Trabajo: lucha y esperanza

de días mejores

 

Las manos del Creador confían en las manos del ser humano
para continuar el desarrollo de la Creación.

Dios le regaló la inteligencia y la capacidad creadora
y emprendedora para poder contar con el esfuerzo y la dedicación de su trabajo.

Toda la historia humana está marcada
por la realización creativa de este "sueño" de Dios.

El objetivo fundamental del trabajo
(que desapareció con la concepción moderna del mismo)
es lograr la soberanía y la libertad de la persona,
lo que redunda en la salvaguardia de la Creación,
en el progreso integral y en el bien común.

El desarrollo de la sociedad y sus desafíos hacen que el trabajo
tenga dos dimensiones distintas.

Por un lado, es una esperanza, sin él no hay cómo vivir dignamente;
por otro lado, se vuelve una lucha: los que lo tienen luchan
por no perderlo, y los que no lo tienen, por encontrarlo.

Sabemos que sin trabajo no hay esperanza.

La necesidad de una vida digna, el alimento básico,
un hogar acogedor, los estudios y todas las demás necesidades...
sólo se satisfacen con los recursos que son fruto del trabajo.

También sabemos que el trabajo es cada día más una lucha.

Vemos personas que salen todos los días en su búsqueda,
y que muchas veces no lo encuentran; otros que lo tienen
y hacen todos los esfuerzos posibles para no perderlo.

Muchas veces su vida se vuelve una rutina: trabajan día y noche,
en doble horario y sin días de descanso;
viven para el trabajo, restando el tiempo
de la convivencia con la familia y los amigos.

La consecuencia de todo esto es:
hombres y mujeres obligados a una lucha descomunal
para poder conservar su dignidad y la de los suyos;
aumento alarmante del desempleo y a su vez de la violencia;
aumento de la competitividad y disminución de la solidaridad;
algunos deben dejar su familia y a veces hasta su país.

 

"El trabajo es salud" dice el refrán, pero la ausencia de éste
o la dedicación excesiva a él ha dejado muchos enfermos.

El trabajo es un componente importante en la vida de la persona,
pero no es su vida. Se trabaja para vivir, no se vive para trabajar.

Trabajar tiene sentido cuando se integra esta dimensión
junto con el descanso, la convivencia familiar
y con los amigos y amigas, la participación en la comunidad…

Lucha y esperanza en el trabajo merecen un momento de descanso,
lo que la tradición judeo-cristiana ha traducido
en la celebración semanal del Día del Señor.

 

Diomar Romaniv