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BOLIVIA: Una verdadera revolución moral Las autoridades de la Conferencia Episcopal se reunieron el 9 de marzo con el nuevo presidente Evo Morales. Hubo un amplio intercambio de información en un ambiente positivo, de mutuo respeto y los obispos bolivianos comunicaron al Presidente su propósito de acompañar el nuevo proceso tan importante e histórico.
Evo Morales es el presidente que más votos obtuvo (54%) desde el fin del régimen militar (1978) y es el representante de la mayoría indígena. El nuevo presidente recortó casi a la mitad su propio salario y el de sus ministros, llamó a un referéndum sobre autonomías departamentales, lanzó un plan para alfabetizar a un millón de bolivianos y ordenó incrementar el mínimo salarial de 50 a casi 80 dólares. Su actual gestión gubernamental tiene un 74% de aprobación. El secretario de la Conferencia Episcopal, el obispo de El Alto, Jesús Juárez declaró: "El pueblo quiso un cambio y a la vez un gobierno estable; hay que apoyar y garantizar la gobernabilidad al nuevo presidente para los próximos cinco años". No faltaron sin embargo los primeros desentendimientos. Evo Morales habla de un "nuevo socialismo", a lo que el card. Julio Terrazas contestó: "Necesitamos más solidaridad y no una nueva ideología". El gobierno también lanzó una convocatoria en materia de educación que, según las autoridades eclesiásticas, trans-grede el convenio Iglesia-Estado. En lo que la Iglesia ya se ha comprometido oficialmente es en apoyar al Estado en su lucha contra la pobreza. Bolivia tiene el 75% de la población en estado de pobreza y la más injusta distribución de la riqueza a nivel de continente después de Brasil; el índice medio de vida es de 63 años. En esta lucha, es fundamental un cambio de costumbres. Por eso el p. Gregorio Iriarte, experto en Doctrina Social de la Iglesia, recuerda: "Las reformas sociales propuestas por Morales no tendrán éxito si seguimos con las prebendas, el nepotismo, el cliente-lismo y los corporativismos. Precisamos una verdadera revolución moral que cambie la mentalidad y las costumbres para no correr el riesgo de que los cambios no cambien nada. La revolución de la que habla el nuevo gobierno será, antes que nada, moral o no será".
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