya un consumidor sino un productor de civilización. En definitiva, la única manera de ser que había"... Su meditación sobre la negritud se inserta naturalmente en la corriente de la descolonización y de la búsqueda de la identidad africana, de la que fue uno de los grandes inspiradores. Sin embargo, su manera de proceder es original, permaneciendo solidario y cercano a todos los que han empezado el mismo camino. Al ver la vida y al escuchar la palabra y el pensamiento de Senghor, se percibe muy bien que si él forja el concepto de negritud, es para reivindicar su condición concreta de ser humano, mientras que el blanco se identifica con el concepto de ‘hombre universal’. Su fe lo ayudó a situar su existencia bajo otra luz: él es "este" negro, hermano de "este" blanco; cada uno "creado a imagen y semejanza de Dios". Este concepto no es la negación ni de la negritud ni de la identidad blanca. El negro y el blanco se ponen no en una relación conflictual, sino el uno con el otro bajo la mirada benévola del Creador. La experiencia espiritual le sirvió en el terreno político. En realidad, el tema Dios está en el centro de su preocupación y explica sus opciones concretas como hombre, intelectual y político. No conoció el conflicto entre fe y razón como lo formulaban los cientistas de comienzo de siglo y los intelectuales occidentales. Solucionó la contraposición entre el africano que descubre la grandeza de Dios y vive en una armonía gozosa y exultante en su presencia; y el intelectual que de su cultura recibe las normas del pensamiento occidental. No dejó nunca de vivir esta evidencia que viene desde su infancia: "Lo importante -dice- es amar a Dios. Mi vida fue guiada poco a poco por la visión del amor y de las alegrías del Paraíso... soñaba que la felicidad del cielo consiste en el cantar y bailar como David, delante del trono de Dios. Cantar con los ángeles en coros polifónicos". Nunca perdió el gozo de contemplar "la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén pronta y adornada como una esposa para el esposo" según las palabras del Apocalipsis. Y si la muerte estaba presente en su pensamiento, era en la exultancia de la vida; en un cierto sentido el niño africano que estaba en él, iba derecho a la esencia del mensaje cristiano... Se entiende entonces cómo la reivindicación de su identidad, que para él fue liberación de una condición de humillación y alienación, no se sirvió de la violencia , de la negación o del odio sino más bien de la caridad en el sentido más fuerte del término. Era la caridad la que hacía encontrar en él las dos culturas; amando la otra cultura como distinta, la acogía y podía hacerla suya, como el esposo y la esposa se vuelven una cosa sola, aun conservando cada uno su parte de misterio y de secreto. En este sentido esta comunión de culturas es mucho más fuerte y grande que todos los esfuerzos de inculturación y que las exclusiones en nombre de la "autenticidad", porque favorece la comunión en la diversidad, en lugar de exhibir la diversidad para distanciarse y contraponerse. La comunión así concebida valoriza la identidad de cada uno mientras que el conflicto hiere y destruye. Senghor aprendió de Cristo que amar es antes que nada entregarse, pero también recibir. Había comprendido que la africanidad ganaba al descubrir otra cultura que era también suya; y por otro lado, con esta comunión de caridad el occidente blanco ganaba en humanidad, acogiendo con amor la identidad del hombre negro, hasta entonces desconocida. card. Jean-Marie Lustiger Extractado de L’Avvenire
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